Ir navegando a merced del viento sin más destino que tu cuerpo.
Volar más allá del sol hacia tu corazón.
Gritar con todas mis fuerzas tu nombre.
Sentirte, estar a tu lado.
No hay nada tan hermoso...
Un rincón para la palabra, el silencio, para todo aquello que nunca nos dijimos...
lunes, 22 de mayo de 2006
miércoles, 17 de mayo de 2006
Aún quedan palabras...
Publicado por
Arioleta
No entiendo porque nos empeñamos en cambiar decisiones ajenas. Cada uno elige su camino, los demás no somos más que transeúntes que cruzamos de una acera a otra, tropezando unos con otros con mejor o peor fortuna.
Quién sabe si realmente existe alguien o algo que no podemos ver, una fuerza superior que controla nuestros destinos y nos deja creer en el azar. Yo no creo en seres superiores (ni inferiores)... Cada uno escribe su historia a cada paso que da.
Si él eligió el olvido para los que lo amamos, es sólo asunto suyo, nosotros poco podemos hacer.
Si él decidió separar sus raíces, ni la tala nos salvará al resto.
Si él pensó que otros vientos dirigirían a mejor puerto su vida, yo soplaré con toda mi fuerza para que alcance ese paraíso.
Pero sé que aún quedan palabras, siempre queda algo. ¿Conoces esa sensación que queda en la boca cuando dejamos escapar un suspiro?
Mírame a los ojos y dime que no estás deseando suspirar por mí, por ella que tanto te quiere... Lástima que entendamos el cariño de una forma tan distinta.
Quién sabe si realmente existe alguien o algo que no podemos ver, una fuerza superior que controla nuestros destinos y nos deja creer en el azar. Yo no creo en seres superiores (ni inferiores)... Cada uno escribe su historia a cada paso que da.
Si él eligió el olvido para los que lo amamos, es sólo asunto suyo, nosotros poco podemos hacer.
Si él decidió separar sus raíces, ni la tala nos salvará al resto.
Si él pensó que otros vientos dirigirían a mejor puerto su vida, yo soplaré con toda mi fuerza para que alcance ese paraíso.
Pero sé que aún quedan palabras, siempre queda algo. ¿Conoces esa sensación que queda en la boca cuando dejamos escapar un suspiro?
Mírame a los ojos y dime que no estás deseando suspirar por mí, por ella que tanto te quiere... Lástima que entendamos el cariño de una forma tan distinta.
sábado, 6 de mayo de 2006
miércoles, 3 de mayo de 2006
Mi sombra
Publicado por
Arioleta
Hoy ha vuelto a visitarme mi sombra cubriéndome de silencios, obligándome a la oscuridad para afrontar el momento.
Ahora, bañada en un mar de lágrimas por tu ausencia, pienso en la nada que me rodea, porque si tú no estás eso es lo único que me queda, la nada.
Y mi sombra..., mi única compañera de juegos, entre que voy que vengo, se entretiene con mi pelo. Me pregunto por cuánto tiempo se quedará esta vez.
Ahora, bañada en un mar de lágrimas por tu ausencia, pienso en la nada que me rodea, porque si tú no estás eso es lo único que me queda, la nada.
Y mi sombra..., mi única compañera de juegos, entre que voy que vengo, se entretiene con mi pelo. Me pregunto por cuánto tiempo se quedará esta vez.
Como el gato y el ratón
Publicado por
Arioleta
Calculé mal la diferencia horaria, esperé hasta el último minuto para intentar encontrarte y nos vimos justo cuando te marchabas. Tenía que haber estado ahí antes, haber previsto tu llegada, pero no fui capaz.
Necesitaba tanto hablar contigo, te necesito tanto...
Lo siento.
Necesitaba tanto hablar contigo, te necesito tanto...
Lo siento.
martes, 2 de mayo de 2006
Primeras palabras
Publicado por
Arioleta
Hablar del silencio, del vacío que deja tu ausencia, del enorme palacio en que se convierte nuestro pequeño piso, de mi soledad, de mi desaliento, de mi tristeza, de mi indecisión cuando no estás... encoger los hombros y dudar de mi rumbo a cada instante.
Todo el tiempo en el que reina ese sinsentido ya no importa porque hoy hablé contigo.
