miércoles, 20 de febrero de 2008

Rúbrica

¿Qué nos ha pasado? ¿En qué momento perdimos la fe? ¿A qué altura del camino olvidamos nuestros nombres?
La verdad es espesa,
la verdad duele,
la verdad hiere
y en ocasiones mata.
Pero fuimos hombres de palabra y de eso siempre queda algo, aunque solo sea la rúbrica.

Atardecer


Mira por la ventana, aún es de día.
Mientras no llegue la noche, el reloj en su incesante tic-tac nos recordará que es imparable, que sólo avanzamos, que los recuerdos no hacen retroceder en el tiempo, sólo son un empeño insulso, innecesario, en martillear nuestro corazón con lo que ya no tiene remedio.
Seguir adelante es nuestro único camino, aprovechar la vida mientras siga habiendo luz.

Lápida de fría piedra

Decidí dejar de respirar, aguardar con calma el fin, contando los latidos que, cada vez más lentos, se empeñaban en empujar al corazón.
Esperaba con impaciencia el momento en que viniera el de negro con la lista de mis pecados a ajustar cuentas; deseaba con toda mi alma que se encendiera a lo lejos la luz que iluminara mi camino al cielo, reencontrarme con los míos... Pero nada de eso sucedió, en su lugar, las voces fueron perdiendo fuerza, dejé de oír mi respiración, y en vez de luz, una inmensa negrura llenó mis ojos sin reparo alguno.
Sentí morir, sentí que todo se acababa y que al final no había nada. Mi corazón, en un último esfuerzo se encogió de pena al darme cuenta de que no hay más allá, de que después de la muerte solo hay muerte, y el recuerdo...
Mi cabeza se concentró en esa idea. ¿Quién me recordaría cuando ya no estuviera?
Qué trabajo tan tonto... toda la vida esforzándome por ganar un peldaño hacia lo más alto, cuánto tiempo perdido en rezos y plegarias, pudiendo haberlo invertido en buscar la felicidad. Cuánto me he conformado, cuánto me he castigado... Y al final, no hay nada, solo silencio y una lápida de fría piedra que con el tiempo perderá las letras.
Ya no hay marchar atrás. Se acabó mi vida.

jueves, 7 de febrero de 2008

Somos

Sonidos sordos para palabras huecas.
Miradas vacías para bolsillos rotos.
Somos un cúmulo de buenas intenciones
guardadas en el último rincón del alma.

Besos de amante para bocas ajenas.
Dulces caricias en manos marchitas.
Somos silencios que gritan a voces
que de poder, escaparían.

Pasos seguros en el camino erróneo.
Destinos inciertos que desbordan ríos.
Somos de lo que quisiéramos la mitad
y de lo que odiamos el doble.

Canciones con letras sin sentido.
Sentimientos plasmados en papel baldío.
Somos corazones yermos en tierra fértil
que se niega a darnos buenos hijos.

Vientos furiosos que desordenan el pelo.
Lluvia que empapa de pena el corazón.
Somos de los cuatro puntos cardinales,
el centro de nada, el extremo de todo.

El sabor de las palabras

Perdieron el sabor las palabras
y aquello de lo que tanto hablabas
quedó en el olvido.
¿Qué fue de los días
en los que planeamos escapadas al Paraíso?
¿Dónde se han quedado las ganas,
el ímpetu y el deseo?
Hoy por hoy ya no somos
ni sombra de lo que fuimos
y el amor que nos unió
se ha convertido en ramo marchito
de buenas intenciones
y hermosos versos de amor.
Palabras, solo palabras,
insípida expresión de lo que ya no sentimos.
Palabras, solo palabras,
ni olor ni color ni sentido,
solo tinta impresa en el papel,
sólo sonidos sordos,
la mínima expresión de lo que somos.

domingo, 13 de enero de 2008

Cierra los ojos, y respira profundamente durante unos segundos.
Relaja el cuerpo y la mente, no pienses en nada.
Respira...
¿Me oyes ronronear?
Es mi corazón que late fuerte por ti...

A pesar de la tristeza

Permanece, vive en mí. La tristeza parece haberse quedado definitivamente a mi lado, más aún desde que te fuiste. Hay momentos en los que me pregunto porqué sigo aquí, esperándote si sé que en el fondo nunca volverás...
Mi rutina diaria enloquece lo poco que queda de mi cordura, la engaña para llevársela a lo obscuro, para convencerla de que no hay nada fuera, nada distinto en este mundo que sólo mastica grises, que sólo deja hueco a los vencedores y olvida a los vencidos.
Me arrancaste el corazón del pecho con tu último adiós y con paciencia fui recogiendo cada trocito, reconstruyéndolo y lo guardé en el cajón de mis recuerdos, porque... soy tan tonta que si volvieras volvería a entregártelo sin condiciones, te lo daría todo, inventaría palabras nuevas para decirte cuánto te amé y te sigo amando, a pesar de los silencios, a pesar de esta soledad, a pesar de la tristeza.

viernes, 4 de enero de 2008

Sin vida

Para estar así no vuelvas, no quiero tenerte más a mi lado.
No soporto tus ausencias, tus silencios, tus pausas.
No aguanto tu vagancia, tu desidia, tu abandono.
Ya no espero nada tuyo, ni miradas ni palabras dulces,
sólo esta insoportable espera que está acabando con mi respiración,
que me deja sin aire, sin vida.

miércoles, 2 de enero de 2008

La tristeza

Me acecha la tristeza, no deja sitio a ningún otro sentimiento que quiera aflorar, de hecho hace ya mucho que no sé sentir otra cosa que no sea frío en el alma y silencio en el corazón, porque eso es para mí la tristeza, frío y silencio...
Incluso diría que con el único que entabla amistad es con ese demonio con el que convivo ya algunos años, el dolor que me atormenta demasiado a menudo, ese que escupe agujas desde dentro de mi cabeza y que las hace estrellarse sin salir nunca.
Mis pensamientos temen levantar la voz, creo que la confianza prefirió dormir hasta mi último estertor.
No pienso nada, sólo escucho soplar el viento frío que se acerca dejando caer con una inventada tibieza la manta de frío y silencio que una vez más tapará mi cama, abrigará mi vida...

martes, 18 de diciembre de 2007

Cuento de Navidad

Llega el frío, otro invierno que invita a quedarse en casa y ver los días pasar.
El silencio, el vacío de los pasillos y esta obscuridad en la que está sumida mi casa desde que te fuiste, se empeñan en recordarme lo sola que estoy. Ya ni siquiera acompaña el susurro del viento, ni el rechinar de la vieja puerta del salón...
Me angustia pensar que podría morir y nadie se enteraría.
Mi corazón se encoge de pena cada vez que hago recuento de aquellos a los que echar mano en los malos momentos... Nadie, no hay nadie en mi vida; contigo se acabó todo lo hermoso, todo lo bueno, todo lo que me importaba.
Mañana es Nochebuena. Las calles llevan desde primeros de mes engaladas con adornos y incómodas luces que no me dejan dormir. Este derroche de todo, ¿por qué se empeña en mundo entero en cambiar la cara? ¿por qué me sonríe mi vecina y me desea felices fiestas cuando el resto del año no es capaz de mirarme a los ojos?... Esta hipocresía lo único que hace es agriarme más las fiestas.
Estoy sola y no le importa a nadie.
Creo que bajaré a comprar una pizza para la cena de mañana, y por cumplir con la tradición, algún polvorón.

viernes, 23 de noviembre de 2007

El mundo



Hay días en los que me como el mundo, y otros en los que me come él...
Convierte el silencio en el mayor de los ruidos para que no me sienta tan sola...

Mi camino

Hoy es de esos días en los que todo se vuelve gris,
en los que hasta las miradas pierden su brillo
y el cariño pierde color.
Hoy es de esos días en los que no encuentro
sentido a ninguna palabra,
de los que no dejan nada,
ningún sabor en la boca.
Hoy es de esos días
en los que todos sois desconocidos,
en los que hasta los pasos pierden el sonido.
Hoy, como muchos otros,
sigo sin encontrar el camino.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Tu corazón es mío

Encontré la puerta abierta y decidí entrar. Pregunté un par de veces si había alguien en casa, pero no obtuve respuesta.
Anduve unos minutos a lo largo de las habitaciones de la casa y no vi a nadie. En el último pasillo, al fondo, vi una luz que, tintineante, dotaba al salón de un calor extraño, casi familiar. Empujé lentamente la puerta.
Fue entonces cuando oí tu voz diciéndome con dulcemente: "Te esperaba".

Hacia delante

Todos perdemos.
Perdemos ilusiones. Perdemos el tiempo,
las ganas de sonreír, el rumbo en ocasiones,
y hasta el camino que seguir.
Perdemos mentiras, y otras pocas verdades,
palabras no dichas, otras no oídas.
¿Y a quién le importa? Lo único importante
es seguir hacia delante.

martes, 18 de septiembre de 2007

Tu identidad

Has convertido el silencio en tu palabra.
Mientes con la mirada cuando dices que me quieres
y te empeñas en continuar por un camino desconocido.

Has convertido la soledad en tu estado natural.
Mientes cuando te sientas a mi lado en la misma mesa
y te empeñas en continuar siendo parte mía.

Has convertido tu sonrisa en ensordecedor ruido.
Mientes cuando compartes mis alegrías
y te empeñas en darte de lleno sin recordarnos.

Has convertido eso, y mucho más, en tu identidad.
Reconozco que ya no sé quién eres...
Quizá eras así y no mentías, pero ahora,
en el íntimo sentido de lo que fue tan nuestro
me encuentro perdida.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Lo justo

Quisiera aprender a olvidar; dejar de acumular recuerdos de los que dañan el alma y el corazón, pero estoy hecha de poros que absorben lo bueno y lo malo por igual.
No importa cuando dañen tus palabras; si me mandas callar, huiré de nuevo al rincón donde suelo esconder mis tristezas, y ahogaré mis penas en llanto.
Y cuando eche de nuevo la llave a esta, mi caja de Pandora, volveré sobre mis pasos, a ser la que era antes.

