miércoles, 11 de enero de 2012

Vera y su gato Caramelo

(Cuento infantil escrito para la asignatura Matemáticas y su didáctica (Magisterio, Educación Infantil). Introducción de las Regletas de Cuisenaire. 2002)


Vera y su gato Caramelo

Érase una vez una niña llamada Vera.

Vera era una niña muy simpática; tenía una mirada dulce y la cara toda llena de pecas que, con sus trenzas pelirrojas, le hacían parecer una niña un tanto traviesa. Pero no, Vera era una niña muy buena.

A Vera le encantaban los animales. En su casa tenía de todo: periquitos, conejos, patos, un perro y un gato, Caramelo.

Un día Caramelo, persiguiendo una mariposa, empezó a trepar y a trepar a lo largo del árbol más alto que había en el jardín de Vera; y cual fue su sorpresa que cuando quiso darse cuenta estaba arriba del todo.

Caramelo empezó a llorar: Miiiiiiiaaaaauuuu, miiiiiiiaaaaauuuu...

Cuando Vera vio a Caramelo ahí arriba le pidió que bajara, pero Caramelo estaba muy asustado y no se movía del sitio. Vera, asustada, fue a llamar a su mamá.

Alicia, que así se llamaba la mamá de Vera, llamó a los bomberos para que vinieran a bajar a Caramelo de lo alto del árbol y, al rato, se presentaron un grupo de bomberos en su camión rojo.

Alicia y Vera les contaron que Caramelo se había subido al árbol y ahora le daba miedo bajar.

―Tranquilas, bajaremos al gato en un periqute.

Pero cuando el jefe de bomberos fue a buscar la escalera se dieron cuenta de que la habían dejado olvidada en el parque de bomberos. «¿Qué haremos ahora?», preguntó Vera.

Mientras tanto, Caramelo no dejaba de llorar: Miiiiiiiaaaaauuuu, miiiiiiiaaaaauuuu...

A Vera se le ocurrió entonces que podían utilizar las cajas que su papá guardaba en el garaje. Así, primero una y luego otra y otra y otra... Hasta 10 diez cajas fueron colocando hasta que al fin un bombero subió a la última caja, que era la más alta, y pudo rescatar al gato.

Cuando el bombero bajó con Caramelo todos se pusieron muy muy contentos y Vera y su mamá decidieron dejar ahí las cajas por si a Caramelo se le volvía a ocurrir perseguir una mariposa.


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