Todo el tiempo en el que reina ese sinsentido ya no importa porque hoy hablé contigo.
lunes, 1 de mayo de 2006
Tu marcha
Publicado por
Arioleta
No sé cómo explicar; después de tanto tiempo hablando de tu marcha... No he sido capaz de creerlo hasta que te he visto subir al tren.
Perdí la cuenta de las veces que hoy te pedí que te quedaras a mi lado, que no te fueras nunca, lo decía con boca chica convencida de que no te irías; te susurré al oído palabras viciosas para intentar convencerte; te abracé lo más fuerte que pude; me amarré a tu cuerpo para evitar que te alejaras, pero...
Te has ido.
Hoy es el primer día de un infinito silencio.
Hoy ya no me queda más que tu ausencia.
Hoy ha sido tu marcha, hoy empecé a marchitar.
Vuelve pronto, vuelve mi vida...
Perdí la cuenta de las veces que hoy te pedí que te quedaras a mi lado, que no te fueras nunca, lo decía con boca chica convencida de que no te irías; te susurré al oído palabras viciosas para intentar convencerte; te abracé lo más fuerte que pude; me amarré a tu cuerpo para evitar que te alejaras, pero...
Te has ido.
Hoy es el primer día de un infinito silencio.
Hoy ya no me queda más que tu ausencia.
Hoy ha sido tu marcha, hoy empecé a marchitar.
Vuelve pronto, vuelve mi vida...
viernes, 28 de abril de 2006
Esconden tanta belleza
Publicado por
Arioleta
¿Por qué escondes la mirada cuando te solicito? Tus ojos, tan bellos, dicen tanto...Hoy te encontré donde siempre, sentada en el banco con la mirada perdida, como esperando a un amor que nunca llega. De todos los que pasamos a tu lado algunos te ven y otros no. Supongo que para ti pasar desapercibida es como fundirte con los árboles.
Hoy te he visto más hermosa que otros días, no sé si era por el aire que enredaba de forma caprichosa tus cabellos, quizás era la luz de la tarde que, apagándose, mostraba tu encanto con otro aroma.
Te he mirado, pero, como siempre, me has evitado... Aunque sé que hoy ha sido distinto porque he conseguido una sonrisa tuya. Mañana pienso volver a la misma hora y espero que sigas siendo el mismo árbol.
jueves, 27 de abril de 2006
Sonría, por favor
Publicado por
Arioleta
Dime, ¿cómo te encuentras hoy?
Bien.
No entiendo como eres capaz de guardar tantos secretos, tanta tristeza. De esconderlo como si nada detrás de una sonrisa.
Es cuestión de práctica.
¿Y no sería mejor dejar escapar esos sentimientos?
No, son sólo míos.
Ahora ya no, recuerda que me contaste tus secretos.
Bien, entonces tú también estás condenada a sonreir siempre...
jueves, 6 de abril de 2006
Hay
Publicado por
Arioleta
Hay palabras que escapan de mi boca, que escupo en forma de veneno, sin darme cuenta del dolor que provocan.
Hay silencios que esconden sentimientos, que oculto en forma de mirada esquiva, sin darme cuenta del vacío que dejan.
Hay lágrimas que derramo sin saber, que dejo brotar de mi dolor, sin darme cuenta de que no alivian mis penas.
Hay tanto en tan poco...
Hay tanto de nada y tan poco de todo en esto que te escribo.
Hay silencios que esconden sentimientos, que oculto en forma de mirada esquiva, sin darme cuenta del vacío que dejan.
Hay lágrimas que derramo sin saber, que dejo brotar de mi dolor, sin darme cuenta de que no alivian mis penas.
Hay tanto en tan poco...
Hay tanto de nada y tan poco de todo en esto que te escribo.
martes, 14 de marzo de 2006
Voces en mi cabeza
Publicado por
Arioleta
Hoy es un día como cualquier otro, en el que desde el primer momento, empiezan a agolparse en mi cabeza miles de voces pidiéndome a gritos que las deje escapar...
No, no quiero que me dejen sola, no quiero silencios.
Piden vida, piden respirar, piden que las cree y las destruya, me exigen una realidad, una libertad que no puedo darles porque no encuentro palabras con que alimentarlas.
No, no quiero que me dejen sola, no quiero silencios.
