martes, 19 de julio de 2011

Queriendo sin querer

Habíamos quedado en Atocha, tú llevarías un ramo de rosas rojas y yo un vestido azul. Pero el miedo al rechazo me hizo permanecer a un lado como un simple testigo, expectante. Llegó puntual un muchacho con las flores en el brazo, pensé que eras tú y algo dentro me empujó a acercarme, pero pudo más mi vergüenza; me contuve. Después de casi una hora, se acercó un hombre, tú; le diste las gracias y tomaste el relevo del ramo. No eras alto ni guapo como dijiste, pero me sentí irremediablemente unida a ti por el mismo sentimiento, de pavor.

Soy palabra

Soy...
... palabra en silencio,
... ronroneo felino,
... sueños y recuerdos,
... en tristeza constante.

Pero soy y no soy.


Quiera ser...
... poeta entre versos,
... escritora de vientos,
... verdad ante todo,
... creadora de vidas.

Pero quisiera y no puedo.

De momento, solo quiero y soy intento
de poesía como alimento
pues mamé cuentos y versos
de madre escritora.
Ahora quiero entre rimas
devolverle el favor
y dedicaros a todos
un poco de mi amor,
en palabra o silencios
de todo aquello que nunca nos dijimos,
que jamás nos diremos...

lunes, 18 de julio de 2011

Yo apunto, tú disparas

Salió detrás del atracador a pesar de saber que iba armado. Le persiguió a través de avenidas y callejones hasta que al final se detuvieron a tomar aliento.
―Devuélveme al anillo―, suplicó.
El ladrón se volvió despacio y miró al muchacho a los ojos. Lentamente se echó mano al bolsillo y en lugar de sacar la alianza, sacó su pistola. El chico se echó a temblar.
―¿Realmente crees que merece la pena cambiar tu vida por una alhaja?―, le preguntó impasible el delincuente.
El muchacho se abrió la camisa, se apoyó contra el arma y le dijo: «Dispara».

Cariño gatuno

Java se acerca la primera todas las mañanas a darme los buenos días. Arquea el lomo mientras dibuja con el rabo lo que se me antoja un corazón y se concentra en cariños; ronronea con tal fuerza que anula cualquier ruido que haya cerca. Solo se la oye a ella, diciendo en su idioma lo mucho que me quiere. Llevo un par de días tomando nota en mi diario de la diversidad de tonos en los que manifiesta su cariño. Espero poder hablar pronto el gatuno para decirle con algo más que mimos y arrullos que el sentimiento es mutuo.

domingo, 17 de julio de 2011

El final se acerca

Dime que estarás siempre a mi lado,
aunque apenas me conozcas,
aunque no quieras saber más de mí.

Dime que esta locura mía
es el definitivo final del camino
unida a mi corto hilo de vida.

Porque se agota mi tiempo,
porque jamás tuve el tuyo,
comparte mi último aliento.

Dime que me quieres al fin,
aunque sea piadosa mentira,
que siempre fui solo tuya.

Dime que portarás en tu corazón
mi voz triste de palabras rotas
porque llegué tarde a tu vera.

Dime, a qué saben mis susurros
cuando es lo último que dejaré
para ti como humilde legado.

sábado, 16 de julio de 2011

Soy de sueños, soy de mar

Soy océano en calma
cuando visto silencios
y oleaje agitado
cuando rompo el corazón.

Soy inmensidad
de inquietos añil salinos
que partiéndose contra mí
descubren el desconsuelo.

Pero son tus cadenas
que me atrapan, someras,
mentiras encauzadas
de antiguas rameras.

En barcos naufragados,
fantasmas embargados
recurren a sus cantos
para hacerme enloquecer.

Quisiera acabar con todo,
estoy harta de marejada,
cansada de agua en calma,
agotada de humedad.

Sueño volver al secano,
trigo, vid o almendro,
dando frutos a la tierra
olvidando abismos.

Pero solo son sueños.
Estoy atrapada en ellos.
Y ahora no distingo
en qué mundo me encuentro.

«... siempre»

Pensó que jamás volvería a leer aquella carta, pero la consideraba la única salida a su prisión. La recibió hacía ya veinte años y desde entonces la había leído en dos ocasiones: el día que llegó y cuando murió su madre. Aunque tenía familia, una bonita casa y un trabajo fijo, no era feliz. Se levantaba cada mañana pensando en qué habría sido de ella si hubiera elegido otro camino, pero era cobarde, sabía que no era capaz de cambiar la seguridad que tenía por la incertidumbre de un futuro incierto. Abrió el sobre por última vez: «Te esperaré siempre».

La calma

Sé del dolor, me tiene atrapada,
avisando del principio del fin.
Mi parte izquierda, la del corazón,
empieza a perder fuerza, sensibilidad.
Algún día, en algún momento
dejaré de amar con pasión,
permaneceré definitivamente en el silencio
y llegará la calma tras mi tormento.

miércoles, 13 de julio de 2011

Ciega

Adela había pasado varias veces al lado del desconocido camino de su despacho. Aquel hombre, vestido con un mono azul, se dedicaba desde hacía días a la limpieza de las terrazas de su edificio. No se había fijado en él hasta esa tarde cuando, cargada de formularios y carpetas, tropezó con la manguera de agua a presión. No llegó a caer porque él la sujetó por la cintura.
―¿Está bien?―, le preguntó el muchacho mientras se agachaba a recoger los papeles.
Ella, colocándose la chaqueta del traje, terminó de recoger la documentación y tomó el resto de entre las manos del trabajador. No dijo nada, solo le miró a los ojos y sonrió tímidamente. Él se despidió de ella con un «hasta luego» entre dientes.
Ya hacía un rato que había terminado la jornada laboral, pero Adela debía acabar algunos informes. A última hora se acercó al baño para retocarse el pintalabios. No quedaba nadie en el edificio, salvo el personal de limpieza y seguridad en distintas plantas a la suya. No solía asustarse en estas circunstancias, pero oía ruidos que no le eran familiares. Al pasar delante del despacho de Lucía, la responsable de Recursos Humanos, le sorprendió verla acompañada. No fue capaz de reconocer a su acompañante, tampoco le importaba demasiado; pero no era habitual la situación. Se marchó a casa inmediatamente después.
Al día siguiente, cuando Adela llegaba al edificio, le sorprendió ver en la puerta una ambulancia y varios policías. No se detuvo a preguntar. En el ascensor oyó que alguien comentaba el terrible descubrimiento del cuerpo de una mujer en muy mal estado...
―Sí, creo que era de Recursos Humanos, ¿Laura o Loli?―, dijo un administrativo de la planta cinco.
―Lucía―, aclaró Adela.
El resto de pasajeros se volvió a mirarla.
―Aún está viva, pero jamás podrá reconocer a quien le hizo eso―, siguió relatando el muchacho captando de nuevo la atención del resto.
―¿Por qué?―, preguntaron a la vez los demás.
La puerta se abrió en la planta de Adela, pero no se bajó, no descendió nadie.
―Fuera quien fuera su agresor, le arrancó los ojos. La única prueba que tienen es algo que escribió ella antes de perder el sentido, con su propia sangre.
El hombre relataba con todo lujo de detalles la horrible escena: «azul» era la palabra clave.
Adela bajó dos plantas más arriba, temblando. Seguro que fue él, podría haberlo evitado; pensó que debía bajar y hablar con la policía, pero, ¿qué les iba a contar? ¿Qué oyó ruidos? Pasó todo el día encerrada en su despacho, cualquiera podría ser el violador y casi asesino. Ella sabía que era un hombre, pero no tenía más pistas que una simple palabra.
Aquel día las órdenes de empresa eran dejar la oficina a la hora adecuada. Pocos minutos antes del cierre, Adela recogió sus cosas y cuando se disponía a salir por la puerta el desconocido del mono azul pasó por delante de ella. El hombre la miró con cierto descaro y le sonrió. Ella se estremeció, algo le decía que podía ser él quien agredió a su compañera. Se volvió para cerrar la puerta y justo antes de que pudiera dar siquiera media vuelta a la llave sintió un empujón. Cayó al suelo. Antes de que pudiera darse la vuelta sintió un cuerpo fuerte sobre ella, sujetándola por los brazos mientras intentaba forzarla.
―Azul―, pronunció casi sin fuerzas.
Él se detuvo y se apartó despacio del cuerpo dolorido de Adela.
―No te di las gracias, lo siento―, añadió la mujer.
Terminó de descolocarlo. Se subió el mono y cerró la cremallera subiéndola hasta arriba.
―Si vuelves a mirarme a los ojos, te mataré. Solo sobrevivirás a mí si permaneces ciega a mis actos.
Desde entonces Adela es tan cómplice como él cada vez que aquel limpiador de terrazas comete una violación. El miedo no justifica su silencio, solo su ceguera.

Se busca espectador

Se sentó a mi lado. Cada uno llevábamos nuestro propio acompañante, pero los asientos contiguos nos convirtieron en un solo público con un mismo interés. Durante la película rozamos las manos en más de una ocasión disculpando solo las tres primeras; compartimos algunas miradas cómplices y al final acabé ofreciéndole mis palomitas. Solo cuando se encendieron las luces nos descubrimos. Intentamos retrasar la salida lo máximo posible buscando una excusa para presentarnos, pero acabamos abandonando la sala invitados por el vigilante. Desde entonces he vuelto todas las semanas a la misma sesión y sala, pero no he vuelto a encontrarle.

martes, 12 de julio de 2011

Entre la vigilia y la narcosis

Sobran palabras, explicaciones.
Faltan halagos y disculpas...

Hoy es un día perfecto para despedirse o que te despidan.

Porque algunos estamos de paso por un camino sin fin, que no lleva más que a otra parte,
... y de ahí a otra más, pero sin ver un destino claro es difícil decidir, ¿sigo adelante o me planto? Porque las dos a la vez no se puede, porque depende del día e, incluso, del minuto
por el que ese pensamiento atraviese tu cerebro.