Quisiera ser fría.
Tener piedra en lugar de corazón.
Quisiera aprender a olvidar.
No guardar más que lo justo para ir tirando...

lunes, 3 de septiembre de 2007

Perdida

Anduve perdida en la obscuridad de la noche,
intentando seguir tus pasos,
pero se dispersaban en esa inmensa nada
en que se convirtió mi camino.

No encuentro palabras para describir
lo que tu ausencia supone en mi vida...
El camino tornó en colores
cuando supe dónde estabas y,
aunque lejos,
tan presente en mi alma,
te sé encontrada y bien hallada.

Llegado tu fin, supuso el silencio.
Tres vidas de duelo guardaré en tu recuerdo.

miércoles, 25 de julio de 2007

Despedidas

Como un rayo,
atravesaste mi alma y la partiste en dos.
Ahora, camino despacio para no perder nada de mí,
consciente de que cualquier paso en falso
supondrá el olvido.
Me torné en azules,
frío cristal el que ahora envuelve mis días.
Torpe, trato de recordar sonrisas,
pero el hielo me impide moverme
sin saberme herida.
Ya no calienta suficiente tu cariño,
algo se ha perdido entre los dos.
Y es que hay despedidas
en las que no hace falta un adiós.

Piedra

Hace tiempo alguien me dijo que en lugar de latir fuerte un corazón en mi pecho, yacía una piedra inerte en su lugar...

Ahora, ahora sí. Ahora quisiera ser piedra. Quisiera no sentir, no ser nada. Pasar desapercibida; no quiero ser piedra preciosa ni adorno de salón, sólo una piedra cualquiera.
Quiero sentir ese extraño placer del que provoca dolor sin conciencia, convertirme en arma arrojadiza, lanzarme a tus pies para que tropieces, ―no importa si lo haces siempre en mí―.
Dejar que me mezcan las suaves olas, o que el río me lleve donde a él le apetezca.
Quisiera engarzarme a otras piedras y formar caminos infinitos que te lleven donde quieras, pasar a formar parte de un todo sin ser nada más que una insignificante pieza del puzzle.

miércoles, 13 de junio de 2007

En la penumbra

¿Quién soy? ¿Dónde quedo?
Quisiera permanecer en la penumbra, a la espera de tiempos mejores. Saber huir, poder huir en el momento oportuno y no mirar atrás, no esperar a nadie porque más allá sólo habrá sitio para mí...
Quisiera derrochar en olvidos las palabras que jamás nos dijimos, saber dónde dejaron de converger nuestros pasos convirtiendo así nuestra vida en laberinto. ¿Por qué apartamos la mirada de nuestro acuerdo? ¿Quién lo hizo? O si acaso lo hicimos ambos.
No pienses que estarás solo; yo siempre te estaré acechando...

lunes, 28 de mayo de 2007

Inspirando sonrisas

Ayer te vi aparecer por la esquina más cercana a nuestro punto de encuentro... y no sé porqué, por mucho tiempo que pase, nunca dejarás de inspirar estas sonrisas en mí, que despiertan lo primitivo de este amor tan vivo, la génesis de nuestra unión.
Déjame que te abrace con todas mis fuerzas, como si fuera no el último, sino el primero de todos los que nos quedan...

Yo


Me veo, con mirada felina y bigotes negros...
Me veo con mirada perdida e indecisa, sin saber el camino a tomar en mi próxima partida.
Miro al frente, pero no sé qué hay más allá de tu mirada; intento acercarme cada vez más a ti, pero lo único que logro es chocarme con el objetivo de tu mirada, ¿acaso no soy tuya? ¿por qué no me dejas entrar en tu corazón?
Sigue rodeándome una tremenda obscuridad, y aún así, sola y asustada ante el futuro, he encontrado la luz que irradias, he seguido la senda de tus reflejos y he conseguido acercarme lo justo para entrar de nuevo en calor.
Gracias, porque me has cedido tu pecho para abrigarme y espalda para acurrucarme y descansar. Si me dejas, seré tu fiel compañera... No, no es cierto eso que dicen de nosotros, podemos ser independientes, sí, ¿pero no lo somos todos en algún momento? Yo no quiero depender de ti, quiero ser tu amiga, tu amante, tu guía, tu almohada... lo que se tercie.
Grrrr, ¡qué dulce eres!, estoy tan a gusto contigo, déjame que me acerque un poco más, quiero que me oigas ronronear...

miércoles, 23 de mayo de 2007

Tras la tormenta... más tormenta

Y volvió la lluvia, que fría, lo envolvió todo con manto de pena, empapando de nuevo lo que creía bien sentado en mi corazón...
Me encuentro sola, andando sobre un camino sin rumbo ni destino. Indecisa de nuevo, buscando una seguridad fingida, una fuerza dormida que digan de mí lo que sería y no soy. Busco en mi interior y sólo encuentro silencio, lo único que me quedan son lágrimas por llorar.
Así que para mí, tras la tormenta sólo hay más tormenta...

Te vas...

Te vas y con tu marcha mi vida se sigue tornando en grises. Se va obscureciendo poco a poco sin remedio.
Con tu ausencia nacen silencios que no se rompen con nada, crecen mis miedos y la poca luz que aún queda en mi camino se vuelve negra llenando este vacío inmenso que me queda si te vas...

Me quedan aún palabras dulces de amistad, palabras que nunca te susurré al oído, que permanecerán atrapadas en el cajón de mis secretos, aguardando impacientes tu vuelta.

Si tú no vuelves, se entonarán tristes canciones de desamor, no quedarán más que inmensos infinitos de atardeceres de otoño, de lluvia y melancolía. El viento arrastrará el sonido de tu voz hasta perderse, y cerraré puertas y ventanas de este, mi pequeño corazón, para atrapar tu esencia.

miércoles, 18 de abril de 2007

Morir en vida

Y tras tu marcha quedó el silencio.
Quedó la tortura, la amarga soledad de quien se sabe en vida muerto.
Y no tengo palabras para describir lo que siento,
ni lo que quiero ni lo que puedo
querer o no querer, poder o no poder...
¿A quién le importa si permanezco?


Sólo oigo una voz en mi cabeza
que tenaz me recuerda, una y otra vez,
que no estás, que no volverás...
¿Qué me queda con tu asencia?
Una casa pequeña, que vacía es eterna,
una mirada cansada que ya no dice nada,
ni siquiera la palabra marchita
ni la voz que la diga.

Esto es morir en vida.

Rima absurda

Me buscas, poeta, con tu silencio encantado
y el fresco olor a lluvia que quedó tras la tormenta.
Me buscas en cada palabra que escribo,
escondiendo la rima absurda
de mis miradas y tus recuerdos
intentado hacerlas una
para deleitar a quien nos busca
sin sabernos en vida, ni tan siquiera muertos.

jueves, 5 de abril de 2007

Con tu mirada me basta

Caminando entre recuerdos encontré tus miradas... De entre todas las fotografías del viejo álbum, elegí la más hermosa y la saqué para colocarla en el único marco que con un dibujo decoraba mi salón. Al principio, sólo lo miraba al pasar por delante o cuando tocaba limpieza porque el polvo acumulado me impedía disfrutar de tu sonrisa.
Con el paso de los años, el tiempo y el cansancio hicieron mella en mi cuerpo. Ya no salía tanto, ni me entretenía con las amigas. La soledad se convirtió en mi compañera más fiel. Con tanto tiempo por delante y sin mucho que hacer, decidí retomar labores abandonadas. Saqué de nuevo el punto de cruz y aunque me costaba más fijar la vista poco importaba, no tenía prisa. El mejor sitio de luz que tenía mi pequeño piso estaba en el salón, pegado a la terraza. Todos los días, hora tras hora, entre enhebrar, coser, cortar y volver a enhebrar, miraba tu imagen, esa mirada que fue tan mía, esa sonrisa que despertaba otra en mí. Pensaba en ti, en tu recuerdo, en tu compañía que tanto añoraba.
Sin saber ponerle fecha, comencé a llevarme el marco con su correspondiente foto a la mesita cada noche antes de acostarme; y, a la mañana siguiente, la colocaba de nuevo en la estantería del salón.
Una tarde, entre agujas e hilos, me pinché en un dedo y empecé a maldecir.
—¿Te das cuenta para lo que quedan los viejos? ¡Para nada! Para morir desangrados por el pinchazo de un alfiler. Hubiera deseado que fuera rueca para dormir eternamente y que tú..., tú vinieras a por mí.
Me encontré abrazada a la foto, llorando, hablándote bajito de lo mucho que te amé. A partir de entonces me acompañabas a cualquier parte. Me las apañé para ponerle una cinta al marco y así  llevarte colgado constantemente. Te hablaba y, a veces, creía que me respondías. Incluso, juraría que cambiaba la expresión de tu cara. ¡Qué tonta soledad, que me transformaba en loca solitaria!
Los vecinos empezaron a sospechar, según ellos, que algo no iba bien. Una voluntaria de Cruz Roja que solía venir una vez al mes a ver qué tal estaba, empezó a hacer sus visitas prácticamente diarias, tanto que una ocasión se me ocurrió no abrir la puerta y lió una buena llamando a ambulancias y bomberos temiéndose lo peor...
¿Por qué no pueden dejarnos solos? A mí con tu mirada me basta.

