Un rincón para la palabra, el silencio, para todo aquello que nunca nos dijimos...
lunes, 4 de julio de 2011
El dulce olor de la muerte
Se quedó allí inmóvil, apoyada sobre la encimera. Abrió la mano derecha y dejó sobre un platillo las pastillas de las cinco. Pensó, porqué no, dejar de tomar el tratamiento aunque solo fuera una vez. Tenía una excusa, absurda sí, pero para ella prácticamente todo lo que había pasado en su vida durante los dos últimos años resultaba poco real.
Algo iba mal, empezó a sentir un extraño calor en la pierna. Miró hacia abajo y vio un estrecho hilo rojo descendiendo poco más abajo de la rodilla hacia los restos del líquido. No se asustó, no reaccionó como cualquiera de nosotros lo hubiéramos hecho. Simplemente se dirigió hacia el baño a paso lento, dejando en cada pisada derecha una pequeña marca de su sangre.
Cuando llegó buscó el origen de la herida y sin pensarlo dos veces arrancó el cristal de su pierna. En el trozo se podía leer «Ti amo» escrito en tinta azul, Adela sonrió tímidamente al darse cuenta y pensó en lo caprichoso que es el destino. El corte empezó a sangrar profusamente, pero ella seguía sin sentir dolor, solo ese calor que le subía cada vez con más intensidad. Poco después, a ese calor se unió un ligero temblor que quiso justificar por miedo, pero sabía de sobra que se debía a que había dejado las pastillas en la cocina en lugar de tomárselas puntualmente. Odiaba esa sensación, la odiaba profundamente porque sabía que la medicación la había vuelto dependiente de un horario que no podía saltarse bajo ningún concepto.
Tenía que relajarse sin químicos, debía intentarlo. Se acercó a la bañera y abrió el grifo, eligió una temperatura algo templada. Mientras se llenaba, buscó en los cajones del mueble algo con que frenar la hemorragia. Encontró una toalla blanca de mano, no le importó el color poco adecuado para esos menesteres, y se la ató taponando la incisión. Pareció funcionar.
Se sentó en el borde y rozó el agua, estaba perfecta solo le faltaba un detalle. Cogió un frasco de sales de baño que tenía sobre la repisa y las esparció a lo largo. Aquel complemento de fresas y frutas silvestres tintó el líquido de escarlata. Se desnudó despacio, doblando con cuidado cada prenda. Mientras se metía en el agua, su gata Luna entró en el baño y se subió a la banqueta que quedaba justo a la altura de su cabeza. Adela perdió la noción del tiempo, la temperatura, el olor dulzón y el ronroneo felino, le hicieron caer en un profundo sueño.
Una hora después, justo antes de que la puerta sonara, Luna saltó del taburete y se dirigió hacia el hall donde ya se encontraba Luis. La felina insistía una y otra vez, restregándose contra las piernas del hombre, empujándole hacia el baño. Él, sorprendido de la actitud de la gata, la cogió entre sus brazos y la dejó sobre el comedero confundiendo sus intenciones. Los enseres del animal estaban a la entrada de la cocina y solo cuando se volvió vio los restos del vaso y las huellas de la herida de Adela. Se estremeció.
«¡Adela!», gritó con fuerza mientras salía al pasillo siguiendo su rastro. Cuando llegó al baño se quedó mudo. Sus ojos se empañaron al ver a su mujer bañada con su propia sangre; rompió a llorar mientras se acercaba a ella sin dejar de repetir «Pero..., ¿qué has hecho?». La abrazó y ella sintió su calor. La hizo reaccionar abriendo suavemente los ojos. Le sonrió. Cuando Luis se dio cuenta trató de sacarla del agua, pero se le escurría. Tiró del tapón y volvió a la entrada corriendo para coger su móvil y llamar a urgencias.
Durante ese breve tiempo, Adela pensó en lo absurdo de su muerte. «Es falso», se dijo. No vio pasar su vida por delante, no recordó a nadie de su pasado ni su presente, ni tampoco vio la luz al final del tunel. Simplemente esperó la obscuridad.
Luis volvió con ella. «No te vayas», le dijo. Y Adela, en un último suspiro dejó escapar su vida con un dulce olor a fresa.
domingo, 3 de julio de 2011
Mi último ligue
martes, 28 de junio de 2011
Amarnos en silencio

―Dime, mi niña, ¿qué palabras describen tus silencios?
―Miradas pícaras, sonrisas dulces, caricias que despiertan tus sentidos y aumentan la temperatura de tu cuerpo.
―Interesante plática.
―Y las tuyas, ¿qué misterios esconden?
―Mis vocablos, quedos... Responden a gritos, deseosos de tus palabras, con besos indiscretos que recorren tu anatomía, con abrazos interminables y al final, sueño con tu cuerpo, silueta dibujada en mi cama.
―Quizá, querido, deberíamos tener una cita y concretar ciertos aspectos de este mutismo.
―Sí, estoy de acuerdo. Deberíamos mantener una larga y profunda conversación.
―Ssssssss, no más palabras.
domingo, 26 de junio de 2011
Reivindicaciones felinas
Mi nombre es Java, soy una gata, pero no por eso carezco de sentimientos y mucho menos de calor. Desde que empezó el verano, concretamente esta ola de ardor, mi compañera Gris y yo iniciamos una campaña para llamar la atención acerca de lo mal adaptado que está nuestro hogar a esta situación. Reivindicamos nuestro derecho a dormitar sobre un suelo fresquito, independientemente del sitio y la hora.
La primera medida la emprendimos conjuntamente. Cuando nuestros dueños pasaban cerca de nosotras, Gris y yo empezábamos a emitir sonidos extraños, maullidos alargados como quejas interminables, pero estos humanos no saben reconocer un lamento ni aunque se lo pintes. Su reacción: cogernos en brazos y hacernos mimitos mientras coreaban a la vez: «Mi gatita, qué liiiiinda».
No funcionó. Además Gris decidió abandonar, según ella no soporta hacer el ridículo de esa manera. Pero yo permanecí fuerte y decidí tomar una aptitud algo más radical. Hace un par de sábados, justo cuando mi humana pasaba delante de mí, me arrojé al suelo y estiré las cuatro patas hacia el cielo... Vale, igual exageré un poco. Y claro, la reacción tampoco fue la esperada: mi madre me cogió entre sus brazos y corrió como una desesperada escaleras abajo con dirección al veterinario. No se dio ni cuenta de que bajaba en pijama y, lo que es peor, cuando el especialista de guardia dijo que no tenía nada y por eso le cobró noventa euros... En fin, me miró con cara de pocos amigos y me castigó con un baño de agua bien fría cuando llegamos a casa. La temperatura era la adecuada para paliar los efectos del calor, pero recordad, sigo siendo gato.
Cuando me liberé de la toalla corrí por el pasillo como una desesperada para quitarme la humedad que quedaba. Gris me miró y empezó a reírse panza arriba como una loca. Ojalá la hubiera visto mi dueña y se la hubiera llevado también al veterinario, yo pagaba gustosa otros noventa euros si me hubieran dejado mirar mientras le inyectaba algún calmante. Pero no, ella se libró, como siempre.
Estaba claro, nuestro sufrimiento no tendría fin hasta que empezara a refrescar hacia Septiembre. Ya había tomado esta batalla por perdida cuando, ajá, mi dueño se dio cuenta de que el aparato del aire acondicionado que tiene en el despacho (la única habitación donde no nos dejan entrar) no funcionaba. Si él se quejaba estaba todo resuelto. Para rematar la faena y hacerlo sufrir un poco ―solo porque supiera lo que es estar constantemente cubierto de pelo― decidí hacer una pequeña aportación a su insoportable acaloramiento: desde entonces cada noche me subí a la cama con muuuucho cuidado y me pegué a él como una lapa. No tardaba ni cinco minutos en removerse, yo solo necesitaba tres segundos para bajarme de la cama y ocultarme; que volvía a retomar el sueño... Pues otra vez que me subía. Dos noches, solo dos noches hicieron falta para que ayer a primera hora fuera a encargar otro aparato de aire. Y digo «otro» porque el que tenía en el despacho lo han arreglado y el nuevo lo han puesto en el dormitorio, así que desde anoche ya podemos dormir cómodas y fresquitas en la cama.
Ahora solo me falta superar otra barrera: aprender a utilizar el mando a distancia.
sábado, 25 de junio de 2011
¡Felicidades Ángela!

Escritora de cuentos,
creadora de seres de fieltro
de sonrisa amplia y mirada clara,
eres nueva en mi historia,
ahora protagonista de esta,
una entre cien palabras.
Creo que el destino estuvo acertado
al cruzar nuestros caminos,
ahora cuento con un cuento
de recuento de palabras
con una amiga cuentacuentos
que los cuenta a cientos.
