jueves, 11 de agosto de 2011

Llegará la esperanza

De cuando en cuando la tristeza llamaba a su puerta. Ella, que ya la conocía, abría sin reparos y la invitaba a pasar. Compartieron mesa y cama, hablaron de cosas nimias, rieron y lloraron ―pues la tristeza tiene esas cosas― alimentando su amistad. Y pasados algunos días, con sus noches y pesares, llegó el momento de la despedida.
―¿No puedes quedarte un poco más? Me siento tan sola.
―Si permaneciera más tiempo a tu lado, morirías de pena. ―Aseveró el desconsuelo.
―Moriré de todas formas.
―Entonces, mantén la esperanza. Pronto llamará a tu puerta.
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