Piden vida, piden respirar, piden que las cree y las destruya, me exigen una realidad, una libertad que no puedo darles porque no encuentro palabras con que alimentarlas.
El eco de la tristeza
Publicado por
Arioleta
¡Qué importan ya las palabras cuando lo único que nos une es el silencio!
¡Qué importan ya si sólo hablamos con miradas!
Las palabras son vacíos, espacios de aire entre ambos que, sin darnos cuenta, van creciendo poco a poco y nos separan...
Antes eran dulces para mi boca, frágiles para mis manos... Eran como tú eras, como era nuestro amor, pero eso pasó al olvido..
Ya no me quedan palabras que dedicarte, que decirte dulcemente al oído; sólo me quedan algunas, reflejas en sentimientos, que ahora vuelan en el papel, vierten su vida en la tinta dibujando ese adiós lejano que deja caer en el eco de la distancia su triste sonido.
¡Con todo lo que fuimos y qué poco queda ahora!
¡Qué importan ya si sólo hablamos con miradas!
Las palabras son vacíos, espacios de aire entre ambos que, sin darnos cuenta, van creciendo poco a poco y nos separan...
Antes eran dulces para mi boca, frágiles para mis manos... Eran como tú eras, como era nuestro amor, pero eso pasó al olvido..
Ya no me quedan palabras que dedicarte, que decirte dulcemente al oído; sólo me quedan algunas, reflejas en sentimientos, que ahora vuelan en el papel, vierten su vida en la tinta dibujando ese adiós lejano que deja caer en el eco de la distancia su triste sonido.
¡Con todo lo que fuimos y qué poco queda ahora!
viernes, 10 de marzo de 2006
Dedicatoria con retraso...
Publicado por
Arioleta
Decidimos regalarte palabras, todas las palabras, en cualquiera de sus estados...
¿Sabes que los libros son como las personas? No importa la pasta, lo que importa es lo que guarda dentro, lo que expresa, lo que dice en silencio.
Siempre lo tendrás ahí, como a los amigos. Espero que cuando lo mires te acuerdes de nosotros.
Felicidades
¿Sabes que los libros son como las personas? No importa la pasta, lo que importa es lo que guarda dentro, lo que expresa, lo que dice en silencio.
Siempre lo tendrás ahí, como a los amigos. Espero que cuando lo mires te acuerdes de nosotros.
Felicidades
miércoles, 22 de febrero de 2006
Escala de grises
Publicado por
Arioleta

Notaba desde el principio, desde que salimos de tu casa, que el cielo se iba tornando en grises... No entendía muy bien porqué, era la hora indicada, el momento del atardecer.
Miraba por ventanilla, hacia el horizonte, justo donde empezaba a esconderse el sol; no me importaba demasiado que me cegara su luz porque el turbio de los grises parecía proteger mi vista, pero ¡qué equivocada estaba! Justo cuando me cegó, te vi, imaginada, en la silla donde siempre sueles sentarte a leer, y justo en el momento en el que muere el sol, mirar a través de la ventana de la cocina la magnitud de sus colores, su variedad, su intensidad y cómo, poco a poco, se van perdiendo a cada segundo que pasa... Te volviste hacia mí y al sonreirme he recuperado la conciencia de mi cuerpo, de nuevo sé donde estoy.
Sólo han pasado minutos, pero ha sido tan intenso como toda una vida a tu lado.
Los grises se han tornado obscuridad, ya no queda huella de tus colores, por fin se hizo la noche.
Nueva etapa
Publicado por
Arioleta
Empiezo una nueva etapa como blogger, con la intención de mejorar las posibilidades y, sobre todo, aumentar la calidad de mis escritos (aunque solo sea en el aspecto visual). Voy a aprovechar el cambio para poner una licencia libre a mis textos ya que creo que es una forma de que quien quiera pueda utilizarla dado que la cultura es un bien común y debe ser libre.
En mi antiguo blog tengo bastantes cosilla publicadas. Quiero dar las gracias a todos aquellos que me seguía en La Coctelera e invitarles a que me lean también aquí.
A partir de este momento, empieza una nueva etapa...
En mi antiguo blog tengo bastantes cosilla publicadas. Quiero dar las gracias a todos aquellos que me seguía en La Coctelera e invitarles a que me lean también aquí.
