jueves, 20 de marzo de 2014

Como cada día

Llegó, como casi siempre, después de trabajar, de tomarse unas cañas en el bar, de comer sus aperitivos y los de sus amigos, de tomar unas copas, de follarse a alguna puta, de, quizá, vomitar en el rellano, de maldecir por no encontrar el interruptor de la luz a la primera, de farfullar en la cocina, de entrar como un torbellino hasta llegar a nuestro dormitorio, de insultarme y golpearme por encontrar la cena fría…
Llegó sí, y después se arrojó por la ventana. Llegó para nunca más volver.
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