lunes, 24 de septiembre de 2018

Con letra bien pequeña...

―Toma, es para ti.
Cogí el cuaderno con ambas manos. No tenía nada de especial, solo era un cuaderno de hojas inmaculadas, sin rayas, cuadros ni marca de agua. Nada.
―¿Para qué lo quiero?
―Morirás dentro de poco. Despídete de todos y cada uno de tus seres queridos.
Desperté sobresaltada por el susto. Todo había sido una pesadilla. 
Al día siguiente escogí al azar de entre todas las novelas de mi librería 1984. Quien la haya leído entenderá porqué a día de hoy escribo una carta diaria, sin prisa, con letra bien pequeña, pensando cuidadosamente cada una de mis palabras.

martes, 17 de abril de 2018

El miedo exige

El miedo exige silencio. Las voces en mi cabeza susurran, sospecho que sospechan que se aproxima el cambio.

El miedo exige oscuridad. Cerrar los ojos, sentada en el suelo. El frío consuela y aturde los alborotados sentimientos.

El miedo exige prudencia. Las palabras esperan expectantes a ser las elegidas lidiando batallas con el silencio.

El miedo fluye, se expande, me abraza. Solo queda esperar la respuesta antes de que sea tarde, antes de que me engulla y me convierta en miedo y me exija demasiado a mí misma.

martes, 31 de enero de 2017

El horóscopo del día

«Eres una zorra». Se lo ha soltado con toda la tranquilidad del mundo, como cuando da los buenos días al llegar a la oficina, siempre con una gran sonrisa. —Justo por eso le odiamos todos—. Y justo por lo que le acaba de decir a la jefa, se ha convertido automáticamente en el ídolo de todos los pringados del Departamento de Informática, entre los que me incluyo aunque solo sea la auxiliar de la ayudante de la secretaria de la zorra.
Mi teléfono ha empezado a sonar. Todos miran hacia mi cuchitril esperando mi reacción, excepto él y la zorra que siguen manteniendo el duelo de miradas. ¿Sabes ese juego en el que el primero que se ríe pierde? Pues a eso me recuerda, y mi concentración en aguantar la risa es tal que ni me he enterado de que la dichosa llamada sigue insistiendo una y otra vez haciendo crecer la tensión. Mira a Fernández, es cuestión de segundos que se ponga a sudar como un cerdo. Efectivamente, por su frente ya caen unos asquerosos gotones. Tiene la curiosa «costumbre» de integrar de nuevo en su cuerpo aquellos que llegan hasta la comisura de los labios, vamos, que saca su lengua gorda y los chupa, relamiéndose después. A este ritual le llamo «el aperitivo», más que nada por lo salado del asunto. Y si eso te parece asqueroso no daré detalles del cerco que lleva marcado en la camisa, bajo los sobacos día sí, día también.
«Eres una auténtica zorra», ha insistido de nuevo. ¡Dios, cómo odio esa sonrisa! Si es que hasta cuando insulta queda bien. Y todo hay que decirlo, vocaliza perfectamente. De hecho, tiene una voz tan dulce, casi radiofónica, que podría pasarse la jornada insultándonos a todos y nosotros tan felices.
La ayudante de la secretaria de la zorra me ha dado con el codo y me ha sacado de mi trance. Con los ojos como platos, hace un gesto con la cabeza señalando con la barbilla el teléfono que sigue sonando. He descolgado dejando el auricular al lado con disimulo. No puedo evitar imaginar a la buena mujer con esos grandes ojos perfectamente delineados con el eyeliner negro desde el lagrimal aproximadamente hasta la patilla, mirando a la gente mientras mueve la cabeza una y otra vez, como si fuera un tic. Ahora sí que me está costando no reírme de ella, de Fernández, del sonriente y de la zorra. Con esta presión no se puede venir a trabajar, y avisada estaba. Mientras venía, he consultado la predicción zodiacal para capricornios en El País: dos puntos en el amor y dos en la salud, solo uno en el dinero, imagino que es este último el que mejor se ajusta a la situación actual. Como titular rezaba, «Emanarás buenas vibraciones». Igual si empiezo a descojonarme ahora mismo, emano buen rollito, consigo que todo el mundo sea feliz y me gano un peldañito al cielo, aunque lo más probable es que la zorra me despida.

jueves, 12 de enero de 2017

Oídos sordos, sordos

No será que no le avisé. Le avisé.
Pero no hizo ningún caso. Caso.
Al final se perdió en la obscuridad de la noche. De la noche.
Andando de puntillas por los tejados. Los tejados.
Y todo porque prefirió al gato. ¡Al gato!
Que le engañó con su dulce ronroneo. Ronroneo.

No será que no le avisé. ¡Le avisé!
Hasta su mamá lo hizo. Lo hizo.
«No te dejes llevar por seres nocturnos». Nocturnos.
Hasta le prohibió dormir con la ventana abierta. Abierta.
Incluso en verano. En verano.

No será que no le avisé. ¡Le avisé!
«Estate al loro». ¡Al loro!

viernes, 4 de marzo de 2016

Entre bambalinas

El mago metió la mano en el sombrero, pero no halló lo que buscaba. Como el público se empezaba a impacientar, insistió una vez más. Agarró con firmeza lo primero que encontró sin percatarse de que era su propio pie derecho y tiró con todas sus fuerzas. Entonces, el mago empezó a entrar y salir de la chistera sin parar. La gente aplaudía con entusiasmo al ver tal espectáculo; mientras, el conejo observaba riendo a carcajadas entre bambalinas.

sábado, 30 de enero de 2016

El concierto

Lo supe desde el mismo instante en que me senté: el reloj se detuvo y me vi envuelto en una extraña combinación espacio-temporal, en una perversa alineación de planetas que hizo sonar el teléfono, el timbre y la alarma del microondas, todo al mismo tiempo. Siempre igual. Pero esta vez no, esta vez no me dejaría vencer. Esta vez lo comprendí. Respiré hondo, pasé lentamente las páginas de la revista y cuando tiré de la cadena, el sonido de la cisterna se unió al concierto de timbres y alarmas. Definitivamente, hay cosas en la vida que no se pueden prever.