viernes, 13 de enero de 2012

El puente de San Carlos

― Coautor: Jorge Colado ―

La mañana amaneció más fría de lo habitual, tanto como su tristeza. Sintió la necesidad de escapar, de salir volando para no volver jamás... Caminó durante largo rato sin saber dónde se despediría de ella. Cuando llegó al puente de San Carlos aún era temprano. De frente, un grupo de escolares perfectamente ordenados a pares,  recorrían el empedrado entre juegos y canciones, pero ni sus risas conseguían llenar el gran vacío que ahora adolecía su corazón.
Todavía recuerda la última vez que hizo aquel recorrido con ella en un viaje de manos entrelazadas y miradas cómplices, cuando aún los sentimientos caminaban a la par y el futuro parecía escrito en perfecta armonía. No sabía porqué, no entendía la razón del deshielo, de aquella partida que le dejó sin alma.
A la altura de la estatua de San Juan Nemopuceno, se detuvo y tocó suavemente las estrellas de la placa como tantas veces había hecho con ella, y deseó... Deseó volver a tenerla entre sus brazos. De su bolsillo derecho sacó su última carta; se juró que jamás volvería a leerla. Lentamente fue rompiéndola en pequeños trozos y los arrojó al río mientras susurraba «te quiero».

Charles Bridge
Fotografía cedida por jorcolma - El puente de San Carlos
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