... ¡Y qué más da si siempre nos quedan los sueños!
( ) Y soñar el gratis, eso es bueno,
( ) no necesitas presentar
( ) ni solicitud ni fotocopia del DNI;
-> Marque la casilla adecuada

Simplemente te sientas a esperar a que esas palabras, las que sobran, lleguen disfrazadas de otras.
...
No importa que hoy sea un día de mierda ni que lo fuera ayer ni si lo será mañana. Siempre me queda la noche rebosante de esperanza y ese momento, justo entre la vigilia y la narcosis, donde encontraría el valor para ser lo que quiera ser.
... Solo me falta saber lo que quiero ser.

Y
quiero
ser
poeta,
escritora,
silencio,
palabra
... pero no de la que sobra. Quiero ser...
leída,
esperada,
publicada,
amada.
... quiero estar presente. Quiero tomar...
cuerpo,
forma,
sentido,
presencia.

... Pero, solo queda eso: esencia de lo que quiero y no sé.

¿Se puede pasar directamente al sueño? Presente la solicitud adjunta.

lunes, 11 de julio de 2011

A tu vera

Es caprichosa la perspectiva
que nos invita a mirar fijamente
a la línea del horizonte
y todas las líneas nos dirigen
hacia el mismo punto y final.
Porque es allí donde todo acaba
y nada empieza.
Por más que algunos se empeñen
en hacernos creer que es el lugar
donde nacen las esperanzas,
donde hallaremos el beso perfecto,
es mi deber desengañaros
porque es solo una ilusión,
una conspiración urdida
por el plano y nuestra retina.
Si crees que mirar hacia adelante
es el único camino,
prueba a mirar a los lados;
igual me encuentras cerca,
cogiéndote de la mano.

sábado, 9 de julio de 2011

La cura para la humanidad

No son las terribles enfermedades, el odio o las armas... El cáncer que amenaza la evolución humana son los secretos. Una vez que empiezas a guardarlos ya no hay solución. Creerás que no causan daños, pero es al revés; cada que vez que creas uno, el resto se acoplan y acomodan para hacerle sitio, y en tu corazón se muere algo de lo que te unía a la realidad. Si tu propio nombre es un enigma, pierdes la identidad y todo se acaba. Si solo tienes secretos estás perdido porque aún no se ha encontrado cura para descubrir la verdad.

viernes, 8 de julio de 2011

Bajo la lluvia

Nos encontramos al mismo lado de la acera, esperando a que el semáforo se pusiera en verde. Llovía. Yo llevaba paraguas mientras tú te colocabas bajo las ramas del árbol para guarecerte, pero servía de poco. Aquel minuto transcurrió más lento de lo habitual. Me sentía fatal viéndote empapado; me acerqué a ti y te ofrecí protección. Justo cuando te colocaste a mi lado, la señal nos dio paso. Cruzamos despacio, disfrutando ambos de la compañía, sin mediar palabra. Al llegar al otro lado te despediste y saliste corriendo. Me quedé allí observándote hasta que te perdí bajo la lluvia.

Estos versos no son un cuento

En cada comienzo escribía tu nombre.
Aparecías cada día en cada verso.
Fuiste la razón de todos mis relatos.
Te inventé en cada declaración de amor
donde todos los personajes al final
cenaban en festines de perdiz.
Pero algo se nos debió indigestar.
Ya no huelen igual los colores.
La tormenta se ha adosado en mi jardín.
No hay damas, caballeros ni hadas,
solo brujas malvadas y troles.
Sea como fuere, ha cambiado el cuento.
Ya no termina con fiesta y algarabía,
ahora solo quedan silencios en los rincones.
Y tras tantas y tantas ilusiones,
detrás de cada uno de los inicios,
solo quedaban dos posibles conclusiones:
tomar caminos separados o la muerte.
Como para ninguno llegó la parca,
entendimos que se alejaron ambas sendas.
Jamás podré desandar lo ya andado,
para eso te necesitaría a mi lado.
Así que ahora inicio mis narraciones
de un modo distinto, justo al revés
pues sé que así siempre acabaré feliz,
diciendo con la esperanza de antaño:
«En cada comienzo escribo tu nombre».

jueves, 7 de julio de 2011

Las lágrimas de mi reflejo

Me he cruzado con ella esta mañana, hacía años que no la veía. Apenas la conocí, ha cambiado mucho. Fuimos juntas al instituto y ya entonces marcaba diferencias. No era especialmente guapa, ni especialmente lista, pero tenía algo en la mirada y un cuerpo algo adelantado a su edad que le daba la oportunidad de tener al chico que quisiera. Los años y los hombres la han tratado mal. Sé que se dio a la bebida. Empezó a lo tonto, con los licorcitos después de las comidas y las cervezas con los amigos. Es fácil que pensara que era la mejor forma de olvidar las penas, yo también lo pensé en su día. Después, convirtió las salidas diarias en normalidad; lo sé porque me la encontré en más de una ocasión. Y cuando al fin bebía cualquier cosa a cualquier hora del día, entonces se convirtió en una alcohólica. Pero no lo hizo porque sí, tenía una razón: jamás lloraba en su estado natural. No importaba que su marido la maltratara ni que llevaran una vida de miserias. Llevaba escrito en su piel más de una tristeza que jamás cicatrizaba: el abandono de su padre, la muerte de su madre, las humillaciones de su hombre... Se sentía tan sola, tan vacía, que las lágrimas se convertían en un lujo que solo se permitía en los estados embriaguez.
Hoy la he visto, de pasada; cuando he pronunciado su nombre se ha detenido frente a mí y ha roto a llorar. Era mi reflejo frente al espejo. He dejado de ser tanto tiempo yo misma ocultando mis miedos, que a penas me he reconocido. Lloraba, pero no sentía cada lágrima como mía. Es una sensación extraña esto de verse atrapada en un cuerpo sabiendo que es el tuyo. He querido volver al pasado, a aquellos quince en el que aún tenía la posibilidad de ser alguien. He cogido un botellín vacío que había sobre la mesilla y lo he arrojado contra el espejo que se ha hecho mil trozos en un momento. Ahora me arrepiento de haber cogido ese cristal y haberme cortado las venas, no tanto por el dolor sino por lo que a lo largo costará sacar las manchas de la alfombra. Debía haberme tomado otro trago antes del arranque de justicia para, al menos, llorar mi ausencia.

martes, 5 de julio de 2011

Carta exculpatoria

Todos lo tacharon de loco, pero yo sé que no lo estaba. Doy fe de ello pues fui testigo junto a algunas otras en más de una ocasión, de su intención por librarse de una voz que habitaba en su interior. Y no, eso tampoco es síntoma de demencia, sino de una enfermedad que no tiene cura salvo la liberación.
Aquella mañana, harto de escucharle, decidió poner fin a su amplia y exitosa carrera de escritor. «Estoy cansado de tus historias, prefiero volver al anonimato que seguir contando tu ficción», dijo convencido, y se dirigió a la azotea del edificio más alto. Una vez allí, gritó con todas sus fuerzas: «¡¡Fuera, fuera de mí!!», pero solo consiguió el eco de una risa malvada del ser que lo poseía, que lo inspiraba. Visto que solo con la potencia de su voz no servía para librarse de él, echó un pie atrás para impulsarnos con más violencia... «¡¡¡ Fuera !!!». Aquel grito desgarrador casi lo dejó sin aliento a la vez que todos los que se encontraban cerca se percataron de su presencia. La suya y la de la ligera brisa que parecía transporta una extraña risa.
Volvió a intentarlo por última vez cogiendo carrerilla desde el otro extremo de la terraza mientras corría iba gritando como un loco (y digo «como» porque serlo no lo era): « ¡¡¡¡ He dicho que F U E R A !!!!»...
Por desgracia no pudo frenar a tiempo y cayó en picado hacia su muerte.
No daré más detalles, pero esta vez no hubo risotada de fondo, solo la repetición difusa de su deseo de autonomía.
Así que no, no estaba loco.
Firmado: SUS PALABRAS

Para mi epitafio



Compuse tu nombre con las hebras de mi sangre.
Desahucié los recuerdos que no portaban tu rostro.
Porque en el momento en que se acercaba la muerte
quise tenerte aún más presente, sin más a lo que amarrarme.
Pero no existe Dios, ni la vida pasa toda por delante.
No hay luz al final porque no hay túnel en el camino.
Solo obscuridad, silencio, ruina y destrucción.
Y un último aliento, desgarrado de absurda evocación
de lo que no fue y pudo haber sido nuestro.
Que escriban alto y claro en mi epitafio:
«Aquí yace en sepulcro una mujer enamorada».

A luz del lambrusco

Le mandé un mensaje avisando de mi visita a la capital por motivos de trabajo. Él inmediatamente hizo un hueco en su agenda y reservó en un italiano para comer. Allí nos encontramos, hablando de nimiedades. En un momento me alargó su mano como hace muchos años, entonces le ofrecí la mía y pasamos la tarde amarrados compartiendo mesa con otra que deseaba ser su amante y una tercera que después sería su novia. No quise repetir la sensación. «¿Qué hago, te perdono?». A día de hoy mis sentimientos y yo hemos hecho las paces; no por ello mis sueños.

