lunes, 29 de agosto de 2011

Las dudas de la labor


Con los hilos invisibles que nos unen a lo que consideramos más nuestro, amarré a mis niñas a mi cuerpo. Las felinas permanecieron a mis pies y las pequeñas quedaron dormidas sobre mi regazo.
Con la tranquilidad que da el sueño, cogí entre manos la labor de mi vida, una larga red tejida con agujas de coser a la que fui soltando los puntos uno a uno como quien deshace un jersey.
Del ovillo que aún está por ser, cogí el extremo que pensaba perdido y lo até fuertemente al último nudo de mi torpe costura.
Con movimientos lentos, pausados, fui tirando de la hebra dejando al descubierto los nudos que ahogaron lo nuestro, las malas artes que necesitamos para ocultar los zurcidos y calados que fueron minando el camino.
No ajustaba bien el cuello ni los hombros ni el largo de los brazos, no tomamos bien la medida ni supimos compartir la responsabilidad de una tarea bien hecha.
Al final, cuando solo quedó un montón de lana revuelta asemejándose al estado de mis ideas y del contenido de mi corazón, decidí reiniciar de nuevo la labor.
Retomé las agujas y surgió la duda: ¿Debería utilizar el mismo material a sabiendas de que encontraré nódulos que entorpecerán mi recorrido? ¿O debería empezar una nueva trama desde donde lo dejé?
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