A partir de este momento, empieza una nueva etapa...
viernes, 1 de mayo de 1998
Muerte de un filósofo
Publicado por
Arioleta
No quería recibir más llamadas...
Enchufó el contestador y se volvió a recostar en el sofá. No
pasaron ni cinco minutos cuando volvió a sonar de nuevo el teléfono,
pero no se movió, esperó a que la
tecnología hiciera su función.
―Aída, soy mamá; entiendo que no
quieras coger el teléfono, pero, vamos, nena. Los niños no hacen
más que preguntar por ti. Vamos, niña, comprendo tu dolor, pero hay
que sobreponerse, tienes un trabajo y unos hijos que atender y sabes
que nosotros estamos aquí para lo que necesites...
Su madre seguía hablando y ella
escuchando, y a cada cosa que decía provocaba más el llanto y la
amargura de Aída... Nadie podía entender lo que ella estaba
pasando, nadie. Ni por mucho apoyo, ni por muchas llamadas; nadie iba
a conseguir que se sintiera mejor.
De pronto se levantó y en un ataque de
locura llegó a la idea de que ella haría lo mismo, cogería lo
primero que encontrara y acabaría con su vida. Creyendo ver su
futuro fuera de su cuerpo, se aseguraba de que su madre cuidaría de
sus hijos y que en el trabajo todos la echarían de menos durante una
semana, quizá dos, pero luego encontrarían a otra que la
sustituiría. Y sus hijos... Sus hijos la perdonarían, la
entenderían.
Iba acumulando ideas locas que le
hacían perder la razón por momentos. De pronto empezó a golpear
los muebles, a tirar todo lo que se encontraba a su paso al suelo...
Y cuando hubo acabado de destrozar el interior del salón, deshecha
ya y sin fuerzas, se dejó caer al suelo. Agarró su pelo con las dos
manos y volvió a llorar. Ni ella misma entendía lo que hacía o
pensaba. No hacía más que repetirse que no sería tan cobarde como
él, que no acabaría con su vida sin tener en cuenta todo lo que
tenía, lo que le rodeaba, lo que la hacía feliz.
Se levantó y lentamente se dirigió al
despacho. Sabía que allí estaba la pistola con la que su marido
había acabado con su vida. Quería saber porqué, qué motivos tenía
para hacer lo que hizo. Pensaba recrear la situación: colocarse la
pistola en la boca y si en un momento de distracción se disparaba...
¡Dios! Se estaba volviendo loca...
Al llegar cerró la puerta por dentro
con cerrojo. Se sentó en el sillón de su marido y encendió la
lámpara del escritorio. Después de intentar despejar la cabeza y
algo más tranquila, con la parsimonia de quien cree saber lo que
está haciendo, abrió los cajones y empezó a buscar el arma. La
encontró en el tercer cajón, sin llave, con facilidad; y debajo de
ella, unas notas en las cuales ponía: «Para Aída». Primero sacó
la pistola y la colocó con cuidado en frente suyo y en dirección al
corazón y después sacó las notas. Sabía que su marido escribía
día y noche. Vivía obsesionado con la idea de escribir un libro que
tratara del ser humano y todo lo que le hacía feliz, quería
convertirse en el primer escritor que descubriera cuáles era las
máximas de la felicidad.
Aída empezó a recordar a su marido,
cuando hablaba de este tema: recordaba que le hacía reír con sus
sueños de llegar al «culmen» de la felicidad y cómo esto influía
en su personalidad; recordaba con qué entusiasmo hablaba de ello,
quería hacer partícipe a todo aquel que conocía de su idea, de esa
felicidad inalcanzable que para él era real y se podía llegar a
tocar en algún momento.
Acercó la lámpara a los folios y
comenzó a leer: «Dedicado a mi mujer Aída, a la que quiero más
que a mi propia vida y por ser la persona que más me ha apoyado
todos estos años y ayudado a elaborar este tratado sobre la idea de
la felicidad».