lunes, 4 de julio de 2011

El dulce olor de la muerte

El vaso cayó y en cuestión de segundos se dispersó por el suelo confundiéndose con el agua que portaba. Adela miró hacia abajo, apenas le dio tiempo a reaccionar. Tampoco tenía claro si quería salvar aquel ridículo vaso, uno de los tres supervivientes ―ahora dos― de un juego que tenía impreso en distintos colores mensajes de amor.
Se quedó allí inmóvil, apoyada sobre la encimera. Abrió la mano derecha y dejó sobre un platillo las pastillas de las cinco. Pensó, porqué no, dejar de tomar el tratamiento aunque solo fuera una vez. Tenía una excusa, absurda sí, pero para ella prácticamente todo lo que había pasado en su vida durante los dos últimos años resultaba poco real.
Algo iba mal, empezó a sentir un extraño calor en la pierna. Miró hacia abajo y vio un estrecho hilo rojo descendiendo poco más abajo de la rodilla hacia los restos del líquido. No se asustó, no reaccionó como cualquiera de nosotros lo hubiéramos hecho. Simplemente se dirigió hacia el baño a paso lento, dejando en cada pisada derecha una pequeña marca de su sangre.
Cuando llegó buscó el origen de la herida y sin pensarlo dos veces arrancó el cristal de su pierna. En el trozo se podía leer «Ti amo» escrito en tinta azul, Adela sonrió tímidamente al darse cuenta y pensó en lo caprichoso que es el destino. El corte empezó a sangrar profusamente, pero ella seguía sin sentir dolor, solo ese calor que le subía cada vez con más intensidad. Poco después, a ese calor se unió un ligero temblor que quiso justificar por miedo, pero sabía de sobra que se debía a que había dejado las pastillas en la cocina en lugar de tomárselas puntualmente. Odiaba esa sensación, la odiaba profundamente porque sabía que la medicación la había vuelto dependiente de un horario que no podía saltarse bajo ningún concepto.
Tenía que relajarse sin químicos, debía intentarlo. Se acercó a la bañera y abrió el grifo, eligió una temperatura algo templada. Mientras se llenaba, buscó en los cajones del mueble algo con que frenar la hemorragia. Encontró una toalla blanca de mano, no le importó el color poco adecuado para esos menesteres, y se la ató taponando la incisión. Pareció funcionar.
Se sentó en el borde y rozó el agua, estaba perfecta solo le faltaba un detalle. Cogió un frasco de sales de baño que tenía sobre la repisa y las esparció a lo largo. Aquel complemento de fresas y frutas silvestres tintó el líquido de escarlata. Se desnudó despacio, doblando con cuidado cada prenda. Mientras se metía en el agua, su gata Luna entró en el baño y se subió a la banqueta que quedaba justo a la altura de su cabeza. Adela perdió la noción del tiempo, la temperatura, el olor dulzón y el ronroneo felino, le hicieron caer en un profundo sueño.
Una hora después, justo antes de que la puerta sonara, Luna saltó del taburete y se dirigió hacia el hall donde ya se encontraba Luis. La felina insistía una y otra vez, restregándose contra las piernas del hombre, empujándole hacia el baño. Él, sorprendido de la actitud de la gata, la cogió entre sus brazos y la dejó sobre el comedero confundiendo sus intenciones. Los enseres del animal estaban a la entrada de la cocina y solo cuando se volvió vio los restos del vaso y las huellas de la herida de Adela. Se estremeció.
«¡Adela!», gritó con fuerza mientras salía al pasillo siguiendo su rastro. Cuando llegó al baño se quedó mudo. Sus ojos se empañaron al ver a su mujer bañada con su propia sangre; rompió a llorar mientras se acercaba a ella sin dejar de repetir «Pero..., ¿qué has hecho?». La abrazó y ella sintió su calor. La hizo reaccionar abriendo suavemente los ojos. Le sonrió. Cuando Luis se dio cuenta trató de sacarla del agua, pero se le escurría. Tiró del tapón y volvió a la entrada corriendo para coger su móvil y llamar a urgencias.
Durante ese breve tiempo, Adela pensó en lo absurdo de su muerte. «Es falso», se dijo. No vio pasar su vida por delante, no recordó a nadie de su pasado ni su presente, ni tampoco vio la luz al final del tunel. Simplemente esperó la obscuridad.
Luis volvió con ella. «No te vayas», le dijo. Y Adela, en un último suspiro dejó escapar su vida con un dulce olor a fresa.

domingo, 3 de julio de 2011

Mi último ligue

Se acercó con su mejor sonrisa, copa en mano y colocándose el flequillo con la otra. Adiviné sus intenciones desde el primer momento. El sitio, la hora y el menú propiciaban el encuentro. Debió pensar que era presa fácil porque estaba sola. Se detuvo a mi altura, tomó una ridícula postura de ligue y abrió la boca para pronunciar la frase que habría estado masticando durante el trayecto. Le miré con ojos cómplices y antes de que pudiera emitir un solo sonido coloqué sobre su mano libre mi botellín ya vacío, me di media vuelta y me marché para siempre.

martes, 28 de junio de 2011

Amarnos en silencio



―Dime, mi niña, ¿qué palabras describen tus silencios?

―Miradas pícaras, sonrisas dulces, caricias que despiertan tus sentidos y aumentan la temperatura de tu cuerpo.

―Interesante plática.

―Y las tuyas, ¿qué misterios esconden?

―Mis vocablos, quedos... Responden a gritos, deseosos de tus palabras, con besos indiscretos que recorren tu anatomía, con abrazos interminables y al final, sueño con tu cuerpo, silueta dibujada en mi cama.

―Quizá, querido, deberíamos tener una cita y concretar ciertos aspectos de este mutismo.

―Sí, estoy de acuerdo. Deberíamos mantener una larga y profunda conversación.

―Ssssssss, no más palabras.

domingo, 26 de junio de 2011

Reivindicaciones felinas


Mi nombre es Java, soy una gata, pero no por eso carezco de sentimientos y mucho menos de calor. Desde que empezó el verano, concretamente esta ola de ardor, mi compañera Gris y yo iniciamos una campaña para llamar la atención acerca de lo mal adaptado que está nuestro hogar a esta situación. Reivindicamos nuestro derecho a dormitar sobre un suelo fresquito, independientemente del sitio y la hora.

La primera medida la emprendimos conjuntamente. Cuando nuestros dueños pasaban cerca de nosotras, Gris y yo empezábamos a emitir sonidos extraños, maullidos alargados como quejas interminables, pero estos humanos no saben reconocer un lamento ni aunque se lo pintes. Su reacción: cogernos en brazos y hacernos mimitos mientras coreaban a la vez: «Mi gatita, qué liiiiinda».

No funcionó. Además Gris decidió abandonar, según ella no soporta hacer el ridículo de esa manera. Pero yo permanecí fuerte y decidí tomar una aptitud algo más radical. Hace un par de sábados, justo cuando mi humana pasaba delante de mí, me arrojé al suelo y estiré las cuatro patas hacia el cielo... Vale, igual exageré un poco. Y claro, la reacción tampoco fue la esperada: mi madre me cogió entre sus brazos y corrió como una desesperada escaleras abajo con dirección al veterinario. No se dio ni cuenta de que bajaba en pijama y, lo que es peor, cuando el especialista de guardia dijo que no tenía nada y por eso le cobró noventa euros... En fin, me miró con cara de pocos amigos y me castigó con un baño de agua bien fría cuando llegamos a casa. La temperatura era la adecuada para paliar los efectos del calor, pero recordad, sigo siendo gato.

Cuando me liberé de la toalla corrí por el pasillo como una desesperada para quitarme la humedad que quedaba. Gris me miró y empezó a reírse panza arriba como una loca. Ojalá la hubiera visto mi dueña y se la hubiera llevado también al veterinario, yo pagaba gustosa otros noventa euros si me hubieran dejado mirar mientras le inyectaba algún calmante. Pero no, ella se libró, como siempre.

Estaba claro, nuestro sufrimiento no tendría fin hasta que empezara a refrescar hacia Septiembre. Ya había tomado esta batalla por perdida cuando, ajá, mi dueño se dio cuenta de que el aparato del aire acondicionado que tiene en el despacho (la única habitación donde no nos dejan entrar) no funcionaba. Si él se quejaba estaba todo resuelto. Para rematar la faena y hacerlo sufrir un poco ―solo porque supiera lo que es estar constantemente cubierto de pelo― decidí hacer una pequeña aportación a su insoportable acaloramiento: desde entonces cada noche me subí a la cama con muuuucho cuidado y me pegué a él como una lapa. No tardaba ni cinco minutos en removerse, yo solo necesitaba tres segundos para bajarme de la cama y ocultarme; que volvía a retomar el sueño... Pues otra vez que me subía. Dos noches, solo dos noches hicieron falta para que ayer a primera hora fuera a encargar otro aparato de aire. Y digo «otro» porque el que tenía en el despacho lo han arreglado y el nuevo lo han puesto en el dormitorio, así que desde anoche ya podemos dormir cómodas y fresquitas en la cama.

Ahora solo me falta superar otra barrera: aprender a utilizar el mando a distancia.

sábado, 25 de junio de 2011

¡Felicidades Ángela!


Escritora de cuentos,

creadora de seres de fieltro

de sonrisa amplia y mirada clara,

eres nueva en mi historia,

ahora protagonista de esta,

una entre cien palabras.

Creo que el destino estuvo acertado

al cruzar nuestros caminos,

ahora cuento con un cuento

de recuento de palabras

con una amiga cuentacuentos

que los cuenta a cientos.

No puede ser de otro modo,

eres ilustradora de sueños,

aplicada compañera de risas

alimentando las tardes con torrijas,

propias o ajenas, no importa.

No cambio ni un solo gramo de azúcar

por todo lo que compartimos juntas.

Felicidades por este y los que vengan.

viernes, 24 de junio de 2011

Amor platónico


Volví a soñar contigo. Últimamente apareces con frecuencia escondido entre los personajes de mis sueños. Te has colado en mi subconsciente y ahora no puedo sacarte de mi cabeza. No importa el tono de mi ensoñación, siquiera los sentimientos, siempre estás ahí para ayudar a levantarme si caigo, para sonreír si yo río, para poner el hombro si lloro... Dando luz a mi obscuridad y despertando antiguos deseos. Cómo es posible que una única palabra tuya, aquel reencuentro, hiciera temblar mis cimientos de modo que siendo tan solo una ilusión me crea a tu lado el resto de mi vida.

Reflexión matemática sobre la unidad

Un día alguien viene y dice: «Mira, esto es lo que hay». Aceptas, porqué no, en ese momento te parece la opción adecuada. Firmas un contrato. Con los años hay ciertos elementos de la fórmula que han dejado de funcionar, entre otros, el signo más pierde la verticalidad y ahora solo resta. Y vuelves a plantearte de nuevo tu vida, qué haces, ¿te apartas de la función y te unes a otra ecuación? A mí siempre se me dieron mal las matemáticas, fui por letras puras. Ni los versos ni las rimas han sabido librarme del dilema de la soledad.

jueves, 23 de junio de 2011

La despedida

Se sacó la alianza del bolsillo de la camisa y la dejó sobre la mesa. Ella le miró fijamente, no era capaz de decir nada. Sobre su mejilla, una única lágrima cayendo suavemente.

