jueves, 8 de diciembre de 2011

Reflexiones de última hora

«Solo necesito tiempo...» Le he dicho a mi tocaya totalmente convencida. Ojalá hubiera sido capaz de confesar que mi lista de necesidades es interminable, pero no puedo. Me resisto a negociar la felicidad conmigo misma, pero lo sigo haciendo. En este trance de indeterminada paciencia llevo más de tres meses, y aunque me he recuperado en algunos aspectos, sigo atrapada en muchos otros.
A pesar de la seguridad que ahora me domina, sigo arrepintiéndome en pequeñas dosis de palabras no dichas, de actos contenidos y deseos impronunciables. ¿Se puede continuar una vida anclada a esos defectos? Segura estoy de que el camino no es fácil, que todavía tengo mucho por descubrir.
Un buen amigo me decía el otro día lo que me queda por aguantar... Ni imaginarlo quiero, pero me siento preparada para hacerle frente a todo lo que venga porque de todo lo que compartimos el otro día en la comida, dijo algo más que me llegó al alma. Me describió en una palabra: «fiel». Fiel a mí misma, a mi gente, a mis ideas y valores, incluso a mis contradicciones. Casi me avergoncé, pero se lo agradezco.
Ahora, rozando la una de la madrugada y después de un día agotador, entre risas y caminata, no puedo evitar repasar en global mi vida. Y a pesar de los cambios a mejor, creo que sigo retenida por mis miedos. Con mis niñas dormidas, todas en el sofá-cama, la mochila en la cocina y el paquete de tabaco vacío, creo que mejor me voy a dormir, no quiero pensar más, ni en lo ínfimo ni en lo eterno. Me entregaré a los brazos de Morfeo que, de momento, es el único varón con el que comparto mi cama.
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