viernes, 6 de enero de 2012

En el buen camino

Java ha escogido una nueva cama, ahora descansa sobre la funda del portátil. Gris, como siempre, se ha hecho fuerte en el centro de la manta y duerme tranquila en ovillo. Las pequeñas, Laura y Jinja, se han metido bajo la funda del sofá, inseparables dormitan junto a la almohada. Es una paz perfecta la que cierra este día de Reyes.
En el silencio de noches similares, de todas las anteriores desde que mi vida cambió, he escrito mucho y pensado aún más. En estos cuatro meses de soledad he vivido más que en los diez años anteriores: he querido con mucha intensidad, he odiado ―incluso a mí misma―, he llorado pérdidas y sentido miedo a sufrirlas, pero, sobre todo, he reído. Me quedo con lo último porque es lo que me está haciendo fuerte, segura, capaz... La vida, mi vida en estos ciento veintitantos días me ha enseñado más de lo jamás habría pensado.

Son las 02:10 de la madrugada del 6 de enero y por primera vez en mucho tiempo he planificado mi agenda para más de un mes. Me sorprende saber lo que quiero hacer mañana, volver a ser capaz de organizar mis horarios, tener claro lo que espero: madrugar, fregar las tazas de esta semana, planchar la ropa (ya sabéis, «Mi estresante vida como ama de casa»), y en cualquier momento encontrarme contigo. Porque las horas se hacen pocas y el día muy largo cuando apenas hablamos. Debo añadir a la lista algún abrazo, los entendidos en el tema recomiendan una media de 12 diarios para una perfecta supervivencia emocional; la mía va un poco torcida, de momento.

Aún queda un largo trecho para reiniciar de nuevo, pero sé que estoy en el buen camino. Sigo teniendo cerca a mi gente: a mi familia (a la que adoro) y a mis amigos, los pocos pero grandes que me han quedado tras el cambio. Y sí, lo reconozco, retomar la ilusión por alguien facilita el proceso. Quisiera decir que no lo tengo claro pues hasta hace nada me había acomodado a la soledad con la absurda idea de que podía controlar mis sentimientos. Insisto, quisiera decir que no lo tengo claro pues mi cabeza reclama paciencia, pero está claro que no lo hace con el suficiente ímpetu pues no, no tengo dudas. Ahora tengo muy claro lo que quiero, mañana quiero encontrarte, volver a sonreír contigo, darte de nuevo la oportunidad de evitar tu inminente derrota al parchís... Pero, hablando de sueños te diré que espero con ansiedad ese día y no tanto por el juego, sino por saberte conmigo.

No diré más, que me pierden las manos.

Me voy a la cama feliz. Los Reyes Magos me han dejado sus tres regalos: gel de baño de Hello Kitty (que mañana pienso estrenar justo antes de los largos), un libro de iniciación al patchwork y unas gafas de sol, las primeras sin graduar ahora que me he pasado a las lentillas. No, no había pedido ninguna de estas cosas, pero ¿acaso importa? Mis deseos son sencillos: amor, salud y trabajo, en ese orden. Dado que nada es tangible tengo la esperanza de que esta noche se vuelvan a pasar por casa, pero esta vez los de verdad, y mañana amanezca con cualquiera de esos tres presentes. El año es muy largo y espero dará tiempo a todo.
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