[Quisiera contártelo todo, pero no puedo]... El hombre le habló sin mediar palabra.

[Ojalá entendieras mis motivos, pero qué puedo decir para que lo entiendas]... Ella intentaba argumentar en silencio mientras se levantaba de la silla apartándola con las piernas. Permaneció allí quieta, solo unos segundos. No se miraron, no se despidieron.

―Perdóname.

[No, perdóname tú]... Pensó sin levantar la mirada y dejándola marchar para siempre.

domingo, 19 de junio de 2011

Mi dolor ha vuelto

Ha vuelto. Anoche creí oír sus risas escondidas en las esquinas obscuras del pasillo, pero ante su prolongada ausencia pensé, ilusa, que eran ecos del pasado en mi cabeza. Pero no, ha vuelto. Debí hacer caso a mis instintos primeros y tomar medidas... ¡Cómo fui tan tonta de pensar que se marcharía para siempre! Ahora viene cargado de odio a enfrentarse a mis remedios, a anclarme de nuevo en la obscuridad. ¿No ves cómo se apaga la luz a la vez que avanzan mis letras?
Me voy de nuevo, rendida, con la batalla inicial perdida, a mi cama. Rescataré aquellos sueños malditos de soledad, agarrotada en el último rincón de mi conciencia y sin respirar, no quiero ningún ruido. Ojalá se canse pronto de mí, ojalá me dejara para siempre.
En esta primera derrota, merecida por confiarme, me armaré otra vez de calmantes y paciencia. Si lo vencí una vez, volveré a hacerlo. Pero, de momento, me voy con mi sueño a otra parte.

sábado, 18 de junio de 2011

Los versos verdes



Aquellos hombres vestidos con sus trajes elegantes, escritores ilustres, reconocidos y con premios importantes, se confabularon contra la joven. Les bastó leer su segundo cuento para darse cuenta de que ella, pequeña e insignificante, sin apenas letras, les robaría su estatus. Tenía tal talento que ni entre todos, ni aún sumando cada línea de sus obras, eran capaces de alcanzarla.
Ella, hija de Leto, sin intención de arrebatarle nada a nadie, se vio atrapada entre el deseo de compartir sus historias y las envidias de los antiguos creadores. Tuvo miedo y a pesar de ello siguió inventando. Y ellos continuaron destruyendo todo lo que escribía, robándole cada idea, cada rima en cada verso; sentados cómodamente en sus tronos, egregios cual deidades, seguían idiosados por aquellos que desconocían la existencia de la muchacha.
Cansada de vivir a la sombra de sus propias palabras en manos de otros, decidió revelarse. A partir de aquel momento, cada noche salía en busca de una pared, un muro blanco virgen de expresión, donde dejaba marcados en tinta verde, entre hojas y ramas de pintura, pequeñas historias y algunos versos, numerando cada sentimiento.
Después de unos días y cientos de sensaciones fueron los propios habitantes de su pueblo los que esperaban su llegada, blanqueando antiguos edificios ya abandonados, disponiendo para ella multitud de folios en blanco deseosos de conocer algo más de sus increíbles personajes, de la amalgama de pensamientos que tan amablemente compartía la desconocida artista nocturna.
Los sabios se indignaron, ante tal osadía cargaron su vergüenza de tizas negras con intención de borrar todas y cada una de las letras verdes. En su primera intención, un niño que los observaba desde la ventana empeñados en sus malos deseos, comenzó a reír señalándolos con el dedo. Ellos, descubiertos, quisieron ocultar sus rostros pintándolos de oscuro con sus propias herramientas, pero la negrura de sus malos propósitos se extendió por todo su cuerpo.
Aquellos hombres son ahora sombras que acechan en la oscuridad de la noche, comidos de odio, olvidados sus nombres, que esperan el momento para atrapar a la muchacha. Pero ella, ha tomado el relevo, porta hermosos trajes de colores, distinguida escritora, generosa con los que la leen recogiendo cada mirada como premios incomparables por todo lo que despiertan sus obras.

Celos

María volvió a cruzarse con él, supo que jamás la amaría, nunca la miraría a los ojos como a su mujer. Sintió celos, la inquietud alimentó su obsesión y decidió matarla; si la eliminaba, ella tomaría el lugar que le correspondía. A la mañana siguiente esperó cerca de la casa, aún no había amanecido cuando la mujer salió cerrando con cuidado la puerta para no hacer ruido. María se acercó y sin mediar palabra le asestó varias puñaladas, le quitó las llaves y entró, subió despacio al dormitorio, se puso el camisón y se acostó al lado de su amado.

En silencio

Al verse atrapada entre tantas palabras que la amenazaban, actuó: se sacó un silencio de la manga y todos quedamos mudos, el griterío calló. Sssssssilencio.
El más viejo se acercó a ella y le preguntó su nombre, pero no dijo nada, solo levantó los hombros y enarcó las cejas al mismo tiempo.
Las mujeres, azoradas al pasado, permanecían al fondo, murmurando de brujas mientras seguían alimentando un montón de ramas secas.
Desandamos lo andado, volvimos atrás, el tiempo de la ignorancia y el miedo a aquello que se sale de la norma, a lo extraordinario. Y ella realmente lo era.

jueves, 16 de junio de 2011

Soy paloma

Tocó mi cintura y me convertí en paloma.

Mis alas se movieron intentando abrazar su deseo,

pero en la confusión del aleteo

él pensó que quería libertad y me dejó ir.

Confundida por el caos de sentimientos,

me dejé atrapar por el viento

perdiendo todo aquello que anhelaba,

apartando de mi vida lo que tenía.

Ahora, atrapada entre el pico y mis patas

solo tengo mis remos para huir

del amor y el desamor que me dejaron

amarrada a este cuerpo de pequeña tórtola.

Cómo decir con palabras lo que solo son arrullos,

que volaría de nuevo a tus manos.

¿Te cuento un secreto?

Los secretos, ellos fueron el origen de aquel desatino. Nacieron inocentes, cual mentiras piadosas, para esconder hechos apenas confesos, nimios, ínfimos, tan tontos que por no tener no tenían ni razón de ser. Pero allí estaban, creciendo al mismo ritmo que amanece y antes de ponerse el sol se hicieron inmensos, ocupando toda su boca. Los secretos, prendados de palabras inconclusas, afectaron para siempre su relación y en lo que dura un día rompieron su estructura, desatornillaron todos los ejes y los dejaron desnudos: a él con su decepción y ella... A ella, la acompañan sus cábalas escondidas de recuerdos.

lunes, 13 de junio de 2011

Sólo preguntaba

¿Cómo? ¿Sólo vives de recuerdos? ¿No fabricas otros nuevos?

¿Dónde? ¿Detuviste tu camino solo porque se acabaron las baldosas amarillas? ¿Quieres que las pinte de colores frescos?

¿Adónde? ¿Adónde dirigiré mis pasos si no sabes hacia lugar que dirigirás los tuyos?

¿Por qué? ¿Por qué este desatino, desvarío sin sentido? ¿Por qué dejaron de brillar tus ojos cuando miran los míos?

¿Cuándo? ¿Habremos de encontrarnos de nuevo? ¿En qué momento, dime, para no perder más tiempo?

¿Quién? ¿Te ha robado otro el corazón que era mío?

¿Cuál? ¿Cuál es el motivo que te obliga de borrarme de tu memoria?

¿Mujer o piedra?

Una mujer llorando... Al fondo se oyó: «¡Qué sorpresa!» Otro soltó el tópico de: «Estará con la regla». ¿Acaso todas las lágrimas de féminas se deben a un desarreglo hormonal? Qué sabrán los tíos de esto. Y si llora, ¿qué? Puede que no sea más que un desorden de ideas, un caos de sentimientos que se empeñan en salir todos de golpe. Deberían poner un dispensador de números en el corazón que aporte algo de orden. ¡Qué asco de sentimentalismos! Reclamo mi derecho como buena mujer a ser piedra en ocasiones y a llorar cuando me salga de los cojones.

Te echo de menos

Se queda dormida entre mis brazos. Apoya su cabeza y sus pequeñas manos fundiendo sus sueños con mi cuerpo. Sus ilusiones corren como ella, alegre, por mi sangre, acelerando el ritmo de mi corazón. Y la veo feliz, saltando entre flores persiguiendo algo que no alcanzo a distinguir. Me levanto en su misma ilusión vestida de recuerdos y la persigo entre la hierba. Cuando por fin la alcanzo lo encuentro a él, allí tumbado, durmiendo plácido a la luz del verano. Laura me mira y deja caer una lágrima sobre su mejilla... «Ya cariño, yo también lo echo de menos».

Soy en verso


Jamás te tuve,
jamás te tendré.
Te escapas como un sueño,
etéreo entre los dedos.
Porque eres palabras
en mis silencios.
Te leo y separo
las comas y espacios
intentando adivinar
en cuál de tus versos
se esconde tu alma
y mi corazón se acelera
cuando descubre
un «te quiero».
Jamás fuiste mío,
ni ahora te tengo.
Pero de entre tus versos
descubro algo:
me siento libre,
sin ataduras
y quisiera volar
hasta posarme en tus manos.
Porque...
Soy de lo que tengo
la mitad
desde que te leo.
Soy de lo que escribo
el doble
desde que te anhelo.

jueves, 9 de junio de 2011

Solo una observación

Si encuentras en tu camino a alguien que te ofrezca ayuda desinteresadamente, una persona amable en sus formas y maneras, educada en todos los aspectos, que comparte contigo sus conocimientos sin esperar nada a cambio... Guárdalo como un tesoro, aunque no sea más que un simple desconocido que te abre la puerta al entrar o te cede su asiento en el autobús. Porque seres de esos quedan pocos y si tal y como dicen en el proceso de supervivencia de la raza solo permanecerán los más fuertes, espero que se refieran a los de corazón. Espero entonces encontrarme con ellos.

sábado, 4 de junio de 2011

Donante de corazón

De la sección de anuncios por palabras: «Necesito donante de corazón. Grupo sanguíneo: 0-negativo. Sé que es un tipo raro de sangre y es que románticos cada vez quedamos menos. Por favor, necesito trasplante urgente por encontrarme en peligro de muerte o receta que cure el músculo roto y las heridas del alma. Estoy abierto a terapias alternativas, ya no me importa edad, religión ni sexo; lo único que deseo es que me amen como merezco, respeten y adoren mi cuerpo. A cambio me comprometo a ofrecer cualquier miembro de mi esqueleo. Para localizarme sigan el rastro de clinex usados».

