viernes, 18 de noviembre de 2011

La casa de las sombras

Ara Malikian & Fernando Egozcue - No te pido nada más
(Pincha el enlace de la canción, ábrelo en una ventana aparte y disfruta de la música mientras lees...)

Aún recuerda la primera mañana que despertó junta a ella. La tela solo le cubría hasta la cadera dejando al descubierto unas curvas perfectas y su espalda desnuda definida por sus largos cabellos. Permaneció allí un rato observándola, acariciando su piel con cuidado de no despertarla. Cuando el sueño llegó a su fin, ella se sentó sobre la cama contoneando su cuerpo y estirando los brazos para desperezarse. La luz que entraba por la ventana dibujó sobre la pared su sombra.
Aún recuerda la mañana siguiente, junto a ella. Haciendo el amor sin prisa, compartiendo el placer como solo la experiencia enseña; al final, las sábanas revueltas volvieron a dibujar su figura. Todo lo que le rodeaba parecía amarla. Él no quería que se escapara ningún detalle, siempre pensó que el amor, aunque fuera tardío, debía conservarlo en todos sus matices.
A partir de entonces llevó siempre encima un rotulador negro con el que fue dibujando los contornos que el cuerpo de su mujer indicaba. No importaba la superficie: pintura, madera o cristal. La dibujó en las paredes, las puertas y los armarios, en la mampara de la ducha... Cualquier postura era buena: sentada, bailando o simplemente dormida aparecía en todos los rincones de su casa. Para completar su juego, ella rellenaba sus siluetas con flores de colores. Y así, los dos, entre risas e ilusiones, fueron descolgando cada día un cuadro hasta llenar su vida de alegres viñetas. Pero el destino es caprichoso y cuando más se amaban, vino la muerte a llevársela de su lado.
Aún recuerda la primer mañana... La primera sin ella. Abrió los ojos y miró hacia su lado de la cama, repasó despacio el vacío de su ausencia. Su dulce olor todavía sobre la almohada, la bata colgada en la percha y sus pendientes sobre la cómoda. Miró hacia la pared del fondo y recordó su primera sombra. Lloró... Quiso morirse en aquel preciso instante y se volvió intentando borrar el recuerdo. Pasaron los días sin saber qué hacer. Como un fantasma recorría los pasillos, las habitaciones, repasando cada trazo. Se sentaba a su lado en el salón mientras ella tejía una manta que nunca acabará, descansaba sobre las puertas tomando sus manos para volver a bailar el vals de su boda y por las noches amaba su espacio intentando recuperar antiguos aromas.
Una mañana sin saber cómo el rotulador apareció sobre su mesita y un tímido rayo de luz atravesó la habitación indicándole el punto exacto donde debía empezar a perfilar. Se levantó y con la mano temblorosa volvió a pintarla. Era tan fácil repasar cada curvatura de su cuerpo, lo conocía al detalle, y en una caricia la tuvo de nuevo frente a él. La hubiera abrazado si pudiera, pero solo pudo apoyarse sobre la pared para besar unos labios que ya no estaban. Durante varios días se dedicó a tapar las rosas y margaritas rellenando cada contorno de un negro intenso, pues ahora solo quedan las sombras de lo que fueron.
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