No puede ser de otro modo,
eres ilustradora de sueños,
aplicada compañera de risas
alimentando las tardes con torrijas,
propias o ajenas, no importa.
No cambio ni un solo gramo de azúcar
por todo lo que compartimos juntas.
Felicidades por este y los que vengan.
viernes, 24 de junio de 2011
Amor platónico
Volví a soñar contigo. Últimamente apareces con frecuencia escondido entre los personajes de mis sueños. Te has colado en mi subconsciente y ahora no puedo sacarte de mi cabeza. No importa el tono de mi ensoñación, siquiera los sentimientos, siempre estás ahí para ayudar a levantarme si caigo, para sonreír si yo río, para poner el hombro si lloro... Dando luz a mi obscuridad y despertando antiguos deseos. Cómo es posible que una única palabra tuya, aquel reencuentro, hiciera temblar mis cimientos de modo que siendo tan solo una ilusión me crea a tu lado el resto de mi vida.
Reflexión matemática sobre la unidad
Un día alguien viene y dice: «Mira, esto es lo que hay». Aceptas, porqué no, en ese momento te parece la opción adecuada. Firmas un contrato. Con los años hay ciertos elementos de la fórmula que han dejado de funcionar, entre otros, el signo más pierde la verticalidad y ahora solo resta. Y vuelves a plantearte de nuevo tu vida, qué haces, ¿te apartas de la función y te unes a otra ecuación? A mí siempre se me dieron mal las matemáticas, fui por letras puras. Ni los versos ni las rimas han sabido librarme del dilema de la soledad.
jueves, 23 de junio de 2011
La despedida
Se sacó la alianza del bolsillo de la camisa y la dejó sobre la mesa. Ella le miró fijamente, no era capaz de decir nada. Sobre su mejilla, una única lágrima cayendo suavemente.
[Quisiera contártelo todo, pero no puedo]... El hombre le habló sin mediar palabra.
[Ojalá entendieras mis motivos, pero qué puedo decir para que lo entiendas]... Ella intentaba argumentar en silencio mientras se levantaba de la silla apartándola con las piernas. Permaneció allí quieta, solo unos segundos. No se miraron, no se despidieron.
―Perdóname.
[No, perdóname tú]... Pensó sin levantar la mirada y dejándola marchar para siempre.
domingo, 19 de junio de 2011
Mi dolor ha vuelto
Me voy de nuevo, rendida, con la batalla inicial perdida, a mi cama. Rescataré aquellos sueños malditos de soledad, agarrotada en el último rincón de mi conciencia y sin respirar, no quiero ningún ruido. Ojalá se canse pronto de mí, ojalá me dejara para siempre.
En esta primera derrota, merecida por confiarme, me armaré otra vez de calmantes y paciencia. Si lo vencí una vez, volveré a hacerlo. Pero, de momento, me voy con mi sueño a otra parte.
sábado, 18 de junio de 2011
Los versos verdes
Celos
María volvió a cruzarse con él, supo que jamás la amaría, nunca la miraría a los ojos como a su mujer. Sintió celos, la inquietud alimentó su obsesión y decidió matarla; si la eliminaba, ella tomaría el lugar que le correspondía. A la mañana siguiente esperó cerca de la casa, aún no había amanecido cuando la mujer salió cerrando con cuidado la puerta para no hacer ruido. María se acercó y sin mediar palabra le asestó varias puñaladas, le quitó las llaves y entró, subió despacio al dormitorio, se puso el camisón y se acostó al lado de su amado.
En silencio
El más viejo se acercó a ella y le preguntó su nombre, pero no dijo nada, solo levantó los hombros y enarcó las cejas al mismo tiempo.
Las mujeres, azoradas al pasado, permanecían al fondo, murmurando de brujas mientras seguían alimentando un montón de ramas secas.
Desandamos lo andado, volvimos atrás, el tiempo de la ignorancia y el miedo a aquello que se sale de la norma, a lo extraordinario. Y ella realmente lo era.
jueves, 16 de junio de 2011
Soy paloma
Tocó mi cintura y me convertí en paloma.
Mis alas se movieron intentando abrazar su deseo,
pero en la confusión del aleteo
él pensó que quería libertad y me dejó ir.
Confundida por el caos de sentimientos,
me dejé atrapar por el viento
perdiendo todo aquello que anhelaba,
apartando de mi vida lo que tenía.
Ahora, atrapada entre el pico y mis patas
solo tengo mis remos para huir
del amor y el desamor que me dejaron
amarrada a este cuerpo de pequeña tórtola.
Cómo decir con palabras lo que solo son arrullos,
que volaría de nuevo a tus manos.
¿Te cuento un secreto?
Los secretos, ellos fueron el origen de aquel desatino. Nacieron inocentes, cual mentiras piadosas, para esconder hechos apenas confesos, nimios, ínfimos, tan tontos que por no tener no tenían ni razón de ser. Pero allí estaban, creciendo al mismo ritmo que amanece y antes de ponerse el sol se hicieron inmensos, ocupando toda su boca. Los secretos, prendados de palabras inconclusas, afectaron para siempre su relación y en lo que dura un día rompieron su estructura, desatornillaron todos los ejes y los dejaron desnudos: a él con su decepción y ella... A ella, la acompañan sus cábalas escondidas de recuerdos.
lunes, 13 de junio de 2011
Sólo preguntaba
¿Cómo? ¿Sólo vives de recuerdos? ¿No fabricas otros nuevos?
¿Dónde? ¿Detuviste tu camino solo porque se acabaron las baldosas amarillas? ¿Quieres que las pinte de colores frescos?
¿Adónde? ¿Adónde dirigiré mis pasos si no sabes hacia lugar que dirigirás los tuyos?
¿Por qué? ¿Por qué este desatino, desvarío sin sentido? ¿Por qué dejaron de brillar tus ojos cuando miran los míos?
¿Cuándo? ¿Habremos de encontrarnos de nuevo? ¿En qué momento, dime, para no perder más tiempo?
¿Quién? ¿Te ha robado otro el corazón que era mío?
¿Cuál? ¿Cuál es el motivo que te obliga de borrarme de tu memoria?
¿Mujer o piedra?
Una mujer llorando... Al fondo se oyó: «¡Qué sorpresa!» Otro soltó el tópico de: «Estará con la regla». ¿Acaso todas las lágrimas de féminas se deben a un desarreglo hormonal? Qué sabrán los tíos de esto. Y si llora, ¿qué? Puede que no sea más que un desorden de ideas, un caos de sentimientos que se empeñan en salir todos de golpe. Deberían poner un dispensador de números en el corazón que aporte algo de orden. ¡Qué asco de sentimentalismos! Reclamo mi derecho como buena mujer a ser piedra en ocasiones y a llorar cuando me salga de los cojones.
Te echo de menos
Se queda dormida entre mis brazos. Apoya su cabeza y sus pequeñas manos fundiendo sus sueños con mi cuerpo. Sus ilusiones corren como ella, alegre, por mi sangre, acelerando el ritmo de mi corazón. Y la veo feliz, saltando entre flores persiguiendo algo que no alcanzo a distinguir. Me levanto en su misma ilusión vestida de recuerdos y la persigo entre la hierba. Cuando por fin la alcanzo lo encuentro a él, allí tumbado, durmiendo plácido a la luz del verano. Laura me mira y deja caer una lágrima sobre su mejilla... «Ya cariño, yo también lo echo de menos».
Soy en verso
jamás te tendré.
Te escapas como un sueño,
etéreo entre los dedos.
Porque eres palabras
en mis silencios.
Te leo y separo
las comas y espacios
intentando adivinar
en cuál de tus versos
se esconde tu alma
y mi corazón se acelera
cuando descubre
un «te quiero».
Jamás fuiste mío,
ni ahora te tengo.
Pero de entre tus versos
descubro algo:
me siento libre,
sin ataduras
y quisiera volar
hasta posarme en tus manos.
Soy de lo que tengo
la mitad
desde que te leo.
Soy de lo que escribo
el doble
desde que te anhelo.
jueves, 9 de junio de 2011
Solo una observación
Si encuentras en tu camino a alguien que te ofrezca ayuda desinteresadamente, una persona amable en sus formas y maneras, educada en todos los aspectos, que comparte contigo sus conocimientos sin esperar nada a cambio... Guárdalo como un tesoro, aunque no sea más que un simple desconocido que te abre la puerta al entrar o te cede su asiento en el autobús. Porque seres de esos quedan pocos y si tal y como dicen en el proceso de supervivencia de la raza solo permanecerán los más fuertes, espero que se refieran a los de corazón. Espero entonces encontrarme con ellos.
lunes, 6 de junio de 2011
sábado, 4 de junio de 2011
Donante de corazón
De la sección de anuncios por palabras: «Necesito donante de corazón. Grupo sanguíneo: 0-negativo. Sé que es un tipo raro de sangre y es que románticos cada vez quedamos menos. Por favor, necesito trasplante urgente por encontrarme en peligro de muerte o receta que cure el músculo roto y las heridas del alma. Estoy abierto a terapias alternativas, ya no me importa edad, religión ni sexo; lo único que deseo es que me amen como merezco, respeten y adoren mi cuerpo. A cambio me comprometo a ofrecer cualquier miembro de mi esqueleo. Para localizarme sigan el rastro de clinex usados».
