martes, 31 de enero de 2017

El horóscopo del día

«Eres una zorra». Se lo ha soltado con toda la tranquilidad del mundo, como cuando da los buenos días al llegar a la oficina, siempre con una gran sonrisa. —Justo por eso le odiamos todos—. Y justo por lo que le acaba de decir a la jefa, se ha convertido automáticamente en el ídolo de todos los pringados del Departamento de Informática, entre los que me incluyo aunque solo sea la auxiliar de la ayudante de la secretaria de la zorra.
Mi teléfono ha empezado a sonar. Todos miran hacia mi cuchitril esperando mi reacción, excepto él y la zorra que siguen manteniendo el duelo de miradas. ¿Sabes ese juego en el que el primero que se ríe pierde? Pues a eso me recuerda, y mi concentración en aguantar la risa es tal que ni me he enterado de que la dichosa llamada sigue insistiendo una y otra vez haciendo crecer la tensión. Mira a Fernández, es cuestión de segundos que se ponga a sudar como un cerdo. Efectivamente, por su frente ya caen unos asquerosos gotones. Tiene la curiosa «costumbre» de integrar de nuevo en su cuerpo aquellos que llegan hasta la comisura de los labios, vamos, que saca su lengua gorda y los chupa, relamiéndose después. A este ritual le llamo «el aperitivo», más que nada por lo salado del asunto. Y si eso te parece asqueroso no daré detalles del cerco que lleva marcado en la camisa, bajo los sobacos día sí, día también.
«Eres una auténtica zorra», ha insistido de nuevo. ¡Dios, cómo odio esa sonrisa! Si es que hasta cuando insulta queda bien. Y todo hay que decirlo, vocaliza perfectamente. De hecho, tiene una voz tan dulce, casi radiofónica, que podría pasarse la jornada insultándonos a todos y nosotros tan felices.
La ayudante de la secretaria de la zorra me ha dado con el codo y me ha sacado de mi trance. Con los ojos como platos, hace un gesto con la cabeza señalando con la barbilla el teléfono que sigue sonando. He descolgado dejando el auricular al lado con disimulo. No puedo evitar imaginar a la buena mujer con esos grandes ojos perfectamente delineados con el eyeliner negro desde el lagrimal aproximadamente hasta la patilla, mirando a la gente mientras mueve la cabeza una y otra vez, como si fuera un tic. Ahora sí que me está costando no reírme de ella, de Fernández, del sonriente y de la zorra. Con esta presión no se puede venir a trabajar, y avisada estaba. Mientras venía, he consultado la predicción zodiacal para capricornios en El País: dos puntos en el amor y dos en la salud, solo uno en el dinero, imagino que es este último el que mejor se ajusta a la situación actual. Como titular rezaba, «Emanarás buenas vibraciones». Igual si empiezo a descojonarme ahora mismo, emano buen rollito, consigo que todo el mundo sea feliz y me gano un peldañito al cielo, aunque lo más probable es que la zorra me despida.

jueves, 12 de enero de 2017

Oídos sordos, sordos

No será que no le avisé. Le avisé.
Pero no hizo ningún caso. Caso.
Al final se perdió en la obscuridad de la noche. De la noche.
Andando de puntillas por los tejados. Los tejados.
Y todo porque prefirió al gato. ¡Al gato!
Que le engañó con su dulce ronroneo. Ronroneo.

No será que no le avisé. ¡Le avisé!
Hasta su mamá lo hizo. Lo hizo.
«No te dejes llevar por seres nocturnos». Nocturnos.
Hasta le prohibió dormir con la ventana abierta. Abierta.
Incluso en verano. En verano.

No será que no le avisé. ¡Le avisé!
«Estate al loro». ¡Al loro!

viernes, 4 de marzo de 2016

Entre bambalinas

El mago metió la mano en el sombrero, pero no halló lo que buscaba. Como el público se empezaba a impacientar, insistió una vez más. Agarró con firmeza lo primero que encontró sin percatarse de que era su propio pie derecho y tiró con todas sus fuerzas. Entonces, el mago empezó a entrar y salir de la chistera sin parar. La gente aplaudía con entusiasmo al ver tal espectáculo; mientras, el conejo observaba riendo a carcajadas entre bambalinas.

sábado, 30 de enero de 2016

El concierto

Lo supe desde el mismo instante en que me senté: el reloj se detuvo y me vi envuelto en una extraña combinación espacio-temporal, en una perversa alineación de planetas que hizo sonar el teléfono, el timbre y la alarma del microondas, todo al mismo tiempo. Siempre igual. Pero esta vez no, esta vez no me dejaría vencer. Esta vez lo comprendí. Respiré hondo, pasé lentamente las páginas de la revista y cuando tiré de la cadena, el sonido de la cisterna se unió al concierto de timbres y alarmas. Definitivamente, hay cosas en la vida que no se pueden prever.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Autobiografía