Seres de humo

Anoche tuve un mal sueño. Tomé consciencia en mi fase REM y me encontré de pie, en medio de una sala blanca, rodeada por un montón de cuerpos sin rostro, seres grises que emitían un leve susurro al acercarme a ellos. Quizá eran almas atrapadas en humo intentado pedir ayuda, pero no era capaz de entender nada. Estaba allí, no podía escapar y por más que corriera en cualquier dirección siempre había más y más entes oscuros. He despertado con la respiración entrecortada y el corazón en un puño; me ha costado darme cuenta de que eran ellos, los silencios.

viernes, 3 de junio de 2011

Neuro-maniática, ¿alguien da más?

Me han dicho muchas cosas en mi vida, pero jamás me habían etiquetado de «neurótica». Reconozco que soy algo maniática e, incluso, un pelín obsesiva, pero nunca me había planteado que mi inestabilidad emocional pudiera catalogarse con similar adjetivo. No es que me pensara perfecta, ni mucho menos, si acaso, perfeccionista. Más bien diría que los cambios de intensidad en mis emociones son el resultado de la alteración hormonal que sufrimos todas una vez al mes. Así que no, no me considero especial, ni tan siquiera una neuro-maniática por más que se empeñen algunos. Soy simplemente una mujer de taitantos.

El perfume

Me ha atrapado su aroma; desde que dejé de fumar los olores se han vuelto esenciales: me es más fácil recordar a alguien por su olor que por su nombre. Y su perfume me ha embriagado. He estado todo el tiempo detrás de ella, a pesar de que llevaba un paso más lento. La cadencia de sus pasos, la suavidad de sus caderas y su aroma, sobre todo eso... Todo me ha hecho pensar en ella como la mujer más hermosa del mundo, quizá la mujer perfecta, mi ansiada media naranja. Lástima que nuestros pasos no llevaran al mismo destino.

miércoles, 1 de junio de 2011

Una decisión importante


Alicia seguía pensando en la pregunta que un rato antes le había formulado su madre: «¿Qué quieres ser de mayor?». Paseaba pensativa acariciando las flores y haciéndose preguntas en alto, suponiendo cómo sería ser veterinaria o maestra...
―Seré veterinaria; cuidé muy bien de los gatitos de Mificú cuando nacieron y le echo de comer todos los días a los peces del estanque, pero no me gustan los perros, me ladran siempre al verme pasar. El san bernardo gordo de la señora Aurelia ya me ha robado varias veces el bocadillo... No, creo que lo de veterinaria no va conmigo.
Cambiaba de opinión al mismo ritmo que caía la tarde.
―Ya lo sé, seré maestra y enseñaré a otros niños como yo a jugar al pillar, a saltar a la comba y a rezar a las cuatro esquinitas de su cama cada noche, pero no me gustan las mates, se me dan fatal las restas y mi maestra dice que es muy importante saber esas cosas... No, creo que tampoco seré maestra.
A Alicia se le agotaban las ideas.
―¿Y policía? Llevan un uniforme muy chulo y ayudan a las personas; el otro día un agente ayudó a mamá cuando un chico muy tonto le intentó quitar el bolso, pero no me gusta su cara, están siempre tan serios... ¡Jopé!
La niña golpeó el suelo con el pie enfadada. No le agradaba verse atrapada en ese dilema. Debía decidir algo ya, además siempre tenía una respuesta para cualquier pregunta que le hacían. «Mamá siempre dice que soy muy ocurrente», pensó, pero, ¿por qué no se le ocurría nada? Se dejó caer enfurruñada.
Después de un rato sentada a la sombra de un gran árbol, jugando con un palito a desorientar a una hilera de hormigas y deshojando margaritas, la niña se levantó sonriendo y echó a correr hacia el porche donde su madre tejía. Atravesó el amplio jardín sin percatarse de que el riego ya estaba encendido y llegó a la entrada de la casa con sus pequeños zapatos manchados de barro.
―Mamá, ya sé lo que quiero ser de mayor, ―dijo la niña llena de emoción mientras se apoyaba en las rodillas de la mujer.
Clara, que hasta ese momento trabaja concentrada en su labor, levantó la vista y la observó.
―Pero niña, ¿dónde has estado? ¿Has visto cómo traes el vestido? ¡¿Y los zapatos?!
Alicia se quitó inmediatamente los zapatos y los dejó en primer peldaño de la escalera, al tiempo que se sacudía la falda del vestido.
―Mamá, no te enfades conmigo. He estado toda la tarde pensando en lo que me has dicho.
La madre, que adoraba a su pequeña, le pidió que se acercara y le dijo con una amplia sonrisa en la cara:
―¡Sorpréndeme!
―Quiero ser palabra ―dijo firmemente la pequeña.
La mujer reaccionó sorprendida. Alicia era la pequeña de sus cinco hijos y ninguno de ellos, cuando les había planteado la pregunta, contestó algo similar...
―¿Palabra? Eso no es una profesión.― Respondió Clara con cariño para evitar causar una decepción a la niña.
―Sí, definiré cada acto, cada acción que las personas lleven a cabo y mi voz se oirá en todo el mundo. Llevaré la palabra «paz» a lo más alto y «respeto» a su pleno significado.
Alicia estaba encantada, gesticulaba exageradamente mientras relataba a su madre los argumentos que el día de mañana la convertirían en una gran «palabra». Su madre apartó la colcha de ganchillo en la que trabajaba y dejó las lanas en un cesto de mimbre a su lado. La pequeña se acercó a ella buscando una muestra de aceptación, sin dejar de sonreír, ilusionada. Clara la recibió en sus brazos con todo el amor del mundo y la subió con cuidado a sus rodillas.
―Pero, cariño... ―acarició la barbilla de su hija y dirigió su mirada hacia ella―, no se puede ser palabra.
La niña se separó por un momento, disgustada y a modo de reto le dijo a su madre:
―Vamos, ponme a prueba.
Clara dudó un momento; empezó a pensar en algún ejemplo que descuadrara a la futura profesional del léxico.
―Bien, veamos, ¿cómo sería «beso»?
Alicia le sonrió, se acercó a su madre y le dio un beso en cada mejilla.
―Veo que controlas el tema, ―dijo su madre mientras le dedicaba una mirada pícara―, probemos con otra... ¿Y «abrazo»?
La niña, como ofendida, volvió a ponerse en pie, firme y seria y le increpó a la mujer...
―¡Jo, mamá, me las pones muy fáciles, búscame algo más difícil!
―Bueno, mientras se me ocurre algo, ven y dame ese abrazo.
Alicia, haciéndose un poco la víctima, se acercó a su madre con paso lento y apretando la boca. Ambas se fundieron en un momento de esos a los que acompaña un somero contoneo al ritmo de sus latidos. Verlas allí, cuando ya solo quedaban en el cielo las últimas gamas de azul, era una hermosa imagen que a Clara le hubiera gustado capturar en una foto. Abrazaba a su hija con tanta ternura, y la niña suspiraba en su hombro mientras suavizaba el gesto de su cara.
Por fin, se apartaron la una de la otra. Alicia quedó frente a su madre y esta le dijo:
―Dime, futura «palabra», ¿cómo definirías este cariño que acabamos de darnos en silencio?
La niña titubeó. El reto era importante, eran demasiados sentimientos para englobarlos en un solo término.
Se volvió despacio y caminó durante un rato por el porche.
Micifú apareció por la baranda del fondo, seguida de dos de sus pequeños. Alicia que aún no encontraba la respuesta a la pregunta de su madre, se entretuvo con los gatitos.
―Cariño, vamos dentro a preparar la mesa.
―¡Espera mamá, por favor, esto es importante!― Dijo mientras dejaba de nuevo en el suelo a la gatita más pequeña de la familia.
Clara aprovechó para terminar de recoger los ganchillos y las lanas. Justo antes de terminar de plegar la colcha, Alicia se acercó a ella con paso firme.
―Lo siento, mamá, no puedo,― dijo la niña un tanto compungida―. No hay única palabra que defina todo lo que te quiero.
Sonrió a la mujer y volvió a sentarse sobre sus rodillas. Estuvieron allí un rato, a pesar de ser la hora de la cena. De pronto, el gesto de Alicia se tornó sereno, se ve que al fin había encontrado la respuesta a la pregunta que su madre le formuló a primera hora de la tarde. Y afirmó sentenciosa:
―Mamá, ya sé qué quiero ser de mayor, ―volvió a sonreír―, seré «silencio».
Clara se quedó aún más extrañada que antes, pero confió en su hija y la dejó continuar.
―Sí, seré «silencio», así podré decir mucho más sin tener que emitir un solo sonido.

martes, 31 de mayo de 2011

Perdida

Cristina se rindió. Se sentó sobre la arena, cansada de deambular por la playa en busca de una respuesta que no llegaba. Agarró sus rodillas y lloró en silencio mientras atardecía. Había perdido a su madre, su ser más querido. No podría volver a casa, sola. Trataba de distraerse observando a los pocos bañistas y paseantes que aún quedaban. Un hombre se acercó a ella, pensó que su príncipe azul venía a rescatarla...

―Hola, ¿te has perdido?

―Sí, estoy buscando a mi mamá.

El voluntario de Cruz Roja la cogió de la mano y le secó las lágrimas.

lunes, 30 de mayo de 2011

Tus versos entre mis cosas

Me dijo que me amaría siempre, pero entre nosotros se interponía algo más que la edad. Ni su familia ni sus amigos comprendían cómo pudo enamorarse de mí: una alumna veinte años más joven que él, con la cabeza llena de pájaros. Durante los primeros meses conseguimos hacer oídos sordos a todos los que se empeñaban en separarnos, y funcionó. Nos amamos, nos prometimos amor eterno.