Seres de humo
Anoche tuve un mal sueño. Tomé consciencia en mi fase REM y me encontré de pie, en medio de una sala blanca, rodeada por un montón de cuerpos sin rostro, seres grises que emitían un leve susurro al acercarme a ellos. Quizá eran almas atrapadas en humo intentado pedir ayuda, pero no era capaz de entender nada. Estaba allí, no podía escapar y por más que corriera en cualquier dirección siempre había más y más entes oscuros. He despertado con la respiración entrecortada y el corazón en un puño; me ha costado darme cuenta de que eran ellos, los silencios.
viernes, 3 de junio de 2011
Neuro-maniática, ¿alguien da más?
Me han dicho muchas cosas en mi vida, pero jamás me habían etiquetado de «neurótica». Reconozco que soy algo maniática e, incluso, un pelín obsesiva, pero nunca me había planteado que mi inestabilidad emocional pudiera catalogarse con similar adjetivo. No es que me pensara perfecta, ni mucho menos, si acaso, perfeccionista. Más bien diría que los cambios de intensidad en mis emociones son el resultado de la alteración hormonal que sufrimos todas una vez al mes. Así que no, no me considero especial, ni tan siquiera una neuro-maniática por más que se empeñen algunos. Soy simplemente una mujer de taitantos.
El perfume
Me ha atrapado su aroma; desde que dejé de fumar los olores se han vuelto esenciales: me es más fácil recordar a alguien por su olor que por su nombre. Y su perfume me ha embriagado. He estado todo el tiempo detrás de ella, a pesar de que llevaba un paso más lento. La cadencia de sus pasos, la suavidad de sus caderas y su aroma, sobre todo eso... Todo me ha hecho pensar en ella como la mujer más hermosa del mundo, quizá la mujer perfecta, mi ansiada media naranja. Lástima que nuestros pasos no llevaran al mismo destino.
miércoles, 1 de junio de 2011
Una decisión importante
―Seré veterinaria; cuidé muy bien de los gatitos de Mificú cuando nacieron y le echo de comer todos los días a los peces del estanque, pero no me gustan los perros, me ladran siempre al verme pasar. El san bernardo gordo de la señora Aurelia ya me ha robado varias veces el bocadillo... No, creo que lo de veterinaria no va conmigo.
Cambiaba de opinión al mismo ritmo que caía la tarde.
―Ya lo sé, seré maestra y enseñaré a otros niños como yo a jugar al pillar, a saltar a la comba y a rezar a las cuatro esquinitas de su cama cada noche, pero no me gustan las mates, se me dan fatal las restas y mi maestra dice que es muy importante saber esas cosas... No, creo que tampoco seré maestra.
―¿Y policía? Llevan un uniforme muy chulo y ayudan a las personas; el otro día un agente ayudó a mamá cuando un chico muy tonto le intentó quitar el bolso, pero no me gusta su cara, están siempre tan serios... ¡Jopé!
La niña golpeó el suelo con el pie enfadada. No le agradaba verse atrapada en ese dilema. Debía decidir algo ya, además siempre tenía una respuesta para cualquier pregunta que le hacían. «Mamá siempre dice que soy muy ocurrente», pensó, pero, ¿por qué no se le ocurría nada? Se dejó caer enfurruñada.
Después de un rato sentada a la sombra de un gran árbol, jugando con un palito a desorientar a una hilera de hormigas y deshojando margaritas, la niña se levantó sonriendo y echó a correr hacia el porche donde su madre tejía. Atravesó el amplio jardín sin percatarse de que el riego ya estaba encendido y llegó a la entrada de la casa con sus pequeños zapatos manchados de barro.
―Mamá, ya sé lo que quiero ser de mayor, ―dijo la niña llena de emoción mientras se apoyaba en las rodillas de la mujer.
Clara, que hasta ese momento trabaja concentrada en su labor, levantó la vista y la observó.
―Pero niña, ¿dónde has estado? ¿Has visto cómo traes el vestido? ¡¿Y los zapatos?!
Alicia se quitó inmediatamente los zapatos y los dejó en primer peldaño de la escalera, al tiempo que se sacudía la falda del vestido.
―Mamá, no te enfades conmigo. He estado toda la tarde pensando en lo que me has dicho.
La madre, que adoraba a su pequeña, le pidió que se acercara y le dijo con una amplia sonrisa en la cara:
―¡Sorpréndeme!
―Quiero ser palabra ―dijo firmemente la pequeña.
La mujer reaccionó sorprendida. Alicia era la pequeña de sus cinco hijos y ninguno de ellos, cuando les había planteado la pregunta, contestó algo similar...
―¿Palabra? Eso no es una profesión.― Respondió Clara con cariño para evitar causar una decepción a la niña.
―Sí, definiré cada acto, cada acción que las personas lleven a cabo y mi voz se oirá en todo el mundo. Llevaré la palabra «paz» a lo más alto y «respeto» a su pleno significado.
Alicia estaba encantada, gesticulaba exageradamente mientras relataba a su madre los argumentos que el día de mañana la convertirían en una gran «palabra». Su madre apartó la colcha de ganchillo en la que trabajaba y dejó las lanas en un cesto de mimbre a su lado. La pequeña se acercó a ella buscando una muestra de aceptación, sin dejar de sonreír, ilusionada. Clara la recibió en sus brazos con todo el amor del mundo y la subió con cuidado a sus rodillas.
―Pero, cariño... ―acarició la barbilla de su hija y dirigió su mirada hacia ella―, no se puede ser palabra.
La niña se separó por un momento, disgustada y a modo de reto le dijo a su madre:
―Vamos, ponme a prueba.
Clara dudó un momento; empezó a pensar en algún ejemplo que descuadrara a la futura profesional del léxico.
―Bien, veamos, ¿cómo sería «beso»?
Alicia le sonrió, se acercó a su madre y le dio un beso en cada mejilla.
―Veo que controlas el tema, ―dijo su madre mientras le dedicaba una mirada pícara―, probemos con otra... ¿Y «abrazo»?
La niña, como ofendida, volvió a ponerse en pie, firme y seria y le increpó a la mujer...
―¡Jo, mamá, me las pones muy fáciles, búscame algo más difícil!
―Bueno, mientras se me ocurre algo, ven y dame ese abrazo.
Alicia, haciéndose un poco la víctima, se acercó a su madre con paso lento y apretando la boca. Ambas se fundieron en un momento de esos a los que acompaña un somero contoneo al ritmo de sus latidos. Verlas allí, cuando ya solo quedaban en el cielo las últimas gamas de azul, era una hermosa imagen que a Clara le hubiera gustado capturar en una foto. Abrazaba a su hija con tanta ternura, y la niña suspiraba en su hombro mientras suavizaba el gesto de su cara.
Por fin, se apartaron la una de la otra. Alicia quedó frente a su madre y esta le dijo:
―Dime, futura «palabra», ¿cómo definirías este cariño que acabamos de darnos en silencio?
La niña titubeó. El reto era importante, eran demasiados sentimientos para englobarlos en un solo término.
Se volvió despacio y caminó durante un rato por el porche.
Micifú apareció por la baranda del fondo, seguida de dos de sus pequeños. Alicia que aún no encontraba la respuesta a la pregunta de su madre, se entretuvo con los gatitos.
―Cariño, vamos dentro a preparar la mesa.
―¡Espera mamá, por favor, esto es importante!― Dijo mientras dejaba de nuevo en el suelo a la gatita más pequeña de la familia.
Clara aprovechó para terminar de recoger los ganchillos y las lanas. Justo antes de terminar de plegar la colcha, Alicia se acercó a ella con paso firme.
―Lo siento, mamá, no puedo,― dijo la niña un tanto compungida―. No hay única palabra que defina todo lo que te quiero.
Sonrió a la mujer y volvió a sentarse sobre sus rodillas. Estuvieron allí un rato, a pesar de ser la hora de la cena. De pronto, el gesto de Alicia se tornó sereno, se ve que al fin había encontrado la respuesta a la pregunta que su madre le formuló a primera hora de la tarde. Y afirmó sentenciosa:
Clara se quedó aún más extrañada que antes, pero confió en su hija y la dejó continuar.