Le encantaba leer biografías, decía que así conocía mejor a las personas. Entre sus amigos contaba a Federico García Lorca y Manuel Machado. «Para escribir como ellos, tengo que saberlo todo», solía decir. Después de repasar todas las vidas archivadas en la biblioteca municipal, decidió redactar la suya. Optó por el camino fácil, buscó un libro de magia y, cuando ya no quedaba nadie en la sala de lectura, preparó el conjuro. A la mañana siguiente, el bibliotecario encontró sobre una mesa el manual «Abracadabra, hechizos, conjuros y encantamientos» y la biografía de Fermín Ponce de León aún sin catalogar.

Prueba Nº 400

25 de enero de 2015
Iglesia de las Trinitarias, Madrid

Siendo las 09:10 a. m., dentro del Proyecto Cervantes, se procede a abrir el nicho número uno situado en la cripta de la iglesia. Se descubren restos óseos humanos junto a tablas que parecen ser de un sarcófago presentando las iniciales «M.C.» escrito con tachuelas en el frontal. Al proceder a retirar las tablas, se encuentra, entre otros, una carta fechada en el año 1605 remitida por Sancho Panza a su señora, Teresa Panza. El posterior estudio científico de la tinta data la misma a comienzos del sigo xvii. La transcripción literal es la que sigue:

jueves, 22 de octubre de 2015

Caso cerrado

La encontraron maniatada al cabecero de la cama, boca abajo, completamente desnuda. De su tobillo izquierdo colgaban las bragas con el encaje desgarrado.
Sobre su cuerpo, dibujadas con su propia sangre, cientos de manos continuaban violentas el trabajo de su asesino. Algunas sujetaban sus tobillos y muñecas luchando contra su resistencia, otras apretaban su cuello ahogándola aún muerta, puños cerrados golpeaban su espalda sin piedad y dedos pervertidos estrujaban su culo hasta penetrarlo. Solo una mano piadosa tapaba sus ojos.
Lo que más tarde descubrieron en el laboratorio científico desconcertó a los investigadores del crimen: cientos de huellas sin identificar.

miércoles, 24 de junio de 2015

Justicia cósmica

Te juro que yo no maté al loro. No negaré que he deseado hacerlo desde que pronunció sus primeras palabras, pero como estabas tan encaprichada con el dichoso pájaro, no podía más que mirar y sonreír a modo de aprobación. Ahora, que disfruté como un enano viendo cómo el gato le partía el cuello en un solo movimiento, lo desplumaba, lo vaciaba con una cuchara sopera y lo rellenaba de un estupendo sofrito a base de cebolla, ajo, tomate y pimentón de varios colores… Que la espera durante la cocción fue agónica y lloré su muerte durante ese rato con una buena cerveza… Que pasado el tiempo indicado en la receta, clavé el tenedor para acabar definitivamente con su sufrimiento y de paso cerciorarme de que estaba en su punto… Que me lo comí con todo el dolor de mi alma y una buena hogaza de pan de pueblo… No, todo eso no puedo negarlo; así fue como el gato acabó con tu loro.

Sobrevivir al amor

La esposa y madre amantísima dedicaba cada minuto del día a su familia, a su hogar y a sus labores. Sacaba tiempo para todo, desde los guisos más exquisitos ya fuera para cinco o para cincuenta, hasta la perfección en cada encaje que más tarde adornaría hasta más ínfimo rincón de su casa. Por la noche, después de bañar a los pequeños, masajear cuidadosamente sus cuerpecitos y ponerles el pijama, les daba la cena, siempre una obra de arte, con las verduras estratégicamente disimuladas tras caritas sonrientes. Los niños estaban bien alimentados, «El cariño», decía, «es el mejor de los aliños». Cuando terminaba de acostar a su prole, se dedicaba por completo a su marido. Su cena, arquitectura efímera de caldos variados y segundos construidos meticulosamente, eran siempre del agrado del buen hombre. Le sonreía mientras comía, con cada bocado un cumplido, algo que detestaba. «No hay cosa más asquerosa que un hombre hablando con la boca llena», se quejaba siempre en secreto, pero agradecería los cumplidos mientras ella se alimentaba a base de verduras cocidas, eso sí, bien escogidas, cada noche de un color para no caer en la rutina. Después del postre, su marido consumía la noche en el salón, no importaba lo que echaran en la televisión, ni siquiera si le gustaba, lo importante era perder su atención entre los decibelios, siempre altos de más según su mujer. Mientras, ella se dedicaba a terminar de limpiar los cacharros y recoger la cocina, a fregar los suelos, a planchar… A lo que hiciera falta, y siempre sacaba tiempo para coger los bolillos.