Pecados

Escribir mentiras sobre dioses olvidados,
permitir que el silencio vuelva a tu lado.
Dejar que las palabras lo envuelvan todo,
sin redimir tus pecados.

jueves, 1 de marzo de 2007

Ana

Ana nació blanca y desde que llegó al mundo enmudeció a unos, y a otros despertó sentimientos jamás sentidos...
Ana creció feliz con sus hermanos, entre juegos y alborozos. Descubrió los colores y empezó a imaginarse vestida de arco iris.
Ana llegó a los quince radiante como la primavera en flor, enamorando a todo el que se atrevía a mirarla.
Ana, cuando más iluminaba, descubrió el amor junto al que ahora es su marido. Los primeros años pintaba caminos infinitos que recorrerían algún día, soñaba con viajes a las nubes a su lado, todo era tan hermoso... Pero de pronto, sin saber bien porqué, un buen día, empezó a tornarse en grises.
Ana dejó de pintar su vida de rosas y verdes, perdía luz a cada paso y su sonrisa se apagó para siempre.
Ahora camina sola, con la mirada perdida, sumida en el silencio y la oscuridad. Los únicos morados que viste los lleva marcados en su piel; intenta ocultarlos a través del brillo de sus ojos y la esperanza que aún guardan.
Trato de imaginarla en otra vida. Quiero pensar que detrás de esa pequeña luz que aún guarda en su mirada quedan mariposas de colores que en sueños la llevan hasta esa felicidad tan esperada.
Me gustaría saber si después de todo lo vivido sería capaz de recuperar todos los colores, si volvería a brillar con luz propia.

sábado, 20 de enero de 2007

Volver...

Volver del silencio en el que he estado sumergida,
de entre las sombras entre las que decidí ocultarme.
Volver de la nada y del olvido, eterno silencio
del que soy eterno enemigo...

Decidí aparcar otra vez la sonrisa,
la que surge del cariño, la que vive
si tú vives conmigo.

Y ahora, que reclamo mi espacio
descubro que la espera mereció la pena:
sigues allí, nunca te fuiste.
Pensé que no te encontraría
y me doy cuenta
de que nunca estuve perdida.

lunes, 18 de diciembre de 2006

Perfeccionando mi vuelo


Comenzó noviembre con una nueva oleada de extrañas aves en el cielo.
Los más ancianos del lugar comentaban en sus partidas y sus charlas lo raro de esta visita. Nadie conocía el origen de aquellos animales ni la razón por la que habían venido hasta nuestro pueblecito perdido en mitad de la Mancha. Hay quién aventuró que serían aves en migración, que quizá el cambio climático había hecho que cambiaran su rumbo hacia tierras más cálidas, aunque debo reconocer que no recuerdo un invierno más frío desde hacía mucho tiempo.

Llegó diciembre. Allí seguían. Entre vuelos, desde el cielo, nos observan a todos. Si tenías suerte y pasaban volando bajo casi daba la sensación de oírlas hablar, como si comentaran todo lo que desde lo alto veían. Algunos, -locos- según otros, juraban que las habían visto tomar nota. ¡Qué locura! Quizá eran seres de otro planeta, venidos desde muy lejos para tomarnos como rehenes y convertirnos en sus esclavos... -demasiado cine fantástico-.

Acabó el año y entre las fiestas de Carnaval y la Navidad, las aves se hicieron casi amigas del pueblo, porque pasaron a ser como un adorno más en el cielo. Y cuando cayeron las únicas nieves que han visto mis ojos, aquella aves levantaron el vuelo para no volver jamás.

Así entró el Año Nuevo, con un silencio generalizado y una extraña pena en las miradas de la gente. Nadie hablaba, nadie comentó.
Un día, justo el de Reyes, oí a un niño decir: "Mamá, ¿crees que los pájaros los trajo Papá Noël y que se los llevaron los Reyes? Nunca les dejamos nada y ellos nos dejan de todo... Igual es que les gustaron...". Creo que la madre ni lo oyó, estaba demasiado pendiente observando los escaparates, quizá pensando en las rebajas...

Creo que aquellas aves que vinieron sinuosas, que aprendieron de nosotros, se fueron cuando sabían todo lo que necesitaban, ni más ni menos. Supongo que continuarán su camino buscando nuevas fuentes de conocimiento que enriquezcan su vuelo. A veces me veo como ellas, buscando nuevas cosas que aprender e, incluso, aprendiendo de lo que encuentro a mi paso sin esperarlo. ¿Qué somos sino animales que perfeccionan su vuelo?

Bandadas al viento

Como bandadas, vinieron a anidar bajo este techo.
Los largos días a algunas vencieron
y optaron por tomar otro camino.
Otras, entre idas y venidas
con vuelos me decían
que vendidas a mi alma
jamás me dejarían.
Y es que esta casa mía,
que tanto les ha dado
les permite volar tranquilas,
y volver cada año a anidar a mi tejado.

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Te miran



Volver del pasado desenterrando fantasmas, levantando heridas que creímos dormidas.
Sintiendo miedo...
Las palabras, vacías, se agolpan en boca y atroces, atentan contra mi vida rompiendo sin piedad las miradas malditas que me convierten en esa inmensa nada que...
Que camina,
que respira,
que vigila,
que te mira...

Te odié y te amé...

Pasaron los años y la distancia... y nuestra relación -si existió-, o lo que quedó de nuestra amistad, se quedó atrás, sentada a un lado del camino, justo donde ambos tomamos direcciones distintas.
Supongo que la vida ese eso: tomar decisiones, caminos que en nuestro caso, irremediablemente, nos vuelven a unir en algún punto.
No importa el tiempo que nuestros destinos vuelvan a compartir los pasos, ni siquiera si te odié o te amé, ya no importa...
Ahora, tal y como soy en este momento de mi vida, de lo que tengo, de lo que siento por quien ahora es mi guía y mi compañero. Ahora, que soy consciente de todo lo que me rodea, que dejé atrás los impulsos de la juventud, ahora... Sé todo lo que te quise y lo mucho que te odié y, a veces, me doy cuenta de que te sigo odiando, y al odiarte... sé que lo hago porque mi cobardía me impide odiarme a mí misma por no haber sabido quererte...

Sentimiento encontrados.
Quizás algo de desconcierto...
Mariposas que vuelven a revolverse en mi interior. Pero esta vez sé que no es por ti. Justo cuando nos despedimos, incluso, estoy segura que fue desde el primer momento en el que se encontraron nuestras miradas en la calle... Sé que te odié y te ame, que he dejado de odiarte y de amarte, hace ya tiempo de eso. Y ahora amo y amo y amo... y amo sin remedio alguno a quien ocupa mi corazón.

Necesitaba decirte adiós, dejar atrás el pasado. Al fin me he dado cuenta de que sigues ahí, quizá un poco alejado, pero justo a la distancia de la amistad.
Gracias.

martes, 5 de diciembre de 2006

Al otro lado de mí

Hoy me miré en el espejo del pasillo, me paré frente a él para buscar mis llaves que andaban por la mesita.
Aún no sé bien porqué, qué fue lo que me impulsó a quedarme frente a él, inmóvil; pero, juraría que había en él una mirada que, incansable, buscaba la mía. Pensé que encontrándola le daría la libertad tan ansiada, que rompería las cadenas que la ataban a ese marco viejo y ajado que aún decoraba el piso de mis padres después de tantos años.
¡Cuán equivocada estaba! Era yo la única que ahí se reflejaba. De pronto me vi atrapada, más vieja que hacía unos pocos instantes. Mi mirada era la que se perdía en el vacío obscuro del final del pasillo. Mi figura, casi desdibujada, se agarraba al extremo de la mesa. Insegura, se aceleró mi respiración, miré fuerte hacia el fondo y encontré... que no encontré nada.
Al otro lado de mí..., al otro lado, no había nada.

lunes, 4 de diciembre de 2006

Mil besos

La última vez que nos vimos me quedaron mil besos por darte, los llevo en el bolsillo izquierdo, al ladito de mi corazón, por si volvemos a vernos, ya sabes...
Siempre que nos despedimos me pasa lo mismo, ¿a ti no? Me da la sensación de haber malgastado cada segundo que no pasé a tu lado, sabiéndote en la habitación contigua, en la cocina o en el baño.
He pensado para nuestros próximos momentos juntos besarte a cada instante: mientras caminas, mientras miras la hora en tu reloj, durante los anuncios, incluso en los trailers del cine... en todo momento.

Besarte los ojos, las mejillas, las orejas si es necesario, los labios... esos labios carnosos que tanto me gustan.
Besarte con mis manos, con mis ojos, con mi boca.
¿Cuántos llevo? Perdí la cuenta. Pienso dártelos todos cuando te vea; no quedes con nadie.


El beso. Gustav Klimt

La misma calle

Miraré cada día por la ventana a la misma calle por la que te vi marchar...

miércoles, 15 de noviembre de 2006

TT



Quiero volver a retomar mi vida donde dejó de ser mía.
Quiero dirigir mis pasos hacia donde yo decida.
Quiero saborear las palabras a cada instante
y decir lo que mi boca me pida.

Quiero recuperar el aire que me robaron tus besos,
volver a respirar con toda libertad.
Quiero que tus manos me suelten
para acariciarte a mi antojo.

Quiero pronunciar mi nombre,
escuchar mi voz y reconocerme.
Volver a ser la persona que fui,
que te vuelvas a enamorar.

Quiero
sencillas palabras,
miradas sinceras,
tu mirada,
tus besos...

La palabra
"te quiero".

Noviembre

Noviembre se empeña en regalarnos hermosos días de luz y un calor extraño que acompaña hasta que se esconde el sol, pero en mi corazón hace tiempo ya que se instaló el frío invierno.
Quien me conoce sabe de este sentimiento mío, tema tan socorrido en mis pensamientos por escrito... La soledad, el silencio, la palabra.
Quisiera descubriros que hay, en lugar escondido, una llama caliente que enciende vuestra voz, que brilla con toda la intensidad que la tormenta le permite y está, como un faro a lo lejos, descubriendo el camino, la escapatoria a esta tristeza que se ha hecho amiga.
Por fin me decidí a intentar alcanzar mi libertad; hoy emprendo el camino y a todos os llevo por compañeros.

jueves, 9 de noviembre de 2006

María

María despertó con la inquietud de haber perdido algo durante la noche, no entendía muy bien esa sensación que le hacía sentir confusa y perdida en los escasos cinco metros cuadrados de su cuarto. Cuando se levantó, -no se sabe si por la rapidez del impulso o el atontamiento de acabar de despertar-, se sintió mareada, todo se movía a su alrededor. Trató de aferrarse a algo, se acercó a la estantería y se apoyó sobre los libros, pero finalmente le falló el equilibrio y fue a dar de cara al suelo...