―Sí, seré «silencio», así podré decir mucho más sin tener que emitir un solo sonido.
martes, 31 de mayo de 2011
Perdida
Cristina se rindió. Se sentó sobre la arena, cansada de deambular por la playa en busca de una respuesta que no llegaba. Agarró sus rodillas y lloró en silencio mientras atardecía. Había perdido a su madre, su ser más querido. No podría volver a casa, sola. Trataba de distraerse observando a los pocos bañistas y paseantes que aún quedaban. Un hombre se acercó a ella, pensó que su príncipe azul venía a rescatarla...
―Hola, ¿te has perdido?
―Sí, estoy buscando a mi mamá.
El voluntario de Cruz Roja la cogió de la mano y le secó las lágrimas.
lunes, 30 de mayo de 2011
Tus versos entre mis cosas
Me dijo que me amaría siempre, pero entre nosotros se interponía algo más que la edad. Ni su familia ni sus amigos comprendían cómo pudo enamorarse de mí: una alumna veinte años más joven que él, con la cabeza llena de pájaros. Durante los primeros meses conseguimos hacer oídos sordos a todos los que se empeñaban en separarnos, y funcionó. Nos amamos, nos prometimos amor eterno.
Cuando ayer saqué del bolso una nota suya en la que rezaba «Encontrarás tus cosas entre mis versos, perdóname», supe que todo había terminado. El primer verso que me dedicó indicaba justo lo contrario.
Tus rimas
regando las flores de mi vientre,
despertando de nuevo mariposas
sin ser de ello consciente.
¿Qué nos separa, dime?
Salvo la distancia y el tiempo.
¿Qué somos ahora, dime?
Sino amantes desconocidos
compartiendo un amor eterno.
De tus poemas surgen sentimientos,
¿o son el fin, origen de lo no-nuestro?
Y es que tus palabras, inocentes,
de las que no conozco ni su olor
son caricias complacientes
que ya forman parte de mí
dotando a mi alma de otro color.
Déjame entonces que confiese
sin más rodeos ni rimas
cuánta pasión despiertas
cuando viertes tu tinta.
domingo, 29 de mayo de 2011
El siguiente
Un muchacho alto de flequillo desmechado se sentaba frente a ella con cierta tristeza.
―¿Trae el impreso 35?
―Ni he oído hablar de él...
Ella, saltándose la norma de escurrir el bulto y pasarle el marrón a otro, decide buscar entre sus papeles el impreso citado. Sin mediar palabra, lo rellena y le añade los anexos necesarios para que al muchacho le den la ayuda que solicita.
Él sonríe y le dice: «Le deseo una vida larga y feliz».
La última palabra la tiene El Creador
Adela nació de los sueños,
mecida entre palabras y algunos versos,
mamó ilusiones y creció feliz
junto a otros de los cuales
ya no recuerda su nombre.
Fue protagonista de un sinfín de aventuras,
creció entre flores,
respirando fragancias de pasiones.
Maduró convirtiéndose en la mujer más hermosa.
Tuvo amantes, amores y desamores,
a los que entregó su corazón.
Decidió tomar rumbos inesperados
y a todos sorprendió
cuando decidió ir por su cuenta.
Pero el Creador es caprichoso
y por ese lance no pasó,
decidió castigarla y su vida terminó,
dejándonos el corazón desolado,
cuando Él pronunció la palabra:
«Fin».
domingo, 22 de mayo de 2011
Rima asonante
paseando por tus versos
renuevas mariposas en mi vientre.
Se despiertan palabras que olvidadas
en rima libre, desordenadas,
se empeñan en acceder
disfrazadas de verso asonante
a la rima más absurda
del desconocido amante.
La distancia entre los vocablos,
cada punto y a parte,
todas y cada una de las comas
como caricias suaves
recorren el folio de mi cuerpo en blanco.
¿Quién?
―Sara, no te vayas...
Ramón le rogaba a su esposa entre sollozos mientras ella agarraba fírmemente su maleta y salía por la puerta sin mirar atrás.
―Te lo ruego, te suplico... No me dejes.
La mujer se detuvo. Él sorbió con fuerza y se recompuso. Ella, sin volverse a mirarlo, le preguntó: «¿Por qué?». Ramón dudó solo un instante y respondió convencido:
―Te necesito, cariño ¿Quién mantendrá la casa? ¿Quién cuidará de los niños? ¿Quién me preparará la ropa cada mañana? ¿Quién hará la compra? ¿Quién llevará el gato al veterinario?...
―¡Pero mira que eres toooonto!
3, número de mal agüero
Sale todas las mañanas plantando siempre primero el pie derecho, evita pasar bajo escaleras y jamás acaricia un gato negro. Enrique es conocido entre sus amigos como Tyche, diosa griega de la suerte. Esto le cabrea más por el guiño femenino que por el cachondeito de la fortuna siendo como es un supersticioso de cuidado. Prefiere confiar sus pasos a la mística y la magia que atribuir los logros a sus méritos propios, y cuando las cosas van mal siempre tiene una explicación lógica: cuando cogió el ascensor esta mañana hizo más de tres paradas antes de llegar al bajo.
Nombres de amor
domingo, 15 de mayo de 2011
Maldigo la esperanza
Alimenté la esperanza que necesitabas, te regalé la que yo sentía; a pesar de mis buenas intenciones, quiso la suerte castigar con muerte su destino.
No quiero ni imaginar cómo has de sentirte. Parte de mi corazón está contigo, acompañándote en la tristeza del duelo y ofreciéndote cobijo.
Llora lo que necesites, ahoga el desconsuelo. Trae a tu memoria solo los buenos momentos y amárrate a ellos con todas tus fuerzas, aún te quedan.
Y perdóname, no debí alentar tu fe, pensé que hacía lo correcto y solo aportaba más silencio.
Déjame que maldiga la esperanza por alimentar tu desaliento.
lunes, 2 de mayo de 2011
Perfectos amantes
domingo, 1 de mayo de 2011
Felicitación maternal
Te escribo para decirte, para recordarte, que te quiero. Que la distancia y el tiempo que nos separan refuerzan los hilos invisibles que me unen a ti.
Quisiera regalarte todo aquello que desees, poner a tu disposición cualquier cosa que necesites, pero ya sabes que tampoco voy sobrada de recursos. Así que de momento tendrás que conformarte con mis palabras y el cariño que te profeso que, mientras mantenga el aliento, siempre te tendrán presente.
Si alguna vez herí tus sentimientos, perdóname; jamás quise ofenderte
Te subscribo mi lealtad incondicional y mi admiración.
¡Feliz día de la Madre!
Reencuentros
Bastaron unos pocos silencios para saber que lo nuestro había terminado. Tantos años compartiendo el mismo techo, la misma cama, el mismo camino día a día. Nos habíamos vuelto dos desconocidos sin saber cómo. Aquella tarde recogí lo más necesario, algunas fotos y mis cuadernos de notas. Saqué la maleta y me dispuse a colocarlo todo. Fue entonces cuando encontré tu primera carta con aquel mechón de pelo. Me senté a leerla y descubrí que, a pesar del tiempo y las diferencias, deseo seguir a tu lado aunque eso suponga volver a empezar de nuevo las veces que sea necesario.
Una esperanza
miércoles, 27 de abril de 2011
Viviendo en background

Hoy toca vivir otra vez de la tristeza y no, no estoy con la regla, no es por el cambio de tiempo ni tiene que ver con la todavía convalecencia de mi lesión. Simplemente es la misma sensación que vuelve regularmente a recordarme de la materia que estamos hechos: la indiferencia.
Llevo ya unos días viviendo en background, disfrazando sentimientos, persiguiendo una felicidad que se resiste a llegar. Sobrevivo detrás de mi sombra, ejerciendo como tal de mí misma. Soy el reflejo de lo que siempre he querido ser y no consigo. Me siento como el televisor de mi salón, con el led rojo iluminado, diciendo en silencio que está ahí, paciente, esperando la señal, consumiendo recursos propios y ajenos, pero sin transmitir nada; solo negro.
Algunas veces quisiera desconectarme para siempre y olvidarme de anhelar esa realidad que solo aparece cuando presionas el botón adecuado del mando. Otras, quisiera pasar al primer plano, ocupar de nuevo el lugar que me corresponde, pero cómo hacerlo cuándo no estoy segura de cuál es mi sitio.
