miércoles, 23 de agosto de 2006

Mi destino

Silencio.

Desde hace un tiempo, sin quererlo, voy sumiéndome en el silencio. Pierdo el hilo de las voces en cuanto hay más de dos en la misma conversación, oigo sonidos raros que no provienen de ningún sitio, todos los ruidos se hacen enormes y, de pronto, me veo sola y pequeña, como perdida sin remedio a un destino incierto.

Quisiera sumirme de una vez por todas en esa negrura, no me gusta esta transición que me convierte en un bicho raro. No quiero ser esa pobrecita niña a la que mirar a los ojos y evitar recordar su pena, no quiero que me hablen más despacio ni que vocalicen mejor; detesto tener que preguntar una otra vez por las mismas palabras...

Odio mi silencio, odio mi destino.
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