Cuando ayer saqué del bolso una nota suya en la que rezaba «Encontrarás tus cosas entre mis versos, perdóname», supe que todo había terminado. El primer verso que me dedicó indicaba justo lo contrario.

Tus rimas

Derramas palabras en tus versos
regando las flores de mi vientre,
despertando de nuevo mariposas
sin ser de ello consciente.

¿Qué nos separa, dime?
Salvo la distancia y el tiempo.
¿Qué somos ahora, dime?
Sino amantes desconocidos
compartiendo un amor eterno.

De tus poemas surgen sentimientos,
¿o son el fin, origen de lo no-nuestro?

Y es que tus palabras, inocentes,
de las que no conozco ni su olor
son caricias complacientes
que ya forman parte de mí
dotando a mi alma de otro color.

Déjame entonces que confiese
sin más rodeos ni rimas
cuánta pasión despiertas
cuando viertes tu tinta.

domingo, 29 de mayo de 2011

El siguiente

Volvió a su puesto y presionó el botón mientras pronunciaba con la misma cadencia que el resto, «El siguiente».
Un muchacho alto de flequillo desmechado se sentaba frente a ella con cierta tristeza.
―¿Trae el impreso 35?
―Ni he oído hablar de él...
Ella, saltándose la norma de escurrir el bulto y pasarle el marrón a otro, decide buscar entre sus papeles el impreso citado. Sin mediar palabra, lo rellena y le añade los anexos necesarios para que al muchacho le den la ayuda que solicita.
Él sonríe y le dice: «Le deseo una vida larga y feliz».

La última palabra la tiene El Creador

Adela nació de los sueños,

mecida entre palabras y algunos versos,

mamó ilusiones y creció feliz

junto a otros de los cuales

ya no recuerda su nombre.

Fue protagonista de un sinfín de aventuras,

creció entre flores,

respirando fragancias de pasiones.

Maduró convirtiéndose en la mujer más hermosa.

Tuvo amantes, amores y desamores,

a los que entregó su corazón.

Decidió tomar rumbos inesperados

y a todos sorprendió

cuando decidió ir por su cuenta.

Pero el Creador es caprichoso

y por ese lance no pasó,

decidió castigarla y su vida terminó,

dejándonos el corazón desolado,

cuando Él pronunció la palabra:

«Fin».

domingo, 22 de mayo de 2011

Rima asonante

Y «amar, amor...» amando,
paseando por tus versos
renuevas mariposas en mi vientre.

Se despiertan palabras que olvidadas
en rima libre, desordenadas,
se empeñan en acceder
disfrazadas de verso asonante
a la rima más absurda
del desconocido amante.

La distancia entre los vocablos,
cada punto y a parte,
todas y cada una de las comas
como caricias suaves
recorren el folio de mi cuerpo en blanco.

¿Quién?

―Sara, no te vayas...
Ramón le rogaba a su esposa entre sollozos mientras ella agarraba fírmemente su maleta y salía por la puerta sin mirar atrás.

―Te lo ruego, te suplico... No me dejes.

La mujer se detuvo. Él sorbió con fuerza y se recompuso. Ella, sin volverse a mirarlo, le preguntó: «¿Por qué?». Ramón dudó solo un instante y respondió convencido:

―Te necesito, cariño ¿Quién mantendrá la casa? ¿Quién cuidará de los niños? ¿Quién me preparará la ropa cada mañana? ¿Quién hará la compra? ¿Quién llevará el gato al veterinario?...

―¡Pero mira que eres toooonto!

3, número de mal agüero

Sale todas las mañanas plantando siempre primero el pie derecho, evita pasar bajo escaleras y jamás acaricia un gato negro. Enrique es conocido entre sus amigos como Tyche, diosa griega de la suerte. Esto le cabrea más por el guiño femenino que por el cachondeito de la fortuna siendo como es un supersticioso de cuidado. Prefiere confiar sus pasos a la mística y la magia que atribuir los logros a sus méritos propios, y cuando las cosas van mal siempre tiene una explicación lógica: cuando cogió el ascensor esta mañana hizo más de tres paradas antes de llegar al bajo.

Nombres de amor


Amador, «dícese del que ama». Siempre pensó que sus padres quisieron vengarse de su inesperada llegada asignándole un nombre que él consideraba ridículo. Además, rozando los sesenta jamás había amado, no sabía de sentimientos ni tenía intención de buscar a sus años quien le guiara en ese campo. «¿Amar? Quién lo necesita», se repetía cada mañana.
Amada, «persona amada»; la más desdichada entre todas mis vecinas. Según ella, jamás tuvo tiempo para dedicarse a buscar a novio y con el tiempo se convirtió en una solterona.
Ambos viven puerta con puerta y por fin hoy se han cruzado sus miradas.

domingo, 15 de mayo de 2011

Maldigo la esperanza

Alimenté la esperanza que necesitabas, te regalé la que yo sentía; a pesar de mis buenas intenciones, quiso la suerte castigar con muerte su destino.
No quiero ni imaginar cómo has de sentirte. Parte de mi corazón está contigo, acompañándote en la tristeza del duelo y ofreciéndote cobijo.
Llora lo que necesites, ahoga el desconsuelo. Trae a tu memoria solo los buenos momentos y amárrate a ellos con todas tus fuerzas, aún te quedan.
Y perdóname, no debí alentar tu fe, pensé que hacía lo correcto y solo aportaba más silencio.

Déjame que maldiga la esperanza por alimentar tu desaliento.

lunes, 2 de mayo de 2011

Perfectos amantes


No me dejes. No pases página, ahora es nuestro momento.
Ya dejamos atrás bastantes espacios en blanco entre los dos.
La inspiración ha llegado con tu presencia, quédate a mi lado.
Desnúdate, destapa tu boca y déjate llevar.
Permíteme amarrarme a tus labios, tan suaves.
Acaríciame, desliza tus curvas con la misma ternura con la que me susurrarías al oído tus palabras de amor.
Recórreme como amante inesperado.
Sujétame con cariño y hazme tuya.
Deja que sienta el tono de tus versos sobre mi piel.
Porque... al fin y cabo, tú tinta y yo papel, seremos siempre los perfectos amantes.

domingo, 1 de mayo de 2011

Felicitación maternal

Querida mamita,
Te escribo para decirte, para recordarte, que te quiero. Que la distancia y el tiempo que nos separan refuerzan los hilos invisibles que me unen a ti.
Quisiera regalarte todo aquello que desees, poner a tu disposición cualquier cosa que necesites, pero ya sabes que tampoco voy sobrada de recursos. Así que de momento tendrás que conformarte con mis palabras y el cariño que te profeso que, mientras mantenga el aliento, siempre te tendrán presente.
Si alguna vez herí tus sentimientos, perdóname; jamás quise ofenderte
Te subscribo mi lealtad incondicional y mi admiración.
¡Feliz día de la Madre!

Reencuentros

Bastaron unos pocos silencios para saber que lo nuestro había terminado. Tantos años compartiendo el mismo techo, la misma cama, el mismo camino día a día. Nos habíamos vuelto dos desconocidos sin saber cómo. Aquella tarde recogí lo más necesario, algunas fotos y mis cuadernos de notas. Saqué la maleta y me dispuse a colocarlo todo. Fue entonces cuando encontré tu primera carta con aquel mechón de pelo. Me senté a leerla y descubrí que, a pesar del tiempo y las diferencias, deseo seguir a tu lado aunque eso suponga volver a empezar de nuevo las veces que sea necesario.

Una esperanza

A mi señor don Quijote,
Aquí sigo en mi hacienda, paciente, esperando a que vosa merced vuelva a pesar del paso de los años y los malos agüeros que se empeñaron durante largo tiempo en predecir que habíais muerto. Pero el otro día mi esperanza despertó de nuevo cuando se acercó a la posada un viajero que juraba y perjuraba que os había visto por tierras de Salamanca. Y con aquel juramento firme, que bien recompensé con una jarra de vino, mi corazón empezó a latir de nuevo con la misma fuerza que antaño.
Inmediatamente mandé un mensajero con escuetas palabras a nuestra hija. Sí, nuestra Isabelica que está hecha una moza y que hace solo unos meses contrajo nupcias con un joven caballero de Albacete. Se han casado enamorados, como Dios manda, como yo hubiera querido para vos y para mí, pero me conformé con guardar en secreto nuestro amor y casarme con el Mateo para esconder nuestro pecado. La joven pareja es valiente, con la cabeza en su sitio, y aunque él no posea más que unas pocas tierras, llevan los bolsillos llenos de esperanza. De momento, me han brindado la oportunidad de ser abuela de un nieto que viene en camino. Espero que lleguéis a conocerlo.
La avisé de que su padre sigue vivo y enseguida que recibió mi misiva, decidió volver a casa a esperaros. Ella, más que yo, siempre ha deseado teneros a su lado, pues en el fondo sabía que por muy bueno que fuera el Mateo, ese hombre no era su padre. Oyó mil historias sobre vos y soñaba con encontraros, con ser rescatada por el gentil y valiente don Quijote de la Mancha. Siempre tuve miedo por ella, no quería que tuviera lo peor de ambos: mi fealdad y vuestra locura. Pero mi temor fue recompensado por el buen Dios que la dotó de todo lo mejor de la mujer que vos amasteis, la señora Dulcinea del Toboso, la belleza y la bondad; y de vos, don Quijote de la Mancha, del que jamás conocí vuestro verdadero nombre, heredó la valentía y el honor.
En pocos días estaremos juntas de nuevo; empezaremos los preparativos para recibiros a vos. Sí, para recibiros a vos y a Sancho, si fuera necesario. Porque envié varios emisarios en vuestra busca con intención de entregaros esta carta y haceros saber que aún os amo, que mi corazón es vuestro y que si en algún momento de la vida que os queda decidís volver, sabed que os estamos esperando.
Aprendí a hacer oídos sordos a los insultos y desprecios de aquellos que no confiaban en nosotros; al ama de llaves y a vuestra sobrina, la Antonia, las convencí de que vos habíais muerto para que os dejaran en paz de una vez porque, según las malas lenguas, estaban empeñadas en daros caza y encarcelaros para siempre como a un loco. Los vecinos ya os han olvidado pues tienen siempre a otros con los que ocupar sus espíritus maldicientes. Así que, como veis, solo quedamos nosotras, vuestra esposa por derecho y vuestra legítima hija, esperándoos a que volváis para conformar la que siempre fue vuestra familia.
Si aún os quedan andanzas por vivir y damas que rescatar que os retengan en tierras lejanas, entenderé que retraséis vuestra vuelta, pero devolvedme al menos, aunque sea una fantasía, esta carta con la respuesta clara que a continuación os dicto.
Antes de transcribir vosas palabras, dejadme recordaros que os amo y que os esperaré siempre, incondicionalmente, vuestra señor, Dulcinea del Toboso.
«A mis señoras, Dulcinea e Isabel,
Sabed que no he muerto, que continuo firme en mi empresa de defender mis ideales y hazañas caballerescas.
Dulcinea, decidle a mi hija que la amo, que estoy orgulloso de ella y que ese hijo que espera será digno y noble caballero, como corresponde a nuestro linaje.
Esperadme ambas a que vuelva a vuestro lado pues es mi último propósito.
Con amor, vuestro esposo y padre,
Don Quijote de la Mancha»