Esto le extrañó mucho porque no
recordaba que nunca le hubiera dictado o él le hubiera preguntado lo
que opinaba sobre alguno de estos factores que había inventado para
llegar a ese abstracto tan deseado. Continuó. «Desde muy joven y
debido a la mala vida que pasé, he vivido obsesionado con la idea de
la felicidad. Todos creemos ser felices en el día de nuestro
cumpleaños o con el nacimiento de nuestro primer hijo... Pero nos
equivocamos, esa felicidad no es plena, solamente complementa uno de
los puntos que yo, como filósofo que soy, he llegado a encontrar en
lo más profundo de mi psique y creo poder aplicar al ser humanos en
general.
Así, que tras esta pequeña
introducción, doy paso a la explicación de mi nuevo plan en cuanto
a filosofía se refiere, un sistema, un tratado nuevo que revelará a
los más sabios el secreto de la felicidad...»
Aída empezó a creer que estaba loco.
Por un momento dejó de leer, creía haber encontrado la razón del
suicidio de su marido... la locura. Entre risas de asombro y sollozos
se levantó de la mesa con un aire de enfado. ¿Cómo era posible que
alguien como él, tan normal en su trabajo, con su familia, en su
casa, hubiera llegado hasta el punto de la locura? No era posible. En
cierto modo se estaba enfadando con quien ya no podía discutir y
empezó a pensar que a lo mejor ella había tenido la culpa de su
estado, pero ¿cómo? Ella siempre estaba ahí cuando la necesitaba,
fue una buena esposa, una buena amiga, una buena... No, no era
posible aquello, no lo entendía, eso no podía ser. Tanto empezó a
obsesionarle la idea que cogió los folios de la mesa y los tiró al
suelo con fuerza creando un desorden completo en la habitación.
Sentada en el suelo y con poca luz
volvió a leer de nuevo: «El secreto de la felicidad, entendida como
una felicidad plena, ese sueño inalcanzable por todos, y al igual,
tan deseado, tiene solución y explicación, lo único que hay que
hacer es tener fe en uno mismo.
La felicidad se puede dividir en
factores. Estos serían cada una de las causas que al ser humano hace
ser feliz:
* Por un lado tenemos el «aire», que
se podría interpretar como la idea del Amor.
* En segundo lugar, encontramos la
«tierra», intrepretándose ésta por el Trabajo.
* En tercer lugar, el «agua», como
las Amistades.
* Y, por último, el «fuego», que
sería la Familia.
Lo primero que hay que tener en cuenta
es que «el orden de los factores no altera el producto», así cada
cual podría ordenarlos según su criterio de importancia».
Aída siguió leyendo las páginas
siguientes en las que hacía numerosas alusiones a todos sus
filósofos favoritos. Hasta que llegó a la conclusión: «Cuál es
el momento en el que se alcanza la felicidad plena».
«Para acabar este tratado sobre la
felicidad, me queda descubrir el secreto de cómo alcanzarla y, claro
está, que depende de los factores al principio mencionados.
Bien, empecemos por recordar el
movimiento del péndulo que en este caso es importante tener
presente, y es que éste va de un extremo a otro. La explicación a
este fenómeno es la existencia plena de todos los factores, lo que
sería la felicidad en su perfección; y la ausencia de todos los
factores, que llevaría con toda seguridad a la locura y, en última
instancia, al suicidio...»
Aída dejó el folio sobre la mesa. Por
un momento quedó muda, pálida, pensativa. «Suicidio» o «locura»,
de todos modos es compatible. Está mal redactado, sería: «locura
y/o suicidio».
«Existe una explicación racional para
todos los niveles de felicidad. Así, si contamos con la presencia de
nuestra vida de todos los factores mencionados, significaría que
hemos alcanzado la felicidad perfecta.
La falta de un factor nos puede
provocar tristeza o malestar anímico; así, como el término medio,
2 y 2, se podría traducir en un equilibrio mental y nos indica que
todavía podemos llegar a la felicidad, pero con algo más de
trabajo.
La falta de tres factores puede
provocarnos crisis nerviosas o similares. Debemos tener mucha fuerza
para poder superar esta situación tan difícil para no caer en la
última etapa.
A la falta de éstos, se aconseja
visitar a un médico especializado si aún se tienen esperanzas de
tocar la felicidad, pero si no se tiene la capacidad suficiente para
superarlo podría llegar incluso al suicidio.
En conclusión, la felicidad depende de
los factores que hay presentes y la fortaleza de las personas ante
los distintos niveles».