Supongo que el origen de esta sensación es el propio eco de mi voz, que resuena en esta caja tonta que es mi boca. Taponados los oídos desde mi última infección, taponada la nariz por la dichosa alergia, solo me queda cerrar los ojos y apretar los labios para hacer resonar, como una pelota rebotando contra el suelo, cada uno de estos sentimientos que me hacen permanecer en mi trastienda.
viernes, 22 de abril de 2011
Las virtudes del Sol y la Luna

Cuenta una antigua leyenda que de la unión del Sol y la Luna nacieron los gatos. Los felinos se amamantaban de su madre y dormían el resto de la noche. Durante el día jugaban sin parar hasta que su padre, harto de saltos y travesuras, los castigó en un rincón. Cuando los más pequeños comenzaron a llorar desolados, el Sol los cogió entre sus brazos y, con mucho cariño, los arrulló hasta dormirlos.
Desde entonces los gatos prefieren la vida nocturna, disfrutando durante el día del cariño de su Padre y durante la noche de la paciencia de su Madre.
sábado, 16 de abril de 2011
Suicidio colectivo
Pues no. Yo ya me he cansado. Y mi obsesión está tomando cuerpo. Ya tengo prevista la fecha en la que pondré fin a mi vida.
Es curioso... Mi miedo a la muerte, sobre todo a la ajena, siempre me ha hecho plantearme qué haría sin mi amado, sin mi madre o mis hermanos, sin toda esa gente a la que tanto quiero. Pero nunca me había parado a pensar cómo será su vida, vuestra vida, cuando yo ya no esté aquí. ¿Me echaréis de menos? ¿Me lloraréis? No quiero que lo paséis mal, que vuestra vida se detenga por esta decisión mía.
Así que he pensado, porqué no, que os vengáis conmigo al más allá. Podíamos organizar un suicidio colectivo, así en masa, y todo el que lo pase mal por...
... mi ausencia,
... la tuya,
... la de tu hermano,
... la del amigo de tu hermano,
... la de la madre del amigo de tu hermano,
... la de la amiga de la infancia de la madre del amigo de tu hermano,
... la vecina de la de amiga de la infancia de la madre del amigo de tu hermano,
... el compañero de clase del hijo de la vecina de la amiga de la infancia de la madre del amigo de tu hermano,
... mi etc.,
... tu etc.,
... el etc. de tu hermano,
... el etc. del amigo de tu hermano,
...
Y así hasta acabar con la raza humana. Pues eso, «suicidio colectivo». ¿Qué tal os viene el 8 de Mayo? Es que el día de antes no puedo, me hacen la resonancia.
viernes, 8 de abril de 2011
Esperanza de metro
En el vagón una gitana iba leyendo la buenaventura a cualquiera que le cediera su palma. Al arrancar la máquina tras la última parada, se agarró a la barra para no caer. Ya en marcha, asió la mano más cercana sin reparar en su propietario.
La gitana, concentrada, seguía cada línea de la mano:
―Eres una mujer afortunada, tendrás una vida muy larga, muchos hijos y un amor que no te dejará jamás.
Después de haber perdido a su marido, irse a vivir con su único hijo y con setenta recién cumplidos, Elena se llenó de nuevo de esperanza.
miércoles, 6 de abril de 2011
Los Ángeles
Perdí la fe en Dios cuando dejé de creer en los hombres. No puedo entender que alguien que así mismo se dice «humano» cometa actos tan atroces como el maltrato y el abandono. Si Él nos creó a su imagen y semejanza, debió mirarse con soberbia al espejo.
Pero hay Ángeles en la tierra, caminando entre nosotros, con un corazón tan grande que les convierte en verdaderos Humanos. Ponen un plato más a la mesa, se aprietan en su casa para dejar hueco a otros y, sobre todo, le dan a los indefensos la ley que merecen. Qué pena que sobre ellos recaiga la responsabilidad que algunos decidieron dejar en una cuneta, ahorcaron con su propia soga o arrebataron a golpe de escopeta sin piedad la vida.
A veces pesa demasiado ese trabajo y cuando la esperanza se escapa a la misma velocidad que la luz, cuando su lucha queda en pelea perdida, entonces la fuerza se transforma en rabia.
Sabrás que un ángel viste de luto cuando en días como hoy, cuando un corazón indefenso se detiene para siempre, las nubes ocultan el sol y el viento se para en seco. Verás que el Humano se torna en grises, se convierte en tormenta y derrama lágrimas de tristeza.
Tras la tempestad llega la calma y con ella la misma realidad. Sois los Ángeles quienes debéis continuar la batalla pues seguirá habiendo almas hostigadas por desalmados, sois la última esperanza de esta, nuestra raza mancillada.
Dedicado a Mª Luisa, de la Protectora de Malagón, y a su lucha por Ares.
martes, 5 de abril de 2011
Re-valoración
(Léase rápido, con cierta sorna y/o cachondeito...)
―Me caí. Sí.
―¿Te caíste?
―¡Vaya! Buen piñazo me di.
―No me digas.
―Ya te digo.
―¿Y qué?
―Pues aquí me tienes.
―¿Vas para mucho?
―Como poco otro mes.
―¿Y cuánto llevas?
―Ya van dos.
―¡Madre mía!
―La tuya y la de todos.
―Chica, qué paciencia.
―A kilos la fabrico.
―Pues sí, falta te hace.
―Eso y otras cosas.
―¿Y el médico?
―En su casa, supongo.
―¿Qué te ha dicho?
―Que vaya sin muletas.
―Pero llevas una.
―Toma, claro.
―¿Y la rehabilitación?
―Todavía esperando.
―¿Te han visto?
―Sí, unos cuantos.
―¿Y qué te han dicho?
―Que coja las dos muletas.
―Pero llevas una.
―Ya van dos...
―Una solo...
―Ni pa ti ni pa mí.
―¿Entonces?
―Me han llamado esta tarde.
―¿Para la rehabilitación?
―Sí, bueno no.
―¿Para qué?
―Para otra valoración.
―¿Otra?
―Sí, otra.
―Entonces...
―¿Entonces qué?
―Pues que no es valoración.
―¿Qué es?
―RE-VALORACIÓN.
miércoles, 30 de marzo de 2011
Dolor de cabeza
Vino a quedarse para siempre a mi lado. No somos amigos a pesar de compartirlo todo. Si por mí fuera lo habría dejado fuera de mi vida hace ya mucho tiempo, pero no puedo, no sé cómo decirle que se vaya. Desespero cada vez que se empeña en manifestar su presencia; de nada valen los calmantes, la cama y el silencio. Mi dolor de cabeza es mi asesino constante, mi obscuro pasajero. Cuando viene a sentarse a mi lado solo queda esperar a que se canse de mis quejas, pero tiene más paciencia que yo. No sé cómo acabará esto.
sábado, 26 de marzo de 2011
Causas del cambio climático
Laura controla el tiempo. No las horas o minutos, sino las nubes y el sol. Solo ella decide cuándo lloverá, esos días en los que se levanta triste. Y en los días de tormenta se oyen voces y golpes en su casa; cuando se siente el portazo sé que ella escapa. Pero tras la tempestad no llega la calma, solo llegan más lágrimas. Aún recuerdo los días de sol, las tardes en las que podías encontrarla jugando con sus pequeños en el parque. ¡Qué lejos quedan ya! Y es que la soledad tiene mucho que ver con el cambio climático.
jueves, 24 de marzo de 2011
Amor eterno
Ahora, justo al final, quisiera decirte tantas cosas... Pero no queda tiempo, acércate, déjame ver la luz de tus ojos antes de que se apague la mía. Déjame entrar una vez más en tu alma y abrazarme a ti. Quisiera quedarme para siempre a tu lado, pero no puedo. Las voces del más allá me llaman insistentes, me ha sido mostrado el camino. Ha llegado mi momento, debo dejarte. Te esperaré al otro lado si realmente hay algo; si no, déjame permanecer en tu memoria hasta que el paso del tiempo considere oportuno. Te quise, te quiero, te querré eternamente.
martes, 22 de marzo de 2011
Déjame un beso
He amanecido inquieta, sola en la cama. No sé qué hora era, ya llevo varios días descuidando los horarios por causa de la escayola.
―¡Dichoso yeso! ¿Cuándo volveré a ser persona?― me digo cada mañana frente al espejo.
He agarrado las muletas y me he dirigido a la cocina. Queda la huella de tu desayuno: la taza vacía y las migas de la tostada. He recogido lo poco que había, arreglado a las gatas y vuelto un día más al sofá. Me he acoplado con cuidado porque ya empieza a dolerme la espalda de estar tanto tiempo sentada.
―¡Qué aburrimiento, por favor!―, desespero.
Las gatas me mira con cierto descaro, como sabiendo que no puedo correr tras ellas. Lo veo en la mirada de Java, que se acerca a las cortinas mientras me mira de reojo. Le he enseñado las zapatillas un par de veces y, de momento, parece que funciona la amenaza.
Las horas pasan despacio, tan lentas que casi puedo deletrear los segundos. Gris y Java se han acoplado una a cada lado de mi pierna inmovilizada y dormitan tranquilas, creo que me uniré a ellas.
