jueves, 27 de noviembre de 2008

Crueldad intolerable

No puedo retener la idea, este sentimiento, por más tiempo en mi cabeza, en mi corazón, porque golpea fuerte y duele, porque es de esas cosas que cuando las callas con el tiempo acaban haciendo mella y no quiero que me dure tanto.
Y es que es de una crueldad intolerable, es la contradicción en el pleno sentido de la palabra, es la verdad y la mentira pintadas del mismo color, es la hipocresía con nombre propio. Porque qué es todo eso sino...
... Un amántisimo padre y valorado ciudadano que cuando llega a casa maltrata a los suyos.
... Un colega que enarbola la bandera de la igualdad, que presume de tener un amigo extrajero y después se cruza de acera cuando ve un gitano.
... Ese que cuenta entre sus grandes amigos con alguno homosexual y luego utiliza expresiones como esos putos maricones.
A donde piensa una persona así que puede llegar, ¿al cielo? Agradezco no ser creyente porque esta condición mía me permite ver a la gente con los mismos ojos, con la misma mirada, sin juzgar por las leyes de Dios, solo por las de la realidad que me dicen que si dañas a algún ser vivo (persona, animal o planta) no eres persona ni eres nada.
Si dañas a los tuyos, no te mereces su amor.
Si dañas a tu prójimo, no te mereces su respeto.
Si dañas a tus amigos, no te mereces ninguna de las dos.
Pero, dime, cuando dañas a un ser indefenso que solo depende de ti para sobrevivir, ¿en cuál de todos te conviertes, en el maltratador, en el racista o el intolerante?
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