miércoles, 27 de abril de 2011

Viviendo en background


Hoy toca vivir otra vez de la tristeza y no, no estoy con la regla, no es por el cambio de tiempo ni tiene que ver con la todavía convalecencia de mi lesión. Simplemente es la misma sensación que vuelve regularmente a recordarme de la materia que estamos hechos: la indiferencia.
Llevo ya unos días viviendo en background, disfrazando sentimientos, persiguiendo una felicidad que se resiste a llegar. Sobrevivo detrás de mi sombra, ejerciendo como tal de mí misma. Soy el reflejo de lo que siempre he querido ser y no consigo. Me siento como el televisor de mi salón, con el led rojo iluminado, diciendo en silencio que está ahí, paciente, esperando la señal, consumiendo recursos propios y ajenos, pero sin transmitir nada; solo negro.
Algunas veces quisiera desconectarme para siempre y olvidarme de anhelar esa realidad que solo aparece cuando presionas el botón adecuado del mando. Otras, quisiera pasar al primer plano, ocupar de nuevo el lugar que me corresponde, pero cómo hacerlo cuándo no estoy segura de cuál es mi sitio.
Supongo que el origen de esta sensación es el propio eco de mi voz, que resuena en esta caja tonta que es mi boca. Taponados los oídos desde mi última infección, taponada la nariz por la dichosa alergia, solo me queda cerrar los ojos y apretar los labios para hacer resonar, como una pelota rebotando contra el suelo, cada uno de estos sentimientos que me hacen permanecer en mi trastienda.

viernes, 22 de abril de 2011

Las virtudes del Sol y la Luna


Cuenta una antigua leyenda que de la unión del Sol y la Luna nacieron los gatos. Los felinos se amamantaban de su madre y dormían el resto de la noche. Durante el día jugaban sin parar hasta que su padre, harto de saltos y travesuras, los castigó en un rincón. Cuando los más pequeños comenzaron a llorar desolados, el Sol los cogió entre sus brazos y, con mucho cariño, los arrulló hasta dormirlos.
Desde entonces los gatos prefieren la vida nocturna, disfrutando durante el día del cariño de su Padre y durante la noche de la paciencia de su Madre.

sábado, 16 de abril de 2011

Suicidio colectivo

Temo a la muerte y ese miedo me obsesiona. Mi vida es una mierda, en estos últimos años todo lo que podía ir mal, ha ido mal. Me siento como la tostada recién untada de mermelada, cayendo siempre boca abajo. Aunque da igual cómo aterrice en el suelo, una caída nunca trae nada bueno. Pero hay que volver a levantarse y seguir hacia delante, ¿no?
Pues no. Yo ya me he cansado. Y mi obsesión está tomando cuerpo. Ya tengo prevista la fecha en la que pondré fin a mi vida.
Es curioso... Mi miedo a la muerte, sobre todo a la ajena, siempre me ha hecho plantearme qué haría sin mi amado, sin mi madre o mis hermanos, sin toda esa gente a la que tanto quiero. Pero nunca me había parado a pensar cómo será su vida, vuestra vida, cuando yo ya no esté aquí. ¿Me echaréis de menos? ¿Me lloraréis? No quiero que lo paséis mal, que vuestra vida se detenga por esta decisión mía.
Así que he pensado, porqué no, que os vengáis conmigo al más allá. Podíamos organizar un suicidio colectivo, así en masa, y todo el que lo pase mal por...
... mi ausencia,
... la tuya,
... la de tu hermano,
... la del amigo de tu hermano,
... la de la madre del amigo de tu hermano,
... la de la amiga de la infancia de la madre del amigo de tu hermano,
... la vecina de la de amiga de la infancia de la madre del amigo de tu hermano,
... el compañero de clase del hijo de la vecina de la amiga de la infancia de la madre del amigo de tu hermano,
... mi etc.,
... tu etc.,
... el etc. de tu hermano,
... el etc. del amigo de tu hermano,
...

Y así hasta acabar con la raza humana. Pues eso, «suicidio colectivo». ¿Qué tal os viene el 8 de Mayo? Es que el día de antes no puedo, me hacen la resonancia.

viernes, 8 de abril de 2011

Esperanza de metro

En el vagón una gitana iba leyendo la buenaventura a cualquiera que le cediera su palma. Al arrancar la máquina tras la última parada, se agarró a la barra para no caer. Ya en marcha, asió la mano más cercana sin reparar en su propietario.
La gitana, concentrada, seguía cada línea de la mano:
―Eres una mujer afortunada, tendrás una vida muy larga, muchos hijos y un amor que no te dejará jamás.
Después de haber perdido a su marido, irse a vivir con su único hijo y con setenta recién cumplidos, Elena se llenó de nuevo de esperanza.

miércoles, 6 de abril de 2011

Los Ángeles

Perdí la fe en Dios cuando dejé de creer en los hombres. No puedo entender que alguien que así mismo se dice «humano» cometa actos tan atroces como el maltrato y el abandono. Si Él nos creó a su imagen y semejanza, debió mirarse con soberbia al espejo.

Pero hay Ángeles en la tierra, caminando entre nosotros, con un corazón tan grande que les convierte en verdaderos Humanos. Ponen un plato más a la mesa, se aprietan en su casa para dejar hueco a otros y, sobre todo, le dan a los indefensos la ley que merecen. Qué pena que sobre ellos recaiga la responsabilidad que algunos decidieron dejar en una cuneta, ahorcaron con su propia soga o arrebataron a golpe de escopeta sin piedad la vida.

A veces pesa demasiado ese trabajo y cuando la esperanza se escapa a la misma velocidad que la luz, cuando su lucha queda en pelea perdida, entonces la fuerza se transforma en rabia.

Sabrás que un ángel viste de luto cuando en días como hoy, cuando un corazón indefenso se detiene para siempre, las nubes ocultan el sol y el viento se para en seco. Verás que el Humano se torna en grises, se convierte en tormenta y derrama lágrimas de tristeza.

Tras la tempestad llega la calma y con ella la misma realidad. Sois los Ángeles quienes debéis continuar la batalla pues seguirá habiendo almas hostigadas por desalmados, sois la última esperanza de esta, nuestra raza mancillada.


Dedicado a Mª Luisa, de la Protectora de Malagón, y a su lucha por Ares.

martes, 5 de abril de 2011

Re-valoración

(Léase rápido, con cierta sorna y/o cachondeito...)

―Me caí. Sí.

―¿Te caíste?

―¡Vaya! Buen piñazo me di.

―No me digas.

―Ya te digo.

―¿Y qué?

―Pues aquí me tienes.

―¿Vas para mucho?

―Como poco otro mes.

―¿Y cuánto llevas?

―Ya van dos.

―¡Madre mía!

―La tuya y la de todos.

―Chica, qué paciencia.

―A kilos la fabrico.

―Pues sí, falta te hace.

―Eso y otras cosas.

―¿Y el médico?

―En su casa, supongo.

―¿Qué te ha dicho?

―Que vaya sin muletas.

―Pero llevas una.

―Toma, claro.

―¿Y la rehabilitación?

―Todavía esperando.

―¿Te han visto?

―Sí, unos cuantos.

―¿Y qué te han dicho?

―Que coja las dos muletas.

―Pero llevas una.

―Ya van dos...

―Una solo...

―Ni pa ti ni pa mí.

―¿Entonces?

―Me han llamado esta tarde.

―¿Para la rehabilitación?

―Sí, bueno no.

―¿Para qué?

―Para otra valoración.

―¿Otra?

―Sí, otra.

―Entonces...

―¿Entonces qué?

―Pues que no es valoración.

―¿Qué es?

