domingo, 30 de marzo de 2008

Diario de mi suicidio 3. El momento.

Hoy, hoy podía haber sido el día en que acabara con mi vida. Todo habría sucedido tan rápido, sin pensamientos de por medio y, lo mejor de todo, es que yo no habría tenido nada que ver.
Es extraño.... Ahora, frente a mi ordenador, mientras el aire frío entra por la ventana con la suficiente fuerza para desordenarme el flequillo, me aparto el pelo y vuelvo al teclado para plasmar en palabras el NO fin de mi vida.
Eran las nueve y cuarto de la mañana y salía de la estación corriendo, como alma que lleva el diablo. Las calles estaban vacías y he aprovechado para caminar por donde mis pasos decidían pisar, no había nadie que dijera nada, ni bueno ni malo. Por un momento, me he visto como en un sueño, en mi propio mundo inventado de soledad y silencio. Corría como una exhalación deseando descubrir que cada metro a recorrer hasta mi casa era sólo mío, que ningún alma más vaga en este mundo gris.
Y en esa abstracción absurda de mis pensamientos no he sido capaz de verlo venir, ¿o quizá sí? Pasaba por el primer paso de cebra que hay nada más cruzar la ronda, he mirado a ambos lados de la calle, juraría que lo he hecho... Y en mitad de ese espacio, un coche ha aparecido de la nada frenando justo delante de mí. Me he quedado quieta, inmóvil, no he reaccionado, tampoco sé si quería hacerlo. El conductor ha sacado la cabeza por la ventanilla y se ha puesto a decirme de todo.
¡No estoy sola! No, no lo estoy. Pero odio esta compañía, prefería mi sueño a esta realidad que castiga a los ciegos de corazón, que me castiga aún en el caso de que el coche hubiera acabado con mi vida.
He seguido caminando, y no he parado de llorar hasta que he llegado a casa. Y es que no tengo tan claro que deseara morir en ese instante, ni si quiera en este, no sé cuándo pero ha de llegar el momento.
Publicar un comentario