jueves, 19 de noviembre de 2015

Prueba Nº 400

25 de enero de 2015
Iglesia de las Trinitarias, Madrid

Siendo las 09:10 a. m., dentro del Proyecto Cervantes, se procede a abrir el nicho número uno situado en la cripta de la iglesia. Se descubren restos óseos humanos junto a tablas que parecen ser de un sarcófago presentando las iniciales «M.C.» escrito con tachuelas en el frontal. Al proceder a retirar las tablas, se encuentra, entre otros, una carta fechada en el año 1605 remitida por Sancho Panza a su señora, Teresa Panza. El posterior estudio científico de la tinta data la misma a comienzos del sigo xvii. La transcripción literal es la que sigue:


«A mi señora Teresa:
Mujer mía, ¿recibisteis mi paquete? Seguramente daríais buena cuenta del ave y el tocino. Os imagino rompiendo los huevos de nuestras gallinas y sazonando la carne que os envié con jengibre, cilantro, pimienta y sal… Casi puedo oler esas albondiguillas, tanto que se me hace la boca agua; ya sabeis que soy más limpio que goloso y si estuviera en casa daría buena cuenta de tu plato sin dejar ni las migas ¡Cuánto echo de menos la cocina y tu buen hacer! Desde que salimos solo nos hemos alimentado solo de gachas. Ayer mismo busqué algo más que echarme al buche y comí unos frutillos que más tarde me trajeron una gran vomitera, como cuando bebimos el bálsamo de Fierabrás. Llevo desde entonces encomendándome al Padre eterno, Hijo y Espíritu Santo, ya será un milagro si acabo aquesta carta.
Espero que encontrarais las monedas de vellón que escondí en la hogaza de pan, estaba más dura que mi mollera, pero no se me ocurrió sitio mejor. Quién sabe si el zagal al que le pagué con un chorizo que guardaba no se dio un buen festín a vuestra costa, pero no es este el asunto por el que os escribo.
¿Cómo está Sanchico, empezó a ir a la escuela? ¿Y Mari Sancha, sigue con ganas de casamiento? Espero que hayáis reconsiderado lo que os dije pues desposarla bien podría suponer nuestra salvación hasta que me haga con un gobierno; como os dije, prefiero que la llamen “señora” a que se arroje al abarraganamiento. Mirad que Lope, el mozuelo de Juan Tocho, anda detrás de nuestra manceba. Pero tampoco es este el motivo por el que os escribo.
Teresa, me hallo desconcertado. Llevo un tiempo oyendo rumores de las aventuras de un loco al que identifican como a mi señor Don Quijote.
¿Recordáis que cuando volvimos de nuestra primera salida, mi señor estuvo varios días con sus noches escribiendo sin parar? En aquellas hojas, a la luz de una simple vela, relataba con todo lujo de detalle las aventuras vividas en tierras de La Mancha como si fuera Tirante el Blanco o el Amadís de Gaula. Sus delirios de grandeza que, a primera vista, no eran más que el relato de su obra de caballerías, han dado lugar a que el personaje de ficción cobre vida sin saber cómo.
Cuando terminó, me las entregó y me encargó que se las hiciera llegar a un editor de la Villa de Madrid. De camino, paré a hacer noche en una posada donde coincidí con un tal Miguel de Cervantes, vecino de nuestra villa, que se ofreció a hacer llegar tal recado a cambio de un par de monedas. Quedamos en encontrarnos de nuevo cumplido un mes y medio para hacerle entrega del resto de la obra de mi señor.
Y así fue. Nos reencontramos en el mismo sitio, a la misma mesa y con las mismas jarrillas. Aquella noche, entre vino y vino, aquel buen señor se interesó por la obra de Don Quijote. Le hablé de nuestras aventuras y desventuras, sobre sus costumbres y manías, de su familia y vecinos ¡Hasta de vos y nuestros hijos quería saber! Y supo, claro, a buen vino no hay mal bebedor. Su curiosidad fue tal que tuve que posponer mi viaje de vuelta un día para que se me pasara la resaca de tanto tinto como bebimos.
A fecha de hoy, mi señor ni ha recibido aún noticia alguna del editor y ni de la edición de su novela. Sospecho que alguien leyó la novela y se la quedó usurpando la autoría. ¡Y no solo eso, mi Teresa! Además convirtió a Don Quijote en el protagonista ¡Es absurdo y, a la vez, genial! Cualquiera que se encuentre con él le confundirá con el otro Don Quijote, el personaje de ficción que él mismo creó y ahora está secuestrado en manos de algún infame.
Si vos, mi señora, tuvierais a bien desenfadaros conmigo por seguir una vez más a mi señor en esta nueva locura, os agradecería que hablarais con el licenciado Pedro Pérez que seguro conocerá a la familia de don Miguel de Cervantes, y le hagáis llegar esta carta para que sepa de mi preocupación. A ver si entre todos, solucionamos este entuerto.
El hombre que más os ama, a vos y vuestra mano en la cocina.
Con afecto, tu esposo,
Sancho Panza

P.D. Espero sinceramente que esta carta llegue a vuestras manos, que ni el pastorcillo ni el estafador se hagan con ella porque, si es así, no sé si volveremos a vernos».
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