Debía volver antes de que sonora el despertador. Corrió hasta hallar la orilla del mar tranquilo y lanzó la caña una y otra vez, pero no encontró a Juanito.
Apremiado por el tiempo, abandonó su búsqueda y decidió volver a casa. Descendió por la llanura, cabizbajo,
gris como las piedras, con un único pensamiento... «Mamá debe haberse
equivocado, mi pez no descansa aquí».
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