Cuando María despertó, estaba completamente fría. En pijama aún, en el suelo, sobre un pequeño charco de sangre formado a consecuencia del golpe, María respiraba agitada y nerviosa, no sabía... no recordaba cómo había ido a parar allí.

Tan sola

Días nuevos, sonrisas de ayer...
La antigua rutina ha vuelto a mi presente: las mismas caras, -quizá más viejas-, los mismo ruidos, las mismas voces; poco a cambiado mi casa después de los años.

Quizá es porque ahora me toca vivir tiempos aciagos... Me veo cada día más opaca, pierdo la luz que antaño daba calor a otros, me quedo sin miradas dulces que dedicar a los que quiero y, en silencio, me voy quedando en ruinas como una casa abandonada.

¡Qué sensación tan extraña! Sentirme tan sola con tanta gente alrededor.

martes, 7 de noviembre de 2006

Tus besos

Desde que no te tengo todo se ha vuelto más triste, más gris, más opaco...
Las palabras, pocas y desganadas, apenas recuerdan el sabor de mi boca; sin quererlo el silencio ha pasado a formar parte de mi vida. Antes era compañero, ahora es cómplice y hermano.
¡Qué poco queda de mi vida con mi ausencia! No sé de la tuya y temo, irremediablemente, temo...
Quisiera que el tiempo pasara más deprisa. Hoy conté todas las gotas de lluvia que mojaron mis pasos... cuánta desidia.

Me he prometido a mí misma llenar todos los bolsillos con tus besos, así, cuando me sienta sóla, los sacaré uno a uno y uno como el que ojea un album de fotos, refrescaré con el recuerdo y esta lluvia bendita nuestro amor que es eterno.

Realidad

No creí que aceptar la realidad fuera tan duro.
Supuse..., suposiciones no son realidades.
Hasta que no me ví alejándome de tu lado, no me dí cuenta de que todo esto era real, de que la distancia, por mucho que digan (que diga...) existe, nos separa, nos hiere.
Te echo tanto de menos que a veces me falta el aire al respirar y en mitad de mi camino me detengo, miro al cielo y pienso que es el mismo bajo el que tú te mueves. Quisiera enviarte un mensaje al viento que susurrara en tu oído lo mucho que te quiero...

miércoles, 1 de noviembre de 2006

La marca del silencio

Algunas persona tienen luz propia, brillan con la intensidad del sol compartiendo su fuerza y su calor.
Otros, no tan afortunados, hemos sido tocados con otra bendición. Yo no poseo más que una luz tenue, la que aporta la luna en las noches de invierno. Una luz cercana, pero fría.
Quisiera regalar sonrisas, pero nací con la marca del silencio.
Prefiero aportar palabras y decir todo lo que siento...

Cuando amanezca de nuevo...


Conozco la luz de tu mirada...

Saber que el destino nos separa antes de lo previsto, que la vida es algo más que lo planeado y que todo, aunque ahora nos resulte absurdo, todo tiene un significado.
Saber que no habrá distancias, ni tiempo, ni otros que minen nuestro amor, porque nada podrá contra nosotros, nada.
Saber que a partir de ahora cada instante valdrá tanto como el infinito, que cada palabra tuya será un clásico, que cada beso, cada abrazo..., serán como revivirlo todo desde el principio, todo lo hermoso y lo bello que nos une.
Saber de ti, de mí, de nosotros.
Saber que no sabemos nada

No saber qué ocurrirá mañana, cuando amanezca de nuevo.


Conozco la luz de tu mirada...

lunes, 30 de octubre de 2006

Muerta y enterrada

Subir, llegar a lo más alto antes de darte cuenta incluso de que asciendes. El presente se convierte rápidamente en pasado, en un solo instante. Y la cima es hermosa, las vistas, espectaculares, pero no hay sitio para todos...
Caer, caer despacio, sentir el dolor a cada segundo del infinito descenso. Ahora, volver al pasado, volver a no ser nada, vacío, silencio y obscuridad. Somos tantos, no conozco miradas, pero advierto su aliento...

Esperanza, muerta y enterrada.

viernes, 20 de octubre de 2006

Qué será...

La distancia es el olvido, el camino inverso nuestra perdición...
La palabra es el motivo, tu sonrisa el futuro.

¿Qué quedará de nosotros cuando tú no estés? ¿Qué será de mí?

viernes, 13 de octubre de 2006

Pasos sobre negro

Me puse a andar por un camino sin luz hasta que perdí el rumbo de mis pasos y el tiempo se hizo infinito. Cuando por fin alcé la mirada para saber dónde estaba me descubrí sola en medio de la nada. El silencio ocupaba todo el espacio. El camino de asfalto negro parecía llevar a ninguna parte, y allí en medio de la obscuridad estaba yo, sin saber cómo ni porqué. No me asusté, me concentré en mi tristeza y seguí caminando en medio en la espesa negrura.

Quizá debí volver.
Quizá debí permanecer allí, justo donde descubrí mi soledad.
Continuar sólo abrió más puertas a este destino incierto en que se ha convertido mi vida...

viernes, 6 de octubre de 2006

Mi mañana

Mirar al cielo y ver ese azul dulzón cuando nace el día. Seguir la carretera y no perder de vista ningún detalle, perseguir con la mirada las bandadas de pájaros que, a nuestra misma altura, nos siguen como si se tratara de delfines en lo ancho del océano.
Rodeada de extraños, la mayoría ancianos, me hace pensar en lo que nos quedará mañana... Hoy en la primera parada subió una pareja de ancianos, ella muy prudente, se colocó la primera y le dijo a su marido dónde sentarse. Hasta donde yo recuerdo, hasta mi estación, han estado sin perderse la mirada, como dos jóvenes recién enamorados. Ella le sonreía con una ternura difícil de definir y él, casi avergonzado, bajaba la mirada y jugaba con su manecitas, tan pequeñas. Parecía haberse parado el tiempo; además, con los cascos, oyendo de fondo una música suave, me daba la sensación de estar viviendo en un sueño ajeno, un sueño hermoso, de esos de amor verdadero y para toda la vida.
Las 10 en punto; vuelta a la realidad.
Cuando he llegado al trabajo, un compañero me ha llamado la atención:
-- ¿Y esa cara de boba que traes?
--
¿De boba? No, estoy ilusionada, es sonrisa de media punta, de las de la felicidad que aún está por llegar...
-- Niña, traduce que con tanta metáfora es difícil pillarte.
-- Es sólo que ya sé lo que quiero para mi mañana.

Poeta

Soñé que era canción y me volví poesía.
Soñé que era música y me convertí en verso.
Soñé que era tormenta y conseguí la rima.
Soñé que volverías y me quedé en tinta.
Soñé que te veía y surgieron palabras.
Soñé que me amabas y... descubrí que era poeta.

miércoles, 4 de octubre de 2006

Escribiendo aire

Suelo evadirme de la realidad aferrándome al silencio y a lo obscuro de mi cuarto.
Cierro la puerta de mis sentidos y dejo volar la imaginación.
Es siempre la misma idea, repitiéndose una y otra vez en mi cabeza... La vida que jamás tendré.
La ilusión de mis sueños se refleja en mis palabras, pero las palabras sólo son eso, tinta impresa en un papel que nunca irá más allá.
¿Por qué, para qué seguir soñando, si sólo son eso... palabras, ilusiones?
Llámenme ilusa, escritora de aire.

lunes, 2 de octubre de 2006

Mi tiempo

Quisiera cerrar los ojos para siempre y aferrarme a mis sueños, perderme en el infinito de mi subconsciente y no despertar jamás.
Encerrarme en el silencio, en la cadencia de mi respiración siguiendo el tic-tac del tiempo que me quede...
Vivir en la luz de mi interior.

jueves, 28 de septiembre de 2006

Mi humor

Ojalá me hubieras conocido a los ventitantos, fue mi mejor época.
Me liberé de unas cadenas que me habían mantenido atada a quien dejó de ser mío hacía mucho tiempo, a quien ya no despertaba en mí más que vacío. Fue un despertar de muchos años de silencio, de verme sola sentada en una silla al fondo de la habitación. Aparecieron sueños olvidados y sensaciones nuevas, y empecé a vivirlo todo con una intensidad desatada. Disfrutaba de cada instante sin importarme nada.
Sé que si me hubieras conocido entonces habríamos compartido el vicio del cigarro, - vicio que abandoné hace ya más de un año-; y, seguramente la copa, -también aparcada de mis fiestas-. Hubiéramos charlado toda la noche sin descanso, compartiendo los buenos y los malos momentos, contándonos todo tipo de anécdotas de la niñez... todo eso sin casi conocernos y sin perdernos la mirada.
Sé que a la mañana siguiente, compartiríamos el café en la cocina, nada más que eso, nada de sexo, -para eso necesito más confianza-. Nos haríamos promesas de futuros próximos o lejanos o, quizá inciertos. Te sonreiría como si fuera la última vez y te besaría en la mejilla como al amante que jamás vuelve.

Han pasado ya casi diez, ahora ando rozando los treinta y muchas cosas han cambiado.
Ahora soy más seria, más sentada; ahora sé lo que es la vida, el trabajo que cuesta mantener un techo, una casa semidigna en la vivir, y un estómago que llenar a diario. También he aprendido un par de lecciones sobre la gente, los amigos; a sobrellevar los cambios en la vida de aquellos a los que quieres, esas épocas en los que unos se van y otros nuevos llegan... a intentar encajar esos golpes que a veces hacen perder el equilibrio.
Sigo sonriendo y disfrutando de la vida, pero algo más cansada al final del día. Quizás no me inviten a muchas fiestas, es verdad, tengo que reconocer que mi humor, -cambiante, descarado, indiscreto, dolorosamente sincero...- , no es plato de gusto para todas las mesas. Pero quien me conoce me quiere como soy, en eso consiste la amistad, ¿no?