―RE-VALORACIÓN.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Dolor de cabeza

Vino a quedarse para siempre a mi lado. No somos amigos a pesar de compartirlo todo. Si por mí fuera lo habría dejado fuera de mi vida hace ya mucho tiempo, pero no puedo, no sé cómo decirle que se vaya. Desespero cada vez que se empeña en manifestar su presencia; de nada valen los calmantes, la cama y el silencio. Mi dolor de cabeza es mi asesino constante, mi obscuro pasajero. Cuando viene a sentarse a mi lado solo queda esperar a que se canse de mis quejas, pero tiene más paciencia que yo. No sé cómo acabará esto.

sábado, 26 de marzo de 2011

Causas del cambio climático

Laura controla el tiempo. No las horas o minutos, sino las nubes y el sol. Solo ella decide cuándo lloverá, esos días en los que se levanta triste. Y en los días de tormenta se oyen voces y golpes en su casa; cuando se siente el portazo sé que ella escapa. Pero tras la tempestad no llega la calma, solo llegan más lágrimas. Aún recuerdo los días de sol, las tardes en las que podías encontrarla jugando con sus pequeños en el parque. ¡Qué lejos quedan ya! Y es que la soledad tiene mucho que ver con el cambio climático.

jueves, 24 de marzo de 2011

Amor eterno

Ahora, justo al final, quisiera decirte tantas cosas... Pero no queda tiempo, acércate, déjame ver la luz de tus ojos antes de que se apague la mía. Déjame entrar una vez más en tu alma y abrazarme a ti. Quisiera quedarme para siempre a tu lado, pero no puedo. Las voces del más allá me llaman insistentes, me ha sido mostrado el camino. Ha llegado mi momento, debo dejarte. Te esperaré al otro lado si realmente hay algo; si no, déjame permanecer en tu memoria hasta que el paso del tiempo considere oportuno. Te quise, te quiero, te querré eternamente.

martes, 22 de marzo de 2011

Déjame un beso

Hoy he pasado la peor noche de mi vida, entre sueños oía tu voz una y otra vez llamándome, interrumpiendo mis fantasías, pero no sabía hacia dónde dirigir la mirada. Resonaba como un eco en mi cabeza; hasta los personajes de mi irrealidad se volvían con tu llamada, pero no podía localizarte.
He amanecido inquieta, sola en la cama. No sé qué hora era, ya llevo varios días descuidando los horarios por causa de la escayola.
―¡Dichoso yeso! ¿Cuándo volveré a ser persona?― me digo cada mañana frente al espejo.
He agarrado las muletas y me he dirigido a la cocina. Queda la huella de tu desayuno: la taza vacía y las migas de la tostada. He recogido lo poco que había, arreglado a las gatas y vuelto un día más al sofá. Me he acoplado con cuidado porque ya empieza a dolerme la espalda de estar tanto tiempo sentada.
―¡Qué aburrimiento, por favor!―, desespero.
Las gatas me mira con cierto descaro, como sabiendo que no puedo correr tras ellas. Lo veo en la mirada de Java, que se acerca a las cortinas mientras me mira de reojo. Le he enseñado las zapatillas un par de veces y, de momento, parece que funciona la amenaza.
Las horas pasan despacio, tan lentas que casi puedo deletrear los segundos. Gris y Java se han acoplado una a cada lado de mi pierna inmovilizada y dormitan tranquilas, creo que me uniré a ellas.
De nuevo el mismo sueño: conocidos y desconocidos que se cruzan en conversaciones sin sentido, y de pronto tu voz. Esta vez suena más lejana, más pausada. Te oigo llorar, te oímos todos. Despierto. Los animales siguen durmiendo.
Hace ya un buen rato que no miro el reloj, no tengo ni idea de qué hora es y tampoco me importa, la verdad, no tengo prisa por ir a ninguna parte. Pero me gustaría que volvieras pronto a casa, este sueño me inquieta.
Gris levanta la cabeza y me mira.
―¿Crees que vendrá pronto a comer? ¿Pero qué hago hablando con la gata?
Ella me mira fijamente y emite un ruidito mientras bosteza.
―Ya, tienes razón.―Le digo convencida pues en su expresión he leído «Puedes esperar sentada».
¡Qué largo se hace el día entre la espera y la apatía! He intentado llamarte un par de veces, pero tu teléfono está apagado o fuera de cobertura, lo mismo que el de mi madre, el de mi hermana y hasta el de la cita del médico. Esto empieza a mosquearme. He mirado el correo y no hay nada nuevo desde hace un par de días, ni siquiera en Facebook. Nada, parece que el tiempo se hubiera detenido.
¿Estaré soñando? Esto cada vez se parece más a una pesadilla, y con los nervios he optado por tomarme alguna de las muchas pastillas que estoy acumulando desde hace algún tiempo. Sé que no debería, pero cada vez estoy más intranquila. A las gatas no parece afectarles mi estado, ¡qué envidia! Quisiera vivir como ellas, sin prisas ni obligaciones.
El relajante va haciendo efecto. Ha anochecido y no tengo ni hambre, ni siquiera recuerdo la hora de la comida; debe haberse pasado por efecto de las pastillas. Creo que hoy haré dieta obligada. Necesito dormir y olvidarme de ese horrible sueño con el que desperté esta mañana. Si llegas pronto, despiértame, quiero estar un rato contigo, necesito un abrazo de esos tuyos que tanto me gustan. Si no, ya te veo mañana. Pero déjame, al menos, un beso.
...

Hoy he pasado la peor noche de mi vida, entre sueños oía tu voz... De nuevo el mismo sueño...

lunes, 21 de marzo de 2011

Palabras

Son la expresión escrita o verbalizada
de sentimientos que fluyen en versos,
mezclados con la sangre y los pensamientos.

Son en distintos idiomas, tamaño o forma,
lo tangible, lo masticable y se atragantan
cuando provocan dolor y maltratan.

Son de cada uno de nosotros la muestra,
el desaliento, nuestro legado del pasado,
hacen y deshacen a su antojo.

Son la fe no dicha ni escrita ni pronunciada,
son pensadas y sentidas, anodinas o poderosas,
pero siempre imprescindibles, necesarias.

Las Palabras

martes, 15 de marzo de 2011

Para Bichi


Se me ha quedado frío en el regazo,
tan suave, tan mimoso, tan pequeño.
Junto a mi corazón le llegó el sueño,
lo eterno de la muerte entre mis brazos.

Ha dejado en mi piel miles de besos
y miles de sonrisas en mi boca.
Su hermana está buscando como loca
al compañero amigo de sus juegos.

Le echaremos de menos cada día,
oiremos sus ligeras expresiones.
Hallaremos por todos los rincones
sus escondites llenos de alegría.

Parece incomprensible. Quién diría
que se unan tan distintos corazones.

Gloria González Jareño


Estos versos se los ha dedicado mi madre a mi pequeño al que conoció, disfrutó con sus juegos y sabe muy bien cuánto lo quería. He querido compartirlos con vosotros porque me parece la despedida más hermosa.
Porque Bichi supo hacerse hueco en la memoria y el corazón de muchos...

miércoles, 9 de marzo de 2011

Adiós mi niño

Se apagó su luz como se pone el sol cada día, despacio y en silencio. Pero no habrá más jornadas ni más despertares para mi pequeño.
Se terminó el sueño, la paz; comenzó el insomnio y la batalla. Ahora toca continuar el camino escribiendo cada línea con una palabra de menos: Bichito.
Ahora necesito tiempo para llorarlo, para hacerme a la idea de que se ha ido...

sábado, 5 de marzo de 2011

Aún soy vulnerable


Vamos, golpea, no tengas miedo. ¡Vamos! ¿Acaso eres un cobarde? Golpea donde quieras salvo en los ojos y en las manos... Rómpeme la boca si quieres, pero así no impedirás que siga diciendo lo que pienso; déjame sorda para evitar escuchar tantas sandeces, lo prefiero, pero recuerda que estoy entrenada para leer los labios; párteme las piernas si lo deseas, tampoco pensaba huir a ningún lado, estoy dispuesta a plantar cara y defender lo creo honesto.
Respeta mis ojos, los quiero para grabar en mi memoria tu rostro, y las manos para escribir mi venganza.
¡Vamos! ¿A qué esperas? No serás el último en golpearme y tampoco el primero. Estoy rodeada de embusteros, de fantasmas, de actores que saben fingir bien los sentimientos.
Los golpes y las mentiras ya no duelen, al menos por dentro. ¡Golpea de una vez! La única huella que quedará de tu ofensa será un cardenal que se irá con el tiempo, a mi corazón le puse coraza. Solo lo siento por aquellos que no llegaron antes, pues ya no habrá hueco para nadie, ni sentimiento alguno que alivie el vacío que ha quedado tras la traición amarga, el saberme despreciada.
Pero, ¿qué haces? ¿Ahora escondes el puñal? Venías a por mí, ¿por qué te lo piensas? No me digas que te he dado pena porque no es esa mi intención, todo lo contrario. Yo preferiría hacerte reír, que fueras feliz; y a pesar del daño, lo sigo queriendo para ti y para el resto. No más trampas, no me hagas un sitio en tu mesa no quiero compartir tu plato; se acabaron las buenas caras, pero no las buenas formas.
Te doy la última oportunidad: golpea. A partir de ahora pienso ir colocando cada pieza de la armadura hasta hacerme invencible, así que aprovecha que aún soy vulnerable. Cuando todo esto termine solo me faltará cambiar mi corazón por piedra, ¡hasta aquí hemos llegado!

jueves, 3 de marzo de 2011

Somos de madera


El bosque al que pertenezco es muy antiguo. Soy simplemente la rama de un árbol cuyo origen se remonta a principios del siglo pasado. Hay otros muchos, tantos que ya no nos conocemos entre nosotros a pesar de compartir el mismo espacio; solo los más viejos de la foresta mantienen en la memoria los nudos que los unieron.

Somos muchos viviendo en este ecosistema entre raíces, tronco y copa. Convivimos con otros seres vivos, respetándonos, dependiendo unos de otros, alimentándolos y refugiándolos cuando necesitan. Aportamos tiempo al planeta con cada nueva vida, con cada nuevo esqueje, y entregamos la sombra necesaria para el descanso eterno de aquellos que ya no volverán.

De un tiempo a esta parte el bosque se ha visto mermado, algunos huyeron arrancando sus raíces del suelo por miedo a morir despedazados, otros simplemente decidieron esperar y asumir su destino. Pero nosotros no... Todos mis iguales y yo decidimos unirnos y hacernos fuertes; fuimos enraizando nuestras ramas, acoplando cada brazo, ensamblando nuestras hojas en perfecta armonía para crear un muro que ningún mal sentimiento pudiera atravesar.

Así nació la leyenda del «Bosque Animado», ese que decidió alimentarse de los hombres que pretendían destruirlo. Lo que muchos no saben es que jamás nos deshicimos de nadie: asumimos a cada insensato como parte del sistema y le dimos una tarea para su propia supervivencia. Esperamos que algún día el Hombre entienda que él es uno más, un ser vivo con raíces y ramas, y todos formamos parte de la misma comunidad.