lunes, 9 de noviembre de 2009

El color de la tristeza

Hoy salí a entregar a otras manos un pequeño futuro
que bajo mi techo sería muerte segura.
Guardé mi tesoro en el más cómodo asiento
y pegado a mi cuerpo me acompañó durante el camino
con miradas tiernas, las más dulces que recuerdo,
quizá tristes sabiendo de su destino incierto...
Durante todo el trayecto hacia sus nuevos vecinos
observé que la gente me miraba raro,
fijaban su mirada en mi pecho,
algunos con horror preferían evitarme
y otros simplemente lloraban,
y es que llevaba en el corazón sangrando
una llaga que no cura, una separación injusta,
un adiós no deseado, y por cada despedida que debo
sangra más mi memoria, el dolor que no cesa,
hasta las lágrimas son sangre cuando la herida no cierra.
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