Cuando...

Cuando los silencios duelen.
Cuando las palabras se vuelven mentirosas y las miradas hirientes.
Cuando no queda nada que decir.
Cuando hasta el más pequeño espacio se convierte en infinita distancia.
Cuando los pasillos son laberintos.
Cuando las sonrisas se vuelven huecas.
Cuando tus roces se tornan veneno extendiéndose por mi piel...

No queda más que decir adiós.

miércoles, 13 de septiembre de 2006

Tú

Para describir tu persona no conozco las palabras suficientes, ni siquiera tengo bastante papel para dejarlo por escrito... Y no es que me falten letras ni folios ni tinta.

Tú eres, tienes, das, sientes, compartes...
Tu sinceridad, tu sencillez, tu humildad.
Tu fidelidad, tu amistad, tu compañía.
Tus miradas, tus caricias, tus abrazos, tus besos.

Estoy segura: soy la mujer más afortunada del mundo porque tengo a mi lado a la mejor persona que podría desear.

Lo eres todo para mí.

Sentido sinsentido

Quiero ser de hielo. Quiero que lo absurdo, lo estúpido, que lo hiriente, que todo lo malo... pase, me resbale, pula mi cuerpo para la próxima vez dejarlo caer más rápido.
Quiero ser fría. Que nada me traspase, que nada llegue a mi corazón, excepto aquello que yo elija.

Hoy es de esos días en los que alguien, porque sí (¿por qué no?), alguien decide gratuitamente hacerte daño, herir tus sentimientos, ofender con la palabra.
¿Da más licencia la edad, el conocimiento, la experiencia...? Mi conocimiento y mi educación me dicen que guarde silencio, que aguante el tipo. De pronto me siento como una roca, inmóvil; el viento arremete contra mí, y procuro no apartar la mirada del epicentro.

Amaina el tiempo. Vuelvo a ser yo. No soy roca ni hielo, soy persona que piensa, que siente. Quizás debí devolver la pelota con furia, pero opté por guardarla en el bolsillo por si alguna vez la necesito.

Quisiera saber cómo evitar que las palabras necias lleguen tan lejos, que sacudan mis sentidos y me estropeen la sonrisa para el resto del día.

lunes, 11 de septiembre de 2006

Soy

Soy.

Soy un poco de todo y un todo de nada.
Soy en parte felicidad y en parte tristeza.
Soy verdad, soy mentira.
Soy sueño y realidad.
Soy tuya.
Soy silencios, eternos silencios...
Soy la palabra escrita, y la que nunca pronunciaré.
Soy sentimientos.
Soy lágrimas.
Soy recuerdos.
Soy, simplemente.

Dónde

Me desperté llorando por el dolor que me producían tus palabras... Sabía que sólo era un sueño, pero tuve durante el día entero esa sensación presionando mi pecho, ese miedo al vacío en que se convertía mi vida con tu ausencia.

¿Dónde quedarán mis sueños? ¿Dónde la palabra y el silencio?

Olvidar, sentir, respirar la obscuridad que me rodea.

jueves, 7 de septiembre de 2006

El pasado

Olvidar que le tuve a mi lado sería engañar a mis recuerdos...
Hablar del pasado es despertar esos fantasmas que aún habitan en el fondo del último cajón del armario.
Sentir de nuevo los resquicios de un amor fallido que siempre me enseñó algo nuevo para el camino.
Pensar si tomé las decisiones correctas, qué hubiera sido de mí si hubiera escogido cualquier otra opción.
Ya no importa. Me gusta mi presente.

miércoles, 23 de agosto de 2006

Mi destino

Silencio.

Desde hace un tiempo, sin quererlo, voy sumiéndome en el silencio. Pierdo el hilo de las voces en cuanto hay más de dos en la misma conversación, oigo sonidos raros que no provienen de ningún sitio, todos los ruidos se hacen enormes y, de pronto, me veo sola y pequeña, como perdida sin remedio a un destino incierto.

Quisiera sumirme de una vez por todas en esa negrura, no me gusta esta transición que me convierte en un bicho raro. No quiero ser esa pobrecita niña a la que mirar a los ojos y evitar recordar su pena, no quiero que me hablen más despacio ni que vocalicen mejor; detesto tener que preguntar una otra vez por las mismas palabras...

Odio mi silencio, odio mi destino.

lunes, 7 de agosto de 2006

Gris


Gris llegó muy niña a mi hogar, casi por accidente, acogida por unos días se convirtió en la reina de mi casa.
Gris, juguetona a los tres meses, pasó a ser parte de nuestra familia convirtiéndonos en trío cuando un salvaje decidió arrebatarle la vida a su mamita.
Gris, señorita camino de dama, ahora descansa sobre el suelo cerca de su cama.
Mírala a los ojos, ¿serías capaz de saber lo que piensa?

Domando mis miedos

Ya son dos días con sus dos noches en los que mi sombra ha vuelto a hacerme compañía.
Esta vez no quise decirlo en alto, ni siquiera pensarlo en silencio, he guardado este secreto esperando una renuncia suya, un pequeño despiste, para poder tomar las riendas de mis sentidos...
Y sin darnos cuenta, ella se ha convertido en un caballo galopante y yo en su jinete improvisado, intentando domar mis miedos.

lunes, 31 de julio de 2006

La espera

Esperando la inspiración, la divina palabra que surge del silencio para darle sentido a todo lo que me quema dentro.
Llevo horas sentada frente a un espejo intentando encontrar esa luz que hace tiempo dejó de brillar; no sé la razón, simplemente se fue apagando como los días en otoño, y mi mirada quedó dormida, y mi corazón frío, y mis sentidos callados, y todo... Todo perdió el rumbo.
Levanto la mirada. Mi rostro que perdió color con los años, las primeras arrugas que asoman en mi pálida tez me recuerdan que ya queda poco, que el tiempo no perdona ni a los locos.
Debo encontrar ese escondite.

¡Gritar! ¡Necesito gritarle al viento que una vez fui torbellino!
¡Necesito gritarle a la lluvia que en ocasiones fui tormenta!
¡Necesito gritarle al destino que aún sigo viva...!

Por fin la larga espera llega a su fin.

jueves, 27 de julio de 2006

Últimamente

A veces me siento como una niña entre adultos, redescubriendo un mundo ya conocido, pero con nuevos matices que hacen de mi vida una nueva infancia, un nuevo camino a recorrer.
No importa lo lejos que quede el futuro, la distancia puede ser infinita; hoy juego con ventaja porque sé de que pie cojeo.
Me gusta esta sensación. Me siento como una esponja que todo lo absorve, con una necesidad vital de adquirir conocimientos, feliz por esta semiignorancia que en un plazo -siempre razonable- será un nuevo plato en mi mesa.

Ya no me preocupa ligar las palabras, no busco la rima fácil y tampoco dar explicación a cada una de mis metáforas. Hoy, ahora, me siento egoísta de mis pensamientos, son míos, escribo para mí por si algún día me pierdo en el infinito camino del (des)conocimiento...

martes, 18 de julio de 2006

Ana

Ana nació blanca y desde que llegó al mundo enmudeció a unos y a otros despertó sentimientos jamás sentidos...
Ana creció feliz con sus hermanos, entre juegos y alborozos. Descubrió los colores y empezó a imaginarse vestida de arcoiris.
Ana llegó a los quince radiante como la primavera en flor, enamorando a todo el que se atrevía a mirarla.
Ana, cuando más iluminaba, descubrió el amor junto al que ahora es su marido. Los primeros años, pintaba caminos infinitos que recorrerían algún día, soñaba con viajes a las nubes a su lado, todo era tan hermoso... Pero de pronto, sin saber bien porqué, un buen día, Ana empezó a tornarse en grises.
Ana dejó de pintar su vida de rosas y verdes, perdía luz a cada paso y su sonrisa se apagó para siempre.
Ahora camina sola, con la mirada perdida, sumida en el silencio y la oscuridad. Los únicos morados que viste los lleva marcados en su piel, intenta ocultarlos a través del brillo de sus ojos y la esperanza que aún guardan.

Trato de imaginarla en otra vida.
Quiero pensar que detrás de esa pequeña luz que aún guarda en su mirada quedan mariposas de colores que en sueños la llevan hasta esa felicidad tan esperada.
Me gustaría saber si después de todo lo vivido sería capaz de recuperar todos los colores.

lunes, 17 de julio de 2006

Un nuevo día

Inmóvil.
El silencio es todo lo que me queda.
Palabras.
Olvido que quiero y no puedo querer ni olvidar.
Soledad.
Sólo me acompañan los recuerdos.
¿Quién quiere continuar cuándo ya no se ve la luz al final del camino?
Por ahora, me quedaré aquí sentada, esperando el nuevo día.

lunes, 10 de julio de 2006

Verbos

Olvidar que te necesito sería liberar mi corazón.
Sentir el latido que lentamente se pierde.
Cerrar los ojos y saberme sola.
Mentirme para no admitir que no queda nada.
Hacer oídos sordos a mis pensamientos.
Tirar la toalla.
Admitir que todo terminó...

Seguir adelante.

Luna llena


Cuentan los más viejos del lugar de la Luna mil historias, hablan de su embrujo y su belleza, de la locura que embriaga a quien la observa...

Pero sé que guarda en su luz una pena callada, que busca insistente en las noches de llena a un amor que perdió un día, y por eso ilumina los caminos de aquellos que anhelan volver junto a sus seres queridos.

Alguien a quién amé me contó aquella historia y desde que se alejó de mi lado, sólo en las noches en que la luna brilla con todas sus fuerza, vago por las calles en busca de su luz.

Soy luna, luna llena.

