domingo, 9 de febrero de 2014

En el cuerpo, en la memoria

Llevo tres días sintiendo una extraña sensación. Al principio era tan leve que apenas le di importancia, pero en cuestión de horas empezó a complicarse. Las molestias se hacían más vívidas y concentradas durante los sueños. Cuando empezó, traté de controlar sus efectos. Era un dolor agudo, con horribles punzadas que atravesaban solo mi parte derecha mientras la izquierda permanecía dormida. Podía notar cómo hacían reacción las drogas que no había tomado. En las peores pesadillas, miraba a uno y a otro lado y veía agujas clavadas en ambos brazos. Fiebre, escalofríos, la tensión descontrolada. Más drogas. Oía mi nombre a lo lejos y en esos momentos de mi propia ausencia, ya no sentía ni las bofetadas. Sabía que el perdón era necesario porque no me agredían sin razón; de mi consciencia dependían mi vida y la de él.
Sí, ahora recuerdo… Ahora sé el porqué de esta sensación. Miro el reloj. Aún me quedan algunas horas de lucha. De pronto, el miedo se ha disipado;sé cómo acaba la historia y no puedo dejar de sonreír.  Lo único que no ha cambiado en estos casi 365 días es la asunción del peligro. Yo sigo aquí, él está con nosotros. Esta historia tiene un final feliz.


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