De nuevo el mismo sueño: conocidos y desconocidos que se cruzan en conversaciones sin sentido, y de pronto tu voz. Esta vez suena más lejana, más pausada. Te oigo llorar, te oímos todos. Despierto. Los animales siguen durmiendo.
Hace ya un buen rato que no miro el reloj, no tengo ni idea de qué hora es y tampoco me importa, la verdad, no tengo prisa por ir a ninguna parte. Pero me gustaría que volvieras pronto a casa, este sueño me inquieta.
Gris levanta la cabeza y me mira.
―¿Crees que vendrá pronto a comer? ¿Pero qué hago hablando con la gata?
Ella me mira fijamente y emite un ruidito mientras bosteza.
―Ya, tienes razón.―Le digo convencida pues en su expresión he leído «Puedes esperar sentada».
¡Qué largo se hace el día entre la espera y la apatía! He intentado llamarte un par de veces, pero tu teléfono está apagado o fuera de cobertura, lo mismo que el de mi madre, el de mi hermana y hasta el de la cita del médico. Esto empieza a mosquearme. He mirado el correo y no hay nada nuevo desde hace un par de días, ni siquiera en Facebook. Nada, parece que el tiempo se hubiera detenido.
¿Estaré soñando? Esto cada vez se parece más a una pesadilla, y con los nervios he optado por tomarme alguna de las muchas pastillas que estoy acumulando desde hace algún tiempo. Sé que no debería, pero cada vez estoy más intranquila. A las gatas no parece afectarles mi estado, ¡qué envidia! Quisiera vivir como ellas, sin prisas ni obligaciones.
El relajante va haciendo efecto. Ha anochecido y no tengo ni hambre, ni siquiera recuerdo la hora de la comida; debe haberse pasado por efecto de las pastillas. Creo que hoy haré dieta obligada. Necesito dormir y olvidarme de ese horrible sueño con el que desperté esta mañana. Si llegas pronto, despiértame, quiero estar un rato contigo, necesito un abrazo de esos tuyos que tanto me gustan. Si no, ya te veo mañana. Pero déjame, al menos, un beso.
...
Hoy he pasado la peor noche de mi vida, entre sueños oía tu voz... De nuevo el mismo sueño...
lunes, 21 de marzo de 2011
Palabras
de sentimientos que fluyen en versos,
mezclados con la sangre y los pensamientos.
Son en distintos idiomas, tamaño o forma,
lo tangible, lo masticable y se atragantan
cuando provocan dolor y maltratan.
Son de cada uno de nosotros la muestra,
el desaliento, nuestro legado del pasado,
hacen y deshacen a su antojo.
Son la fe no dicha ni escrita ni pronunciada,
son pensadas y sentidas, anodinas o poderosas,
pero siempre imprescindibles, necesarias.
Las Palabras
martes, 15 de marzo de 2011
Para Bichi

tan suave, tan mimoso, tan pequeño.
Junto a mi corazón le llegó el sueño,
lo eterno de la muerte entre mis brazos.
Ha dejado en mi piel miles de besos
y miles de sonrisas en mi boca.
Su hermana está buscando como loca
al compañero amigo de sus juegos.
Le echaremos de menos cada día,
oiremos sus ligeras expresiones.
Hallaremos por todos los rincones
sus escondites llenos de alegría.
Parece incomprensible. Quién diría
que se unan tan distintos corazones.
Porque Bichi supo hacerse hueco en la memoria y el corazón de muchos...
miércoles, 9 de marzo de 2011
Adiós mi niño
Se terminó el sueño, la paz; comenzó el insomnio y la batalla. Ahora toca continuar el camino escribiendo cada línea con una palabra de menos: Bichito.
Ahora necesito tiempo para llorarlo, para hacerme a la idea de que se ha ido...
sábado, 5 de marzo de 2011
Aún soy vulnerable

Vamos, golpea, no tengas miedo. ¡Vamos! ¿Acaso eres un cobarde? Golpea donde quieras salvo en los ojos y en las manos... Rómpeme la boca si quieres, pero así no impedirás que siga diciendo lo que pienso; déjame sorda para evitar escuchar tantas sandeces, lo prefiero, pero recuerda que estoy entrenada para leer los labios; párteme las piernas si lo deseas, tampoco pensaba huir a ningún lado, estoy dispuesta a plantar cara y defender lo creo honesto.
Respeta mis ojos, los quiero para grabar en mi memoria tu rostro, y las manos para escribir mi venganza.
¡Vamos! ¿A qué esperas? No serás el último en golpearme y tampoco el primero. Estoy rodeada de embusteros, de fantasmas, de actores que saben fingir bien los sentimientos.
Los golpes y las mentiras ya no duelen, al menos por dentro. ¡Golpea de una vez! La única huella que quedará de tu ofensa será un cardenal que se irá con el tiempo, a mi corazón le puse coraza. Solo lo siento por aquellos que no llegaron antes, pues ya no habrá hueco para nadie, ni sentimiento alguno que alivie el vacío que ha quedado tras la traición amarga, el saberme despreciada.
Pero, ¿qué haces? ¿Ahora escondes el puñal? Venías a por mí, ¿por qué te lo piensas? No me digas que te he dado pena porque no es esa mi intención, todo lo contrario. Yo preferiría hacerte reír, que fueras feliz; y a pesar del daño, lo sigo queriendo para ti y para el resto. No más trampas, no me hagas un sitio en tu mesa no quiero compartir tu plato; se acabaron las buenas caras, pero no las buenas formas.
Te doy la última oportunidad: golpea. A partir de ahora pienso ir colocando cada pieza de la armadura hasta hacerme invencible, así que aprovecha que aún soy vulnerable. Cuando todo esto termine solo me faltará cambiar mi corazón por piedra, ¡hasta aquí hemos llegado!
jueves, 3 de marzo de 2011
Somos de madera

El bosque al que pertenezco es muy antiguo. Soy simplemente la rama de un árbol cuyo origen se remonta a principios del siglo pasado. Hay otros muchos, tantos que ya no nos conocemos entre nosotros a pesar de compartir el mismo espacio; solo los más viejos de la foresta mantienen en la memoria los nudos que los unieron.
Somos muchos viviendo en este ecosistema entre raíces, tronco y copa. Convivimos con otros seres vivos, respetándonos, dependiendo unos de otros, alimentándolos y refugiándolos cuando necesitan. Aportamos tiempo al planeta con cada nueva vida, con cada nuevo esqueje, y entregamos la sombra necesaria para el descanso eterno de aquellos que ya no volverán.
De un tiempo a esta parte el bosque se ha visto mermado, algunos huyeron arrancando sus raíces del suelo por miedo a morir despedazados, otros simplemente decidieron esperar y asumir su destino. Pero nosotros no... Todos mis iguales y yo decidimos unirnos y hacernos fuertes; fuimos enraizando nuestras ramas, acoplando cada brazo, ensamblando nuestras hojas en perfecta armonía para crear un muro que ningún mal sentimiento pudiera atravesar.
Así nació la leyenda del «Bosque Animado», ese que decidió alimentarse de los hombres que pretendían destruirlo. Lo que muchos no saben es que jamás nos deshicimos de nadie: asumimos a cada insensato como parte del sistema y le dimos una tarea para su propia supervivencia. Esperamos que algún día el Hombre entienda que él es uno más, un ser vivo con raíces y ramas, y todos formamos parte de la misma comunidad.
lunes, 28 de febrero de 2011
Rosquillas por correo
¡Qué buenas están! Es una receta antigua, aprendida de mi abuela. Saben dulce, a cariño, a todo el que le pone cuando las hace para los suyos. Tienen ese color de horno, tan cálido como sus abrazos. Saben a Gloria :-)
Con los dulces, ha mandado también una cuartilla con poemas; de todos, os dejo el que más me ha gustado, el que mejor la describe:
es muy aburrido,
yo no quiero ser normal,
ser raro es más divertido.
Hoy ha sido un día especial. Me mandó las rosquillas por correo porque esta tarde le tocaba pasar por quirófano y no podría venir este miércoles, como teníamos planeado.
Con la publicidad que le ha dado «la Aguirre» a su cáncer de mama, que ni mucho menos ha sido siquiera parecido a lo que está pasando mi madre, no hago más que rememorar todos esos momentos que hemos pasado a lo largo de estos 18 meses desde que nos dio la noticia. Han pasado muchas cosas, algunas buenas, otras no tanto. Y ahora, con el pie escayolado y en alto, no puedo estar con ella y eso me duele mucho, pero pienso en las ganas que tiene ella de cerrar este capítulo mientras me como una de esas rosquillas y... No me queda otra que esperar con paciencia a recuperar la normalidad para volver a estar a su lado. Y cuando llegue el momento habrá una pequeña diferencia: ambas estaremos recuperadas.