Soy amor desvalido y sin sentido.

jueves, 6 de julio de 2006

Un sueño

Mientras oigo a María Callas con la fuerza suficiente para perder el sentido mientras me mezco en sus palabras, dejo volar la imaginación, cierro los ojos y al momento siento una bandada de gaviotas pasando veloz a mi lado.
Con su vuelo y la ayuda de un leve viento que se levantó en el mismo instante en que empezaron a fluir las notas, mi falda se levanta suave; sujeto el sombrero para que no se vuele.
Me veo caminando en una playa desierta, mirando el infinito como si quisiera escapar de algo. Quizás de la vida, quizás de la muerte.
Y a cada paso, el ocaso se torna en mis colores, y la marea trae un susurro lejano, casi invita a mecerse con las olas hasta el final del día.
Y pienso en ti, pienso en tus manos, en tu boca, y de pronto, sin saber muy bien cómo, abro los ojos y estás a mi lado, me besas...
Es un sueño tan hermoso, una música tan cálida como todo nuestro amor...

viernes, 30 de junio de 2006

Nana

Quiere jugar mi vida
con los rincones del viento
y el aire, juguetón,
revuelve su pelo.

Se entristece mi niña
porque perdió su cinta,
le digo con cariño
que así está más linda.

A mi niña, mi niña mía,
duerme ya mi vida,
duerme ya tranquila.

Se empeñó mi vida
en persiguir colores
y con tanto vuelo
perdió dos botones.

Se entristece mi vida
porque quiere un abrazo
y le digo entre mimos
que se eche en mi regazo.

A mi niña, mi niña mía,
duerme ya mi vida,
duerme ya tranquila.

Dedicado a A.O.

Inmóvil

Abrir los ojos. Verme desde fuera, inmóvil, en medio de la jauría. Gente que va y viene en todos los sentidos, que cruzan a mi lado sin rozarme, sin mirarme, nadie me ve...
El viento levanta ligeramente mi falda.
Sigo sin levantar la mirada, pero puedo verme de frente, veo todo lo que hay a mi alrededor.
¿Seré realmente invisible? Quizás pase por la vida sin que nadie se percate de mi presencia, a nadie parece importarle un cuerpo inerte en medio de la calzada.
Escribir una historia sin letras, desperdiciar los segundos, y respirar lento.
Desear parar el tiempo. Volver hacia atrás, mucho antes de nacer, dar una nueva oportunidad, no importa que no exista el día de mañana.
Quizás esto no es más que un sueño, pero se repite demasiadas veces para no pensar en ello.

Una mariposa, en su delicado vuelo, ha venido a posarse en mis manos. Justo en ese instante todo se ha detenido. Mis ojos se han fijado en ella y después de mucho tiempo he vuelto a sonreir.

lunes, 26 de junio de 2006

Dolor en mi alma

Tengo un dolor en mi alma de una pena que no es mía, pero elegí compartirlo en silencio para aliviar tu carga.
Dime mujer, ¿qué te pasa? ¿qué mal enturbia tu destino? No entiendo porqué ahora este giro sin preaviso, una llamada de socorro que dejaste caer despacio sin esperar -sin desear- que nadie la recogiera. Pero yo sí oí tu lamento, llorabas por dentro mientras nos sonreias al resto.
¿Sabes por qué supe que estaba ahí, en el fondo del corazón? Porque soy parte tuya, sangre de tu sangre, y conozco, padezco y siento como tú.
Odio este sentimiento, no entiendo porqué me causa esta pena tu dolor, debes sufrir tanto... No quiero que esto continúe, dime, ¿cómo lo remediamos? Porque estaré a tu lado, ¿sabes? para aliviar tu llanto, para poner el hombro y lo que haga falta, justo en el momento en el que decidas volver a sembrar de flores tu jardín.
Hay una llama a lo lejos que ilumina el camino, una salvación eterna para desdichas y olvidos.
Deja ya de sufrir mujer, que la vida tiene alivio...

sábado, 17 de junio de 2006

Silencio

El silencio llegó de pronto. Miraba por la ventanilla del tren como a lo lejos la tormenta se alejaba.
El silencio se sentó a mi lado. Tenía la mirada perdida y al notar su presencia, le miré a los ojos.
El silencio se quedó conmigo. Comencé a pensar en ella y en la distancia que nos separaba.
El silencio se hizo mi amigo. Y me eché a llorar sabiendo que te perdía...

Corazón en penumbra

Me gustaría saber cuánto amor cabe en mi corazón, cómo se administra el espacio en este órgano para dedicar el cariño a los que amamos, saber ese dato que me desconcierta porque por alguna razón que no alcanzo a entender mi corazón se está llenando de obscuridad, de un vacío infinito, de un gran espacio yermo que desconocía poseer.
Últimamente me persigue un miedo inconcreto, algo que no sé muy bien cómo definir. Se pasea difuso y con paso amable por mi alma; se ha instalado en algún rincón de esa penumbra y sé que si no lo encuentro pronto, si no le pongo nombre, acabará con mis reservas de cariño, con todo el amor que poseo y que aún me queda por dar.

Hace tiempo que empecé a dejar de respirar consciente. Mi cuerpo se resiste a abandonar y realiza las funciones quejándose de este desinterés infundado, de esta desidia.
Hace días que siento una punzada en el pecho, creo que algunos sentimientos intentan escapar al avance de mi nada.
Las palabras empiezan a perder sentido.
Las lágrimas comparten mi visión desesperada de la vida que me queda.
El sueño empieza a perderse, ya son dos semanas de insomnio, y el cansancio se apodera de mi cuerpo.

A veces deseo que venga la muerte a buscarme. No quiero despedidas, sólo olvido.

martes, 13 de junio de 2006

Desconsuelo

Dime, ¿dónde estás cuando te necesito?
No me consuelan tus silencios cuando necesito de tus palabras.
No me consuela tu ausencia cuando te necesito a mi lado.
No me consuelan tus miradas si no sabes dónde me encuentro.

Dime, ¿qué hago cuando me encuentre sola?
Qué hago con este vacío, con tu no presencia, con la nada...
A quién recurro, ¿a tu recuerdo?

viernes, 9 de junio de 2006

Palabras

Palabras...
Palabras de un te quiero, de un adiós, del reencuentro tan esperado.
Palabras que desprecian, que admiran, que desean, que odian.
Palabras que describen palabras.
Palabras que disfrazan sensaciones.
Las palabras son como las nubes del verano. Van y vienen, traen el frescor momentáneo de una lluvia inesperada y el pavor de la tormenta descargando sin piedad.
Las palabras son como la brisa, jugando con las hojas de los árboles, haciéndolas bailar a nuestro paso.

martes, 6 de junio de 2006

Decepción

¿Sabes esos días en los que piensas que no deberías haberte levantado? Hoy es uno de esos, aún quedan unas pocas horas y sigo con esta sensación, unas ganas enormes de llorar, pensando en que quizá mañana me sonría la suerte.
He hecho voto de silencio, no me apetece decir más nada. Supongo que lo peor es que no quiero escuchar mi voz, que prefiero el silencio y evitar miradas para que nadie pueda verme cuando por fin me decida a llorar.
Hoy es de esos días en los que pienso cómo sería tirar la toalla, abandonar y dejar de ser yo por un instante. Pienso en el vacío de mi persona, en mi ausencia, pero es algo tonto porque pierdo el tiempo tan precioso para mí.
Quisiera meter la cabeza bajo tierra.
Quisiera hundirme en la bañera llena hasta arriba de agua bien caliente.
Quisiera no ver ni oir más, no sentir.
Quisiera saber controlar mis emociones.
Quisiera no tener que querer todas estas cosas...

Al galope

Una vez más me he dejado llevar por la verdad, por la palabra, sin ser capaz de reducir mis sentimientos.
No he podido soportar tan alta mirada y fuerza desaprovechada que me has dirigido; no puedes conmigo, tengo en mis manos una verdad que todos callamos y mi único error ha sido darle voz.
Quisiera decir que lo siento, que me arrepiento y que no debería haberlo hecho, pero ¿sabes qué? No me importas, nada, no eres nadie en mi camino, ni siquiera una piedra con la que tropezar. Me has pedido la verdad y te ha dolido, ni has sabido escucharla porque hacía daño a tus oídos ni has sabido defenderte en tu mentira. Supongo que te falta templanza, casi tanta como a mí.
Vuelvo a pensarlo... ¡pero qué tonta he sido! ¿por qué siquiera habré respirado cerca tuyo? ¿Crees que soy exagerada porque respondí directa a tu pregunta? No sabes quién soy, no me conoces.

Han atravesado el aula cien caballos al galope, justo entre tú y yo. Te veía gritando al otro lado de la orilla, supongo que seguirías en tus trece, pero no te he oído. Ha sido casi como si el tiempo se hubiera detenido... Los demás, en silencio, han apartado sus miradas para no salpicarse con nuestras miserias. Me he visto arropada por silencios y a ti te he visto solo.

lunes, 5 de junio de 2006

Entre horas

De nuevo los sueños, ese misterio nocturno que despierta lo inadvertido que escapa a nuestro consciente, la obscuridad ligada a esa ya conocida luz difusa de los Días sin luz (que aún está por llegar).
Llevo varias días durmiendo de mala manera y aunque sean pocas horas las que descanso seguidas, inundan mi silencio con historias nunca escritas. Anoche volvió a despertarse un sentimiento que creía marchito... Contar esa parte de mi pasado lo creo absurdo, entre otras cosas, porque fue algo que encontró su fin antes de dar comienzo.
Mi amor platónico quedó anclado en el pasado de su mirada y creyéndolo olvidado, anoche en mis sueños, le confesé mis intenciones... Me negó, pero a la vez me dio esperanzas, volveríamos a encontrarnos aunque fuera en otra vida porque, al fin y al cabo, estamos hechos el uno para el otro. No importa el tiempo ni la distancia.