Acabó de leer el «apunte sobre la
felicidad» de su marido mirando asombrada cada una de las ideas
expuestas. En cierto modo se podría entender como algo lógico.
Quizás algo mejor redactado hubiera llegado a ser un auténtico
tratado filosófico, pero su marido nunca fue un lumbreras. Tenía
lógica, lo entendía; en cierto modo lo que explicaba en sus
escritos podía ser real, pero ¿qué motivos tenía él? Empezó a
darle vueltas a la cabeza pensando que, si el suicidio era lo que
quedaba cuando no se daba ninguno de los factores, ella tenía que
ver en eso. Pero no era normal, eran felices, vivían bien. ¿Por
qué? Se convencía de que ella era la culpable, de que quizá él
era infeliz y después de tanto tiempo juntos no se había dado
cuenta. No lo entendía.
Empezó a llorar de nuevo. Cogió la
pistola y temblando se la colocó en la boca. Temblaba. En su cabeza
se mezclaban los sentimientos de culpabilidad y las ganas de vivir...
No sabía qué hacer. De pronto, apretó el gatillo...
Había cerrado los ojos y todavía
caían lágrimas sobre los folios. Cuando los abrió respiraba
jadeando, quizá por el miedo. Había sido capaz de disparar con tan
buena fortuna que el arma estaba descargada. La dejó caer en el
suelo. Estaba destrozada. Pero eso no impidió que se levantara a
buscar las balas; si había sido capaz de apretar el gatillo una vez,
sería capaz de hacerlo otra. Abrió los cajones y donde había
encontrado la pistola, al fondo del cajón, había una caja donde su
marido las guardaba. Cargó el arma, pero al intentar meter la
segunda carga esta cayó sobre el último folio.
Antes de acabar con su vida, como si de
una última oportunidad se tratara, buscó el final: «Aída, no
creas que mi muerte es debida a la falta de los factores que forman
la felicidad, no; yo soy feliz. Tengo la mejor esposa del mundo, te
quiero, te quiero más de lo que he querido mi vida; a los niños
también, son parte importante de mí. Y mi trabajo es perfecto y mis
amigos... Todo, y es que he llegado a ese culmen, he tocado la
felicidad justo esta tarde, en este momento en que lo escribo y me
doy cuenta de que lo tengo todo, por tanto no quiero perderlo nunca.
Si he decidido acabar con mi vida es porque quiero conservar este
momento, esta felicidad tan real para siempre, y no me basta con unas
pocas fotos o unos folios bien escritos; necesito acabar como empecé:
con la ingenuidad de un bebé recién nacido y esa felicidad innata
que lleva dentro, así me siento...
Aída, te quiero».
miércoles, 1 de abril de 1998
No sabes lo que eso me duele
Publicado por
Arioleta
Persigues mis pasos desde que nací.
Esperas mis derrotas con impaciencia. Esperas a que caiga para
pisarme, te ríes, disfrutas y no sabes lo que eso me duele.
Nunca me preguntas lo que pienso, lo
que quiero. Te limitas a observar de lejos cómo me equivoco para
pisarme, te ríes, disfrutas y no sabes lo que eso me duele.
Mientes, nos utilizas para justificar
tu derrota. Engañas a los que te quieren, sufres de mentira... Nos
conviertes en tus víctimas, nos arrastras a tu fango, nos humillas y
te ríes, disfrutas y no sabes lo que eso me duele.
No me hablas, no me miras, no me
consideras como parte tuya, me pisas, te ríes, disfrutas y no sabes
lo que eso me duele.
Ordenas, mandas, eres dueño y señor
de todo lo que hay, hacemos, decimos... Nos pisas, te ríes,
disfrutas y no sabes lo que eso me duele.
Me duele. Me duele pensar que realmente
eres así: duro, frío, sin sentimientos... Tú, que un día debiste
querer, sentir, y ahora te transformas en ese inmenso nada que pisa,
disfruta y se ríe de nuestra pena.
No creo que nunca pueda quererte, pueda
considerarte en mi historia.
Has transformado mi vida en este
pequeño infierno que es mi corazón y que me quema, no sabes ni cómo
ni cuánto.
No creo que nunca vuelva a mirarte a
los ojos creyendo ver algo en ti, solo veo cómo pisas, disfrutas y
ríes...
No sabes lo que eso me duele...
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