Una recuperación con rosquillas por correo siempre es mejor.
domingo, 27 de febrero de 2011
Querida Joaquina
Tu experiencia me ha servido en muchas ocasiones, tú hombro, más aún; y es que aunque no haya llorado en él, sí que me ha servido de apoyo en muchas ocasiones. Has entendido bien las razones de algunos sentimientos y resentimientos que venían golpeando mi corazón desde hacía mucho, me has escuchado cada vez que la rabia me hacía escupir esta desazón y, al fin, seguías ahí después de la tormenta.
De un tiempo a esta parte, desde que te uniste al gremio de los escritores, nos une algo más que las conversaciones habituales. Te atreviste a coger el papel y el boli, a destapar tu particular caja de los truenos y dejar salir mucho de lo que tenías dentro. Ahora que has mejorado notablemente tu redacción y caligrafía, escribes cuentos y versos, y hasta te has animado a escribir una novelilla.
Me siento orgullosa de ti, de tu valentía y de tu empeño. Tengo suerte de tener a gente de tanto talento cerca.
Te dejo, que tengo que preparar la cena. Disculpa si no es una carta al uso, es la primera que te escribo, espero que no sea la última.
Con cariño.
sábado, 26 de febrero de 2011
Mi reflejo
miércoles, 23 de febrero de 2011
Querida Rosa
Creo que no nos vemos desde septiembre u octubre del año pasado; en mi última visita os conté lo de mi padre y ahí se paró el tiempo en nuestra relación. En mi memoria, últimamente más de pez chico que de ballena, guardo la imagen a modo de instantánea, pero asociada a sentimientos, sonidos, olores. Es curioso cómo funcionan las cabezas.
A lo largo de todo este tiempo que nos separa han ocurrido muchas cosas, entre otras, lo de tu enfermedad y tu ingreso en el hospital. Cómo siento no haber ido a verte, pero mi ánimo no estaba precisamente en todo lo suyo en esos días. Os avisé a todas cuando mi padre murió y fuiste de las pocas que respondió a mi mensaje. Es curioso cómo funcionan los corazones...
Y ahora cuando parece que las aguas vuelven a su cauce, me veo postrada en el sofá, con las ganas que tenía de verte. Tenemos ese café pendiente, ya lo sabes, pero, si no te importa, podíamos pactar previamente de lo que no hablaremos: de enfermedad, de muerte y de tristezas varias, que bastante hemos tenido, ¿no te parece? Además, si como dices «quieres recuperar tu vida», espero de buen grado que me mandes a la porra en cuanto me veas :-)
Ayer mismo estaba pensando en la primera visita que mi marido y yo hicimos a tu consulta. Llevábamos a Gris, ¿recuerdas?, después de pasar su primer celo y con intención de que nos salvaras a los tres de aquel suplicio. ¡Menuda bronca nos llevamos! Y sobre todo, ese comentario tan tuyo mientras recogía al animal de la mesa: «Qué guapa es la gata, pero qué mala leche tiene la jodía»; eres quien mejor la ha definido siempre.
No sé si sabrás que este nexo que me une a ti, este hilo invisible (como mi madre lo llama) tiene fecha de inicio ―espero que no de fin―, el 11 de Agosto de 2009, cuando Peque se durmió para siempre. Hay algo en mi interior que me dice que en aquel momento se creó un vínculo entre las dos; después de un año de lucha constante para que mi gatín saliera adelante, ese día en el que ambas escribimos su final, sé que era la Rosa «persona» además de la «veterinaria» la que me agarraba de la mano mientras salía de la clínica para volver a mi casa con el trasportín vacío. ¡Cuánto te agradezco aquel gesto! No sabes lo importante que fue para mí.
Bueno, eso que había dicho que no tocaría ciertos temas, perdona. Tienes permiso para, cuando me veas, mandarme a la porra y darme un cachete, lo tengo merecido por ingrata.
En fin, que ya sabes lo que te dije en mi anterior mensaje: que te queremos, que te esperamos y que toda esa paciencia que no gasto en mis dolores de cabeza, la reservo junto con mis animales hasta que vuelvas a estar en guardia, porque ¿a quién mejor podría confiar sus vidas que a ti? ¿en qué manos mejor que en las tuyas pueden estar? Si hasta te confié mi integridad cuando fui a que me quitaras los puntos que me dieron en la pierna que, por cierto, sí que dolió, pero poco.
No me alargo más, no voy a darte consejos ni directrices, esta carta solo es para recordarte lo mucho que vales, lo mucho que me importas. Creo que conozco a pocas personas que se tomen su trabajo con tanta intensidad, con tanta fuerza y que, además, sean PERSONA con todas las letras.
Descansa amiga mía, que tienes a otra buena persona cubriendo tu baja, y descuida que los demás estaremos ahí cuando vuelvas al combate.
Un abrazo fuerte, tu amiga.
martes, 22 de febrero de 2011
Querida mamita
¿Sabes que tengo todas tus cartas guardadas? Sí, llevo años acumulando tus palabras y de vez cuando, cuando me entra la morriña, saco tu caja y las releo. Ya son muchos años separadas, desde el 98, cuando me vine a estudiar a la capital; y aunque he vuelto los fines de semana y los veranos, tu casa dejó de ser mía por aquel entonces, y más ahora que tengo la mía propia. Pero volver es importante para mí, estar contigo, sentadas en la mesa camilla de la cocina compartiendo tantas ideas mientras el cielo se torna en colores al atardecer.
No sabes lo que te echo de menos, eso que hablamos prácticamente a diario. Lo de poner el fijo en casa fue un acierto y más Internet. El teléfono es muy útil sobre todo cuando el proveedor te regala las llamadas a otros fijos, y la conexión a la red nos permite mantener otro tipo de comunicación, más íntima, compartiendo secretos que quedarán entre nosotras y Gmail. Pero no solo eso, las clases particulares que te doy cuando estoy por allí, esas que tanto te gustan y de las que siempre te quejas porque dices que no eres capaz de asimilar tanta información. ¿Qué no? Ya quisieran muchos tener tu iniciativa y tu capacidad de adaptación a ese sistema operativo llamado Debian que los windoseros solo ven como rarezas de frikis. Has aprendido a manejar su entorno, sus programas y el navegador; y con él, has aprendido a manejar el correo electrónico y has creado tu propio blog. ¿Te parece poco?
No te preocupes si olvidas algún detalle, es normal, a mí me pasa a diario. Ya sabes que para cualquier duda puedes llamarme a casa cuando quieras, además con mi lesión sabes que me pillas seguro; recuerda tener paciencia en los tonos que me cuesta moverme y tardo un poco en llegar al aparato.
No te voy a hablar de mi pie porque hay pocas novedades, te hablaré de mí en general. Sigo postrada en el sofá, cansada de no poder salir y con dolor de culo por no poder coger otra postura que no sea la de estar sentada. Me duele el tobillo, no tanto como al principio, pero sigue molestando para que no me olvide de él. Ya son 22 días así, con alti-bajos, es inevitable. Cada vez que tengo médico pienso que saldré de la consulta andando, pero después de la visita al especialista mis expectativas no están en su mejor momento.
Gracias, no sé si te las di el otro día, creo que no. Muchas gracias por venir con nosotros al hospital. No sabes la falta que me hacía vuestra compañía en ese momento. Y es que aunque mi lesión no sea cuestión de vida o muerte, me tiene a ratos sí a ratos no atrapada en la tristeza. Ya sabes que suelo tender al pesimismo y esto ayuda bastante. Aunque últimamente le he sacado un par de chistes a mi letargo, eso de: «aquí estoy con la pata estirada, que no estirando la pata». Hay que mirar el lado positivo, si es que lo tiene.
Escríbeme pronto, quiero saber cómo estás, pero sin disimulos y palabras justas. Ya sabes que estoy contigo en todo lo que hagas, salvo los deportes de riesgo que ya tienes una edad. Los recitales de poesía, las maratones de lectura, las charlas de filosofía y, sobre todo, las actividades en las amas de casa; asiste a todo eso y a más, si puedes. Aprovecha ahora que no te espera nadie en casa, ve a todo lo que te guste, a todo lo que te haga feliz; disfruta de la vida que para eso está. Y escribe, saca tus libretas improvisadas, esas que te montas con papel reciclado y un poco de lana; prepara el boli y empieza, yo estoy impaciente por escuchar cualquier nueva idea que se te ocurra.
Lo malo de escribir aquí es que no se acaba el folio... Y no es que quiera acabar ya la carta, pero espero visita, así que, de momento, lo dejamos hasta que me respondas o mi pie dé síntomas de dejarme volver a andar ;-)
¿Recuerdas cómo acababan tus cartas sobre papel? Con besos, muchos besos, pequeños y apretados por falta de espacio.
Tu hija que te quiere...
Cartas. Justificación
Una lesión que te paraliza, que te deja anclado entre cuatro paredes, da mucho que pensar.
Hablo a diario con mi madre y algunos días con mi hermana, chateo con mis amigos e intercambio correos con contactos a los que hace más tiempo que no veo. Y escribo, escribo mucho, sobre todo «tontás», que no «tontadas» (no aspiran a tanto mis ideas).
Así que he decidido escribir cartas porque me gusta y creo que es una de las mejores costumbres que llevo tiempo sin poner en práctica, lástima que no pueda reflejar mi letra tal y como es, tal y como soy; cómo aprovecho el folio y tuerzo muy recto.
Candidatos para el primer destinatario tengo algunos, son todas esas personas a las quiero y admiro incondicionalmente, pero no son muchos, la verdad. Quiero a mucha gente, admiro a otros tantos, pero que aúnen ambos sentimientos...
La primera no podía ser otra que mi madre, la que me indicó el camino hacia las palabras y despertó mi interés por plasmar en tinta cuentos e historias que puedan conmover a otros.
Justificación.
La quiero por muchas razones: es mi madre, mi mejor argumento. Quien la conoce, me entiende perfectamente. Si por cada muestra de cariño que recibe arrojara un vaso de agua a una balsa, esta se transformaría en océano antes de acabar de escribirle. La quiero con todo mi corazón.
La admiro por muchas razones: es una artista, creativa, actriz, intérprete, tiene ese talento genial de llegar al corazón de la gente a través de todos sus sentidos. Es valiente, una superviviente. Es hija, hermana, madre; todas las relaciones que puedas establecer y por las que muchos firmaban para estar al menos una vez cerca de ella.
Podría escribir largo y tendido sobre ella, pero esto no es más que una justificación.
Después vendrá Él, mi compañero, amigo y amante. A quien quiero y admiro en otros sentidos, pero con la misma intensidad.
Y después de él podrías ir tú...
domingo, 20 de febrero de 2011
La lluvia

Me gusta oír la lluvia, casi la siento cayendo sobre mi cara.
Abro la ventana, pero no miro hacia fuera, solo hay un patio cerrado de tristes paredes.
Prefiero cerrar los ojos y volar, dejarme llevar por el sonido del agua golpeando sobre los cristales, navegar por el dibujo sinuoso que deja la estela de cada gota y esperar la caída.
Llegar al final, a lo más profundo, atravesar la tierra y alimentar las raíces.
Y me siento privilegiada, saciando su sed.
Soy agua, el elixir de la vida.
Soy fresca, nueva, como estrella naciente.
Y transformaré la luz en arcoiris cada vez que me sonrías.
jueves, 17 de febrero de 2011
La alegría de la huerta

No sé porqué la mayoría de la gente insiste en que «la alegría de la huerta» es esa persona optimista y alegre cual tomates o pimientos en pleno desarrollo, con su color y su aroma en todo lo mejor... Yo más bien prefiero el sentido irónico de la expresión, ese en el que el susodicho es un ser aburrido que solo genera tristeza, cual espantapájaros en el centro del edén, siempre en la misma postura, vigilando y cuidando de las hermosas verduras.
Pero, ¿por qué no ambos aspectos en un mismo ser? Y es que últimamente me siento como ese pobre mamarracho: siempre en la misma postura, con la pierna estirada y el pie en reposo, vigilando de mis bichos y cuidando que estén bien; y a la vez, soy la alegría, la que le da vidilla a este reino mío de 67 metros cuadrados :-)
Debo encontrar la parte positiva de mi lesión, ¿no?
lunes, 14 de febrero de 2011
Cuánto habré de esperar...
Me siento como un tiesto de flor ornamental, regada de vez en cuando con algo de cariño y el calor de mis gatas para recordarme que sigo viva. Se acoplan sobre mi lecho, caminan a mi paso y duermen acompasando nuestras respiraciones. Pero eso no me alivia el corazón.
Quisiera que alguien me dijera qué demonio se ha acoplado a mi tobillo, ese tan caliente y redondo... Quizá sea un pequeño astro, incubando en el sitio equivocado. Lo único seguro es que me sigue manteniendo atada a mi sombra y postrada en el recuerdo, sin saber cuándo podré recuperar mi altura.
jueves, 10 de febrero de 2011
No quiero seguir lloviendo

Maya se asomó a la ventana; la tarde estaba gris, fresca y algo removida por el viento. Apoyó ambos brazos en el alféizar evitando la pintura levantada por la humedad y dejó caer la barbilla sobre sus manos cruzadas.
―Maya, hija, cierra la ventana, entra frío.― Indicó la madre mientras terminaba de estirar el edredón de la pequeña cama.
―Mamá yo sé lo que hay más allá del cielo, más lejos que las estrellas...
La mujer se detiene un momento y se sienta en el borde del colchón con cuidado. Observa a su hija que, mientras juega con el vuelo de su falda, no cesa de mirar hacia fuera.
―Dime cariño, ¿qué crees que hay allá en lo alto?
―No lo creo mamá, estoy segura. Allí está papá y nos mira todo el tiempo.
La mujer saca un pañuelo del bolsillo y limpia las lágrimas en silencio, evitando que su hija perciba su tristeza.
―Es posible, todo es posible...
Comienza a llover; es una lluvia fina y suave que llevada por el céfiro termina sobre la niña. Maya imagina las manos de su padre acariciándola y sonríe, pero no es más que el agua recorriendo sus mejillas. Después de un rato bajo la llovizna, cierra la ventana y se queda allí, mirando hacia el infinito, secando la mezcla salada del agua y las lágrimas que se le han escapado.
―Papá te echo de menos, te quiero y te querré siempre, pero no quiero seguir lloviendo.
miércoles, 9 de febrero de 2011
El peso de mi dolor
Pero, ¿cómo se cuantifica el dolor? ¿Cómo se mide la tristeza que provoca?
Podría medirse en tiempo: doce días de reposo, con el pie en alto y aguantando el roce de la escayola que ha provocado otras moraduras nuevas. Doce días con todas sus horas aguantando esta condena que por ahora no concreta su fin.
Quizá en espacio: todo ese que ha quedado libre de puertas para fuera. Todo este espacio que ahora ocupo en mi casa: el sofá y la cama.
Y el dolor: hormigueo, puntazas, escozor; la agresividad de mis terminaciones nerviosas tienen muchos nombres, pero es peor el dolor subjetivo, ese que relaciona al individuo con el tipo de lesión. Intento modular mi dolor percibiendo el sufrimiento como algo pasajero, pero estoy aquí y ahora, y en este preciso instante mi dolor pesa como tanto como mi desesperanza.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Poemas de escayola
Solo habían pasado unos días desde mi absurdo accidente, desde la caída que me había confinado en el encierro de mes y medio de rotura. Seis semanas con suerte, según mis amigos, porque esas cosas siempre suelen alargarse.
¿Alargarse? ¿Más aún? Solo pensarlo me ponía los pelos de punta y notaba como chocaban con mi carcelero. Tenía que haberme depilado, pero claro, cómo le decía al técnico de emergencias que me diera unos minutos para arreglarme cuando el tobillo se me hinchaba por momentos.
Total, que allí me encontraba sin muletas, moviéndome por el piso con la silla de despacho que tiene ruedas y lavándome a lametazos, como los gatetes. Con tanto tiempo libre, decidí meterme en este espacio indeterminado que es Internet y navegar hasta ahogarme. De todas las cosas que aprendí fue a hacerme un perfil en Facebook y en pocos días ya disfrutaba de la «compañía» de cientos de amigos. La verdad es que en persona solo conocía a diez o doce, el resto era como aquella canción de Objetivo Birmania en la que rezaba: «los amigos de mis amigas son mis amigos».
Obviamente el tema central de todos los comentarios era mi caída, mi torpeza y mi escayola. Y cuando Cristina dijo aquello del poema, me puse a escribir como una loca, pero no directamente sobre el lienzo; primero debía redactar el borrador. Así que abrí el editor de textos, a la vez que compaginaba mis tareas de amistad y búsquedas en Google, y empecé a escribir todo aquello que se me venía a la cabeza. Escribí sobre mi caída lo primero, con mi desacierto como protagonista; versos sobre el amor que le profeso a mi madre; palabras de desafío, miedos, risas, recuerdos. Salió una extraña y extensa amalgama de ideas que, para mi sorpresa, cuando estaba dispuesta a perfeccionar mi letra, ya había llegado la fecha de retirar la cobertura así que me quedé sin muro donde desnudar mi alma pero gané algo a cambio: tiempo y un millón de versos.