Los sueños, sueños son

Bien lo decía Calderón de la Barca... Los sueños, sueños son.
Ayer, supongo que por la cercanía de la reunión familiar, mi cabeza juntó y pegó, un poco de aquí y allá, formando un coctel de idas y venidas de personajes, conocidos y desconocidos, incluso algunos que ya no están.
Cuando le ví, al lado de mis padres, sentí como si el tiempo se hubiera detenido, si hubiera sido consciente, en ese instante, así debiera haber sido. Él, abrazado a su madre, ella sin dejar de mirarle y sonreir, y en los ojos de mi padre, lágrimas contenidas. Nos acercamos y, permíteme que te hable de tú, te he abrazado como si la vida me fuera en ello.
Sé que te he susurrado algo al oído, mientras lo hacía me esforzaba por intentar escucharme, pero no he sido capaz; supongo que debía estar pidiéndote perdón y diciéndote lo mucho que te quiero.
Abrázame fuerte por todo lo que no te he dado hasta ahora...
¡Qué sentimiento tan hermoso, tan intenso! ¡Qué abrazo tan cierto! Pero ahora que he despertado me doy cuenta de que sólo ha sido un sueño...

lunes, 22 de mayo de 2006

Tú, mi todo

Ir navegando a merced del viento sin más destino que tu cuerpo.
Volar más allá del sol hacia tu corazón.
Gritar con todas mis fuerzas tu nombre.
Sentirte, estar a tu lado.
No hay nada tan hermoso...

miércoles, 17 de mayo de 2006

Aún quedan palabras...

No entiendo porque nos empeñamos en cambiar decisiones ajenas. Cada uno elige su camino, los demás no somos más que transeúntes que cruzamos de una acera a otra, tropezando unos con otros con mejor o peor fortuna.
Quién sabe si realmente existe alguien o algo que no podemos ver, una fuerza superior que controla nuestros destinos y nos deja creer en el azar. Yo no creo en seres superiores (ni inferiores)... Cada uno escribe su historia a cada paso que da.
Si él eligió el olvido para los que lo amamos, es sólo asunto suyo, nosotros poco podemos hacer.
Si él decidió separar sus raíces, ni la tala nos salvará al resto.
Si él pensó que otros vientos dirigirían a mejor puerto su vida, yo soplaré con toda mi fuerza para que alcance ese paraíso.
Pero sé que aún quedan palabras, siempre queda algo. ¿Conoces esa sensación que queda en la boca cuando dejamos escapar un suspiro?
Mírame a los ojos y dime que no estás deseando suspirar por mí, por ella que tanto te quiere... Lástima que entendamos el cariño de una forma tan distinta.

sábado, 6 de mayo de 2006

Ayer

Ayer huí del silencio, por fin deje atrás mis miedo para estar al lado de los míos.
Volver a ver a mi hermana, a mi madre...
Supongo que nada tira tanto como la sangre.

miércoles, 3 de mayo de 2006

Mi sombra

Hoy ha vuelto a visitarme mi sombra cubriéndome de silencios, obligándome a la oscuridad para afrontar el momento.
Ahora, bañada en un mar de lágrimas por tu ausencia, pienso en la nada que me rodea, porque si tú no estás eso es lo único que me queda, la nada.
Y mi sombra..., mi única compañera de juegos, entre que voy que vengo, se entretiene con mi pelo. Me pregunto por cuánto tiempo se quedará esta vez.

Como el gato y el ratón

Calculé mal la diferencia horaria, esperé hasta el último minuto para intentar encontrarte y nos vimos justo cuando te marchabas. Tenía que haber estado ahí antes, haber previsto tu llegada, pero no fui capaz.
Necesitaba tanto hablar contigo, te necesito tanto...
Lo siento.

martes, 2 de mayo de 2006

Primeras palabras

Hablar del silencio, del vacío que deja tu ausencia, del enorme palacio en que se convierte nuestro pequeño piso, de mi soledad, de mi desaliento, de mi tristeza, de mi indecisión cuando no estás... encoger los hombros y dudar de mi rumbo a cada instante.
Todo el tiempo en el que reina ese sinsentido ya no importa porque hoy hablé contigo.

lunes, 1 de mayo de 2006

Tu marcha

No sé cómo explicar; después de tanto tiempo hablando de tu marcha... No he sido capaz de creerlo hasta que te he visto subir al tren.
Perdí la cuenta de las veces que hoy te pedí que te quedaras a mi lado, que no te fueras nunca, lo decía con boca chica convencida de que no te irías; te susurré al oído palabras viciosas para intentar convencerte; te abracé lo más fuerte que pude; me amarré a tu cuerpo para evitar que te alejaras, pero...
Te has ido.
Hoy es el primer día de un infinito silencio.
Hoy ya no me queda más que tu ausencia.
Hoy ha sido tu marcha, hoy empecé a marchitar.
Vuelve pronto, vuelve mi vida...

viernes, 28 de abril de 2006

Esconden tanta belleza

¿Por qué escondes la mirada cuando te solicito? Tus ojos, tan bellos, dicen tanto...
Hoy te encontré donde siempre, sentada en el banco con la mirada perdida, como esperando a un amor que nunca llega. De todos los que pasamos a tu lado algunos te ven y otros no. Supongo que para ti pasar desapercibida es como fundirte con los árboles.
Hoy te he visto más hermosa que otros días, no sé si era por el aire que enredaba de forma caprichosa tus cabellos, quizás era la luz de la tarde que, apagándose, mostraba tu encanto con otro aroma.
Te he mirado, pero, como siempre, me has evitado... Aunque sé que hoy ha sido distinto porque he conseguido una sonrisa tuya. Mañana pienso volver a la misma hora y espero que sigas siendo el mismo árbol.

jueves, 27 de abril de 2006

Sonría, por favor

Dime, ¿cómo te encuentras hoy?

Bien.

No entiendo como eres capaz de guardar tantos secretos, tanta tristeza. De esconderlo como si nada detrás de una sonrisa.

Es cuestión de práctica.

¿Y no sería mejor dejar escapar esos sentimientos?

No, son sólo míos.

Ahora ya no, recuerda que me contaste tus secretos.

Bien, entonces tú también estás condenada a sonreir siempre...

jueves, 6 de abril de 2006

Hay

Hay palabras que escapan de mi boca, que escupo en forma de veneno, sin darme cuenta del dolor que provocan.
Hay silencios que esconden sentimientos, que oculto en forma de mirada esquiva, sin darme cuenta del vacío que dejan.
Hay lágrimas que derramo sin saber, que dejo brotar de mi dolor, sin darme cuenta de que no alivian mis penas.
Hay tanto en tan poco...
Hay tanto de nada y tan poco de todo en esto que te escribo.

martes, 14 de marzo de 2006

Voces en mi cabeza

Hoy es un día como cualquier otro, en el que desde el primer momento, empiezan a agolparse en mi cabeza miles de voces pidiéndome a gritos que las deje escapar...
No, no quiero que me dejen sola, no quiero silencios.
Piden vida, piden respirar, piden que las cree y las destruya, me exigen una realidad, una libertad que no puedo darles porque no encuentro palabras con que alimentarlas.
Desperté con silencios absolutos, con lo más bonito a mi lado... tú.

El eco de la tristeza

¡Qué importan ya las palabras cuando lo único que nos une es el silencio!
¡Qué importan ya si sólo hablamos con miradas!
Las palabras son vacíos, espacios de aire entre ambos que, sin darnos cuenta, van creciendo poco a poco y nos separan...
Antes eran dulces para mi boca, frágiles para mis manos... Eran como tú eras, como era nuestro amor, pero eso pasó al olvido..
Ya no me quedan palabras que dedicarte, que decirte dulcemente al oído; sólo me quedan algunas, reflejas en sentimientos, que ahora vuelan en el papel, vierten su vida en la tinta dibujando ese adiós lejano que deja caer en el eco de la distancia su triste sonido.
¡Con todo lo que fuimos y qué poco queda ahora!

viernes, 10 de marzo de 2006

Dedicatoria con retraso...

Decidimos regalarte palabras, todas las palabras, en cualquiera de sus estados...
¿Sabes que los libros son como las personas? No importa la pasta, lo que importa es lo que guarda dentro, lo que expresa, lo que dice en silencio.
Siempre lo tendrás ahí, como a los amigos. Espero que cuando lo mires te acuerdes de nosotros.
Felicidades

...

El universo no siempre es como tú lo pintas...

miércoles, 22 de febrero de 2006

Escala de grises




Notaba desde el principio, desde que salimos de tu casa, que el cielo se iba tornando en grises... No entendía muy bien porqué, era la hora indicada, el momento del atardecer.
Miraba por ventanilla, hacia el horizonte, justo donde empezaba a esconderse el sol; no me importaba demasiado que me cegara su luz porque el turbio de los grises parecía proteger mi vista, pero ¡qué equivocada estaba! Justo cuando me cegó, te vi, imaginada, en la silla donde siempre sueles sentarte a leer, y justo en el momento en el que muere el sol, mirar a través de la ventana de la cocina la magnitud de sus colores, su variedad, su intensidad y cómo, poco a poco, se van perdiendo a cada segundo que pasa... Te volviste hacia mí y al sonreirme he recuperado la conciencia de mi cuerpo, de nuevo sé donde estoy.
Sólo han pasado minutos, pero ha sido tan intenso como toda una vida a tu lado.
Los grises se han tornado obscuridad, ya no queda huella de tus colores, por fin se hizo la noche.

Nueva etapa

Empiezo una nueva etapa como blogger, con la intención de mejorar las posibilidades y, sobre todo, aumentar la calidad de mis escritos (aunque solo sea en el aspecto visual). Voy a aprovechar el cambio para poner una licencia libre a mis textos ya que creo que es una forma de que quien quiera pueda utilizarla dado que la cultura es un bien común y debe ser libre.
En mi antiguo blog tengo bastantes cosilla publicadas. Quiero dar las gracias a todos aquellos que me seguía en La Coctelera e invitarles a que me lean también aquí.
A partir de este momento, empieza una nueva etapa...

viernes, 1 de mayo de 1998

Muerte de un filósofo

No quería recibir más llamadas... Enchufó el contestador y se volvió a recostar en el sofá. No pasaron ni cinco minutos cuando volvió a sonar de nuevo el teléfono, pero no se movió, esperó a que la
tecnología hiciera su función.
―Aída, soy mamá; entiendo que no quieras coger el teléfono, pero, vamos, nena. Los niños no hacen más que preguntar por ti. Vamos, niña, comprendo tu dolor, pero hay que sobreponerse, tienes un trabajo y unos hijos que atender y sabes que nosotros estamos aquí para lo que necesites...
Su madre seguía hablando y ella escuchando, y a cada cosa que decía provocaba más el llanto y la amargura de Aída... Nadie podía entender lo que ella estaba pasando, nadie. Ni por mucho apoyo, ni por muchas llamadas; nadie iba a conseguir que se sintiera mejor.
De pronto se levantó y en un ataque de locura llegó a la idea de que ella haría lo mismo, cogería lo primero que encontrara y acabaría con su vida. Creyendo ver su futuro fuera de su cuerpo, se aseguraba de que su madre cuidaría de sus hijos y que en el trabajo todos la echarían de menos durante una semana, quizá dos, pero luego encontrarían a otra que la sustituiría. Y sus hijos... Sus hijos la perdonarían, la entenderían.
Iba acumulando ideas locas que le hacían perder la razón por momentos. De pronto empezó a golpear los muebles, a tirar todo lo que se encontraba a su paso al suelo... Y cuando hubo acabado de destrozar el interior del salón, deshecha ya y sin fuerzas, se dejó caer al suelo. Agarró su pelo con las dos manos y volvió a llorar. Ni ella misma entendía lo que hacía o pensaba. No hacía más que repetirse que no sería tan cobarde como él, que no acabaría con su vida sin tener en cuenta todo lo que tenía, lo que le rodeaba, lo que la hacía feliz.
Se levantó y lentamente se dirigió al despacho. Sabía que allí estaba la pistola con la que su marido había acabado con su vida. Quería saber porqué, qué motivos tenía para hacer lo que hizo. Pensaba recrear la situación: colocarse la pistola en la boca y si en un momento de distracción se disparaba... ¡Dios! Se estaba volviendo loca...
Al llegar cerró la puerta por dentro con cerrojo. Se sentó en el sillón de su marido y encendió la lámpara del escritorio. Después de intentar despejar la cabeza y algo más tranquila, con la parsimonia de quien cree saber lo que está haciendo, abrió los cajones y empezó a buscar el arma. La encontró en el tercer cajón, sin llave, con facilidad; y debajo de ella, unas notas en las cuales ponía: «Para Aída». Primero sacó la pistola y la colocó con cuidado en frente suyo y en dirección al corazón y después sacó las notas. Sabía que su marido escribía día y noche. Vivía obsesionado con la idea de escribir un libro que tratara del ser humano y todo lo que le hacía feliz, quería convertirse en el primer escritor que descubriera cuáles era las máximas de la felicidad.
Aída empezó a recordar a su marido, cuando hablaba de este tema: recordaba que le hacía reír con sus sueños de llegar al «culmen» de la felicidad y cómo esto influía en su personalidad; recordaba con qué entusiasmo hablaba de ello, quería hacer partícipe a todo aquel que conocía de su idea, de esa felicidad inalcanzable que para él era real y se podía llegar a tocar en algún momento.
Acercó la lámpara a los folios y comenzó a leer: «Dedicado a mi mujer Aída, a la que quiero más que a mi propia vida y por ser la persona que más me ha apoyado todos estos años y ayudado a elaborar este tratado sobre la idea de la felicidad».
Esto le extrañó mucho porque no recordaba que nunca le hubiera dictado o él le hubiera preguntado lo que opinaba sobre alguno de estos factores que había inventado para llegar a ese abstracto tan deseado. Continuó. «Desde muy joven y debido a la mala vida que pasé, he vivido obsesionado con la idea de la felicidad. Todos creemos ser felices en el día de nuestro cumpleaños o con el nacimiento de nuestro primer hijo... Pero nos equivocamos, esa felicidad no es plena, solamente complementa uno de los puntos que yo, como filósofo que soy, he llegado a encontrar en lo más profundo de mi psique y creo poder aplicar al ser humanos en general.
Así, que tras esta pequeña introducción, doy paso a la explicación de mi nuevo plan en cuanto a filosofía se refiere, un sistema, un tratado nuevo que revelará a los más sabios el secreto de la felicidad...»
Aída empezó a creer que estaba loco. Por un momento dejó de leer, creía haber encontrado la razón del suicidio de su marido... la locura. Entre risas de asombro y sollozos se levantó de la mesa con un aire de enfado. ¿Cómo era posible que alguien como él, tan normal en su trabajo, con su familia, en su casa, hubiera llegado hasta el punto de la locura? No era posible. En cierto modo se estaba enfadando con quien ya no podía discutir y empezó a pensar que a lo mejor ella había tenido la culpa de su estado, pero ¿cómo? Ella siempre estaba ahí cuando la necesitaba, fue una buena esposa, una buena amiga, una buena... No, no era posible aquello, no lo entendía, eso no podía ser. Tanto empezó a obsesionarle la idea que cogió los folios de la mesa y los tiró al suelo con fuerza creando un desorden completo en la habitación.
Sentada en el suelo y con poca luz volvió a leer de nuevo: «El secreto de la felicidad, entendida como una felicidad plena, ese sueño inalcanzable por todos, y al igual, tan deseado, tiene solución y explicación, lo único que hay que hacer es tener fe en uno mismo.
La felicidad se puede dividir en factores. Estos serían cada una de las causas que al ser humano hace ser feliz:
* Por un lado tenemos el «aire», que se podría interpretar como la idea del Amor.
* En segundo lugar, encontramos la «tierra», intrepretándose ésta por el Trabajo.
* En tercer lugar, el «agua», como las Amistades.
* Y, por último, el «fuego», que sería la Familia.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que «el orden de los factores no altera el producto», así cada cual podría ordenarlos según su criterio de importancia».
Aída siguió leyendo las páginas siguientes en las que hacía numerosas alusiones a todos sus filósofos favoritos. Hasta que llegó a la conclusión: «Cuál es el momento en el que se alcanza la felicidad plena».
«Para acabar este tratado sobre la felicidad, me queda descubrir el secreto de cómo alcanzarla y, claro está, que depende de los factores al principio mencionados.
Bien, empecemos por recordar el movimiento del péndulo que en este caso es importante tener presente, y es que éste va de un extremo a otro. La explicación a este fenómeno es la existencia plena de todos los factores, lo que sería la felicidad en su perfección; y la ausencia de todos los factores, que llevaría con toda seguridad a la locura y, en última instancia, al suicidio...»
Aída dejó el folio sobre la mesa. Por un momento quedó muda, pálida, pensativa. «Suicidio» o «locura», de todos modos es compatible. Está mal redactado, sería: «locura y/o suicidio».
«Existe una explicación racional para todos los niveles de felicidad. Así, si contamos con la presencia de nuestra vida de todos los factores mencionados, significaría que hemos alcanzado la felicidad perfecta.
La falta de un factor nos puede provocar tristeza o malestar anímico; así, como el término medio, 2 y 2, se podría traducir en un equilibrio mental y nos indica que todavía podemos llegar a la felicidad, pero con algo más de trabajo.
La falta de tres factores puede provocarnos crisis nerviosas o similares. Debemos tener mucha fuerza para poder superar esta situación tan difícil para no caer en la última etapa.
A la falta de éstos, se aconseja visitar a un médico especializado si aún se tienen esperanzas de tocar la felicidad, pero si no se tiene la capacidad suficiente para superarlo podría llegar incluso al suicidio.
En conclusión, la felicidad depende de los factores que hay presentes y la fortaleza de las personas ante los distintos niveles».
Acabó de leer el «apunte sobre la felicidad» de su marido mirando asombrada cada una de las ideas expuestas. En cierto modo se podría entender como algo lógico. Quizás algo mejor redactado hubiera llegado a ser un auténtico tratado filosófico, pero su marido nunca fue un lumbreras. Tenía lógica, lo entendía; en cierto modo lo que explicaba en sus escritos podía ser real, pero ¿qué motivos tenía él? Empezó a darle vueltas a la cabeza pensando que, si el suicidio era lo que quedaba cuando no se daba ninguno de los factores, ella tenía que ver en eso. Pero no era normal, eran felices, vivían bien. ¿Por qué? Se convencía de que ella era la culpable, de que quizá él era infeliz y después de tanto tiempo juntos no se había dado cuenta. No lo entendía.
Empezó a llorar de nuevo. Cogió la pistola y temblando se la colocó en la boca. Temblaba. En su cabeza se mezclaban los sentimientos de culpabilidad y las ganas de vivir... No sabía qué hacer. De pronto, apretó el gatillo...
Había cerrado los ojos y todavía caían lágrimas sobre los folios. Cuando los abrió respiraba jadeando, quizá por el miedo. Había sido capaz de disparar con tan buena fortuna que el arma estaba descargada. La dejó caer en el suelo. Estaba destrozada. Pero eso no impidió que se levantara a buscar las balas; si había sido capaz de apretar el gatillo una vez, sería capaz de hacerlo otra. Abrió los cajones y donde había encontrado la pistola, al fondo del cajón, había una caja donde su marido las guardaba. Cargó el arma, pero al intentar meter la segunda carga esta cayó sobre el último folio.
Antes de acabar con su vida, como si de una última oportunidad se tratara, buscó el final: «Aída, no creas que mi muerte es debida a la falta de los factores que forman la felicidad, no; yo soy feliz. Tengo la mejor esposa del mundo, te quiero, te quiero más de lo que he querido mi vida; a los niños también, son parte importante de mí. Y mi trabajo es perfecto y mis amigos... Todo, y es que he llegado a ese culmen, he tocado la felicidad justo esta tarde, en este momento en que lo escribo y me doy cuenta de que lo tengo todo, por tanto no quiero perderlo nunca. Si he decidido acabar con mi vida es porque quiero conservar este momento, esta felicidad tan real para siempre, y no me basta con unas pocas fotos o unos folios bien escritos; necesito acabar como empecé: con la ingenuidad de un bebé recién nacido y esa felicidad innata que lleva dentro, así me